21/01/2023 - 09:12

Historia de amor entre Cleopatra Selene y el Faycán de Telde

Mafersa

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Juba II, al contrario de los reyes gobernantes en la antigua África precolonial, fue un rey muy culto, educado en Roma, a dónde se lo llevó Julio César, a la muerte de su padre, Juba I, Rey de Numidia, país de la Mauritania Tingitana, al norte del continente, dónde hoy se encuentran parte de Marruecos, Argelia y Libia. De cultura de origen púnico y población beréber.

 

Juba I, tomó parte en la guerra entre Julio César y Pompeya, a quién apoyó, pero fue Julio César quién ganó la partida, en la batalla de Tapso, por lo que Juba I se suicidó.

 

Juba II, que quedó huérfano a los 5 años, fue adoptado por Julio César, quién se lo llevó a Roma, dónde le procuró la mejor educación de la época, con el fin de, en su momento regresarle a su país y que le sirviera posteriormente como fiel rey administrador de la que sería provincia romana.

 

su estancia en Roma, se relacionó con Octavio Augusto, heredero de Julio César, y con Cleopatra Selena, hija de Cleopatra VII, la última reina egipcia de la dinastía ptolomeica y Marco Antonio. Juba II se casó posteriormente con Cleopatra Selene.

 

Cuando Julio César lo creyó conveniente, regresó a Juba II a Mauritania, en calidad de Rey, de la provincia de Roma en la que se había convertido su reino de Numidia.

 

Al haber sido educado en Roma, la población bereber lo contemplaba como rey extranjero, por lo que sufrió numerosas revueltas. Hasta aquí es historia, en adelante, impera la imaginación del autor.

 

En una de ellas, Juba II mandó detener una importante cantidad de hombres y mujeres, que fueron deportados a las Islas Canarias, originando la que se considera primera aportación masiva de habitantes de las islas, de origen bereber o amazig.

 

Juba II concedió mucha importancia a este envío de rebeldes a las islas, pues en ello veía la solución a otras revueltas que, posiblemente, se sucederían en su reino, por lo que decidió enviar a su esposa, Cleopatra Selene, como jefa suprema de esa expedición.

 

Una vez desembarcados en la isla de Tamaran, los deportados fueron liberados, siendo bien recibidos por los aborígenes. Cleopatra ordenó trajeran ante su presencia, y en calidad de invitado al rey de la isla, al que conocían como Faycan, en su calidad de líder supremo, que residía en el guanartemato de Telde y llamaban Bentagoyhe.

 

La presencia del Faycan en el barco de Cleopatra despertó curiosidad y revuelo en la tripulación, siendo llevado rápidamente ante la reina. Era Bentagoyhe un hombre muy alto, de rudo aspecto, amplia melena y muy musculado, ojos verdes y vestía lo que probablemente eran sus mejores pieles. Selene quedó prendada, invitando al Faycan a una copiosa cena en su camarote, bien regada con vino de la tierra, que llevó Bentagoyhe, como presente.

 

Más que el amor, lo que surgió en ambos fue una gran atracción física, por lo que, fundiéndose en un fuerte abrazo, se acostaron hasta el siguiente día, dando rienda suelta a su pasión, teniendo, como cómplice y aliada, la luz de la luna que se colaba por el postigo del suntuoso camarote de Cleopatra Selene.

 

Paradójicamente, y, a pesar de permanecer muchas horas acostados, no durmieron ni una hora. La tripulación, muy cotilla ella, dieron en decir que Juba sería el segundo pero que el Faycan era el tercero, al menos conocido.

 

Mafersa es Manuel Fernández Sarmiento,  ingeniero técnico industrial y, ahora, estudiante del Diploma de Estudios Africanos de la ULPGC.

 

Comentarios

  • Esteban Rodríguez G
    28/01/2023 - 22:42

    Magnífico aporte histórico, excelentemente novelado en su segunda parte. Una habilidad propia de su autor, que además de imaginación, derrocha un extraordinario sentido del humor.

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