17/09/2022 - 18:14

Desobediencia civil rima con mentalidad pueril

Nicolás Guerra

Nicolás Guerra

Cuando el Gobierno español presentó en el Congreso de los Diputados las posteriormente aprobadas medidas de ahorro energético para intentar paliar la profunda crisis de precios, los partidos conservadores pretendieron tumbar la propuesta (a fin de cuentas son la oposición).

 

No obstante, me sorprendieron los muy débiles alegatos para justificar su decisión, sobre todo por el PP. Y sigo sin encontrar el preciso y riguroso testimonio ante tal imprudente comportamiento: había mucho en juego. Pero el colmo de la insensatez fueron la falta de seriedad y la infantil reacción de algunos políticos.

 

Así, el PP negó rotundamente su apoyo pues, arguyó, “se trata de una imposición”. (Cierto: faltó la elemental cortesía del Gobierno para estudiar previamente su propuesta con todos los grupos políticos. Pero la crisis está por encima de tales torpezas.) Además, según el señor vicesecretario pepero de Economía, "se imponen una serie de medidas al sector privado sin contraprestaciones ni ayudas".

 

Lo cual también choca con la propuesta gubernamental -rechazada por los populares españoles... pero asumida por los populares europeos- de imponer especiales impuestos a los milmillonarios beneficios extras de banca y empresas energéticas. (Por cierto, señor vicesecretario: “El sector privado” de la Banca aun no ha devuelto los cuarenta y cinco mil millones de euros de los sesenta mil adelantados por el Gobierno del señor Rajoy años ha. ¿De verdad reclama usted más contraprestaciones? ¿De verdad?)

 

Pero siempre hay algunos jeringones y puñeteros periodistas socialcomunistas-bolivarianos-rojosrojísimos empeñados en transcribir los hechos tal como sucedieron y analizar los porqués (“Todo lo que es tiene su razón de ser”). Y la “razón de ser” de tales medidas aprobadas por el Congreso la tienen clarita como las frescas agüitas del Noroeste grancanario.

 

Dos ejemplos. Uno: el digital de Radio Francia Internacional (no se confunda, silvuplé, con Radio Pirenaica, emisora del PCE establecida en Francia durante la dictadura franquista). Veintitrés días atrás explicó en riguroso y desapasionado reportaje el proyecto de ahorro al cual calificó como “parte de un plan europeo” para reducir las importaciones de gas ruso (“ incluye la limitación del aire acondicionado, la calefacción”).

La proposición española, recuerda, había sido apoyada por la presidenta de la Comisión Europea. Y su rechazo, matiza, hubiera significado “un duro revés” para Europa. Añade que el ahorro energético aprobado por España es solo “una pequeña parte” de las medidas, pues la mayoría “se dedica a las ayudas sociales al sector del transporte público […], becas para estudiantes...”.

Dos: el periódico EL MUNDO, tras analizar el Plan de Actuación del Ejecutivo europeo, concluye: “Muchas de estas medidas están inspiradas en las asumidas en España”.

 

Así pues, ¿por qué altos representantes del PP se empeñan en lo contrario? ¿Por qué el señor Herraiz (COPE, agosto), quizás confundido, hace públicas afirmaciones ("España, el único país de Europa que obliga a sus comerciantes a apagar las luces de los escaparates") absolutamente ajenas a la realidad, aparentemente amañadas para disimular la evidencia? (¡Como si el apagado de los expositores fuera, además, la única medida aprobada por el Congreso de los Diputados…!)

 

Basta con echar un vistazo a otras fuentes de información menos apasionadas para concluir que Francia, Grecia, Portugal… también imponen restricciones muy parecidas. Y Alemania, motor europeo, también prohíbe su encendido a partir de las 22:00 horas. (¿Se imagina usted, estimado lector, la reacción en España si se aplicara la normativa de Múnich, ciudad donde se apagan los semáforos en momentos de poco tráfico?)

 

Dentro de este batiburrillo organizado por personas con alta responsabilidad política, acaso abstraídas ante un elemental principio (riguroso cumplimiento de las leyes dictadas por mayoría democrática), parece que se pretende implantar el caos y la confusión. Que Dios nos coja confesados si a una persona adulta, actual vicepresidente, consejero de Educación, Universidades, Ciencia y encargado de la portavocía de la Comunidad de Madrid (señor Ossorio Crespo) debemos explicarle -como a alumnos de primaria- algo fundamental: las leyes de un Estado democrático y representativo o se acatan o se denuncian y recurren ante los tribunales correspondientes. Y estos, en el ejercicio de su función, son los únicos con potestad para dejarlas provisionalmente en suspenso si acaso así lo consideran para un sereno, riguroso e imparcial estudio.

 

Pero que este funcionario del Cuerpo Técnico de la Seguridad Social; licenciado en Derecho; ex consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid; ex director general de Tributos de la Consejería de Hacienda; ex asesor técnico y jefe del servicio de; ex director adjunto de; ex vocal asesor del; exdiputado… diga (larazon.es, 4/8) que se puede cumplir la ley (y sortear las medidas de ahorro energético propuestas por el Gobierno central) con un apagado de escaparates y edificios públicos durante segundos y luego volver a encenderlos y dejarlos en plena efervescencia lumínica es, como poco, demoledor.

 

No sé si para llegar a la conclusión del apaga - enciende (off – on) en segundos veinticuatro fue preciso y exigible un currículo político tan refulgente y esplendoroso como el del señor vicepresidente madrileño. Quizás con un algo de elemental sentido común hubiera sido más que suficiente. Pero según la ya caducada calificación de los alumnos en anteriores planes de estudio, por encima del suficiente estaban el bien, el notable y el sobresaliente. Y como el señor Ossorio Crespo es expediente curricular – político destacable por encima de la media, quizás su natural vanidad o exigencia intelectual lo llevaron a la búsqueda de la Matrícula de Honor.

 

Mientras, la señora Ayuso demuestra y confirma día a día que hoy no es la presidenta del Partido Popular por otras razones desconocidas para mí, pero no por superioridad, autoridad y gobernanza del señor Feijóo. Debo reconocerlo: la esperanza depositada en el ex presidente gallego sobre sus aparentes virtudes -serenidad, desapasionamiento, cordura, inteligencia, perspectiva europea...- se me vino abajo tras su transformación. Hoy es, qué pena, qué frustre, continuidad del señor Casado… sin las groserías. (Por cierto: según eldiario.es, “Bruselas calcula que su nuevo impuesto a las energéticas recaudará ciento cuarenta mil millones de euros”.)

 

Comentarios

  • A. Suarez
    18/09/2022 - 18:24

    El argumento de que los bancos deben ayudar ahora porque fueron rescatados, yo me pregunto, al Santander o al BBVA los rescataron o les ayudaron en algo? Creo que no, en aquella crisis los bancos que se rescataron fueron más bien las cajas, es decir donde estaban los políticos. A Rajoy le enviaron los hombres de negro y al Sánchez millones de euros. Menos lobos

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