10/06/2018 - 09:59

Una Europa cansada

Alfredo Hernández Sacristán

Una Europa cansada

El Papa Francisco propone ideales a esta Europa, más que cansada, aletargada. En Estrasburgo, en el pasado noviembre, el Papa pronunció sendos discursos referentes a los emigrantes: “No se puede tolerar que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio”. También se refirió a los pobres y a la necesidad de políticas solidarias.

 

El Papa no se quedó en las evidencias, ofreció un diagnóstico más profundo sobre los problemas de la sociedad europea. Se refirió, que ya en tiempos de s. Juan Pablo II se había hablado, en 1988, en que aún existía el Telón de Acero: Dijo que hacía falta una Europa que respirara por sus “dos pulmones”, el Oriental y el Occidental. Y… ya no hay muro de separación y sin embargo Europa da signos, da una muestra de sociedad envejecida que no aporta soluciones a los problemas existentes. Que, como ahora se dice, “se implica poco”.

 

Los viejos ideales, fértiles y vivaces han perdido su atracción a favor de tecnicismos burocráticos.

 

A esta Europa quiere llevar el Papa argentino, “un mensaje de esperanza y aliento”. Recordó los ideales de los Padres Fundadores de la Unión Europea. Viejos Padres de los que la sociedad actual adolece y están basados en la paz entre los pueblos del Continente, consecuencia del respeto a la dignidad del hombre.

 

La promoción de los derechos humanos que son una bandera que todos levantan, pero que se entiende mal si no se usan, y peor, lo hacen de una manera interesada en Europa y en Norteamérica.

 

Este es el diagnóstico del Papa: “Existe, en efecto, una tendencia a la reivindicación, siempre más amplia, de los derechos sociales individuales, que esconde una concepción de la persona humana desligada de todo concepto social y antropológico, que esconde una concepción del ser desligado e insensible al exterior.

 

Estos derechos del ser humano, sin tener en cuenta que está ligado a un contexto social en el cual sus derechos y deberes están conectados a los demás y al bien común de la sociedad misma.

 

El Papa aludía a una sociedad de muchos ancianos y niños, en que estos no viven con un padre y una madre, una familia natural. A los inmigrantes que intentan cruzar el Mediterráneo, a los enfermos terminales, a quien está en el paro, o a los jóvenes que nunca lo han tenido.

 

Un periodista, al llegar a Roma le preguntó si era un “Papa socialdemócrata”. El Papa rehusó responder y respondió que sus palabras venían del Evangelio y de la Tradición Cristiana: “No me he apartado de la Doctrina Social de la Iglesia”.

 

No es socialdemocracia, sino una visión- que hoy escasea-más profunda que la de cualquier corriente política.

 

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