31/07/2022 - 08:57

Símbolos en el Parlamento canario

Nicolás Guerra

Símbolos en el Parlamento canario
Nicolás Guerra

Dos cuadros del pintor palmero Manuel González (1843-1909) cuelgan sus alegorías en la sala de plenos del Parlamento de Canarias desde la inaugural sesión del mismo (30 mayo, 1983). Treinta y nueve años después algunas señorías y grupos políticos consideran inapropiada su exposición-contemplación durante las sesiones parlamentarias.

 

Y como estas -al menos en apariencia- no despiertan mayor interés o tan siquiera curiosidad entre los ciudadanos (algún día alguien descubrirá “los índices de audiencia”), sus opiniones sobre el tema solo las conozco a través de periódicos (Canarias7, julio /22: “CC no se escandaliza por los monumentos a Franco en Santa Cruz y se escandaliza por un cuadro histórico. Hay que jo...”.).

 

Sobre el tal acontecimiento del siglo XV (conquista y colonización de Canarias) su reflejo en el arte resulta, como poco, curioso. Así, el riguroso trabajo del señor Lecuona Doble (“Manuel González Méndez y los cuadros del Parlamento de Canarias”) destaca una afirmación de considerable amplitud: “En la pintura han pervivido en gran medida las obras situadas desde el punto de vista del colonizador –del vencedor– y menos del vencido, como sí ha podido hacer la literatura”.

 

Y bien es cierto. En el estricto campo de la obra pictórica -caso concreto de ambos lienzos del tardío Romanticismo canario- trasciende lo puramente histórico. Las gestas españolas toman cuerpo en las imágenes y dan protagonismo a los vencedores. Por contra, la poesía romántica canaria (también finales del XIX, inicios del XX) da fe del compromiso nacionalista de muchos de sus componentes (escuela tinerfeña).

 

La literatura de esa época elevó a categoría poética la exaltación del sentimiento nacionalista (generalizo). Valga como ejemplo la última estrofa del soneto “Un episodio” (Plácido Sansón, SCTFE, muerto en 1875): identifica la muerte violenta de Tinguaro, héroe indígena, con la esclavitud a que será sometido el pueblo guanche (“Y allá, del Teide en la caverna umbría, / se oye: ¡Murió la independencia isleña! / ¡Murió con él la libertad canaria!”).

 

Porque el Romanticismo, recordemos, no es un movimiento literario; va mucho más allá: es revolución, tragedia de la vida, canto a la libertad, nacionalismo (independencia de Grecia, Bélgica…; unificación de Italia...), la historia de los pueblos. ¿Y dónde se encuentra la del canario anterior a la conquista? Pues, entre otros lugares, en la idealizada Naturaleza que ya habían cantado desde el siglo XVII Antonio de Viana, Cairasco de Figueroa…

 

Y en tales paisajes siempre están presentes los también idealizados héroes (Tinguaro, Bencomo, Beneharo…), sometidos a sangre y fuego por el español. Y el mundo, Europa, España, dejan de ser la patria para recrearla en palmeras, dragos, montañas, mares (“¡Así te quiero, mar, así me encantas! / ¡Cuánto me gusta tu estentórea voz / y ver las ondas que feroz levantas [...]!”)…, e incluso la “dulce, fresca e inolvidable sombra” de un simbólico almendrero.

 

cercanas fechas de 1984, 2003 y 2008 están sentimental y directamente relacionadas en Canarias con el planteamiento romántico anterior. Así, en Las Palmas de Gran Canaria, La Laguna y Realejos (respectivamente) hubo manifestaciones de nacionalistas en días claves. El 14 de abril Las Palmas celebraba en procesión la incorporación de la ciudad a la corona de Castilla (1483). Tras la solemne función catedralicia se paseó el Pendón de la Conquista, reminiscencia colonial suprimida en 1979 por el Ayuntamiento capitalino (era alcalde el señor Bermejo Pérez, de Unión del Pueblo Canario) y recuperada por el PSOE y su alcalde, el señor Rodríguez Doreste.

 

Al poco, un grupo de personas “con taparrabos e imitando a los guanches” (El País) boicoteó el acto. La tensión llegó a tal extremo que el general – jefe del Mando Aéreo de Canarias ordenó a todos los uniformados la inmediata retirada (hubo, incluso, agresión entre un manifestante y un mando militar). Al año siguiente el Ministerio del Interior (PSOE) decidió suspender sine die, sin plazo fijo, la conmemoración.

 

El recordatorio anterior viene a cuento, pues: dos señorías del Parlamento de Canarias (de Si Podemos y CC-PNC, respectivamente), “con el apoyo de ASG y Nueva Canarias” (DiariodeAvisos) solicitaron a la Mesa que dos cuadros relacionados con la conquista - colonización de Canarias (La fundación de Santa Cruz y La entrega de las princesas) sean cubiertos durante el desarrollo de las sesiones plenarias. (Por cierto: ¿aplaudieron a doña PPepa cuando defendió el traslado de Fernando Guanarteme en 2016? Recuerdo palabras como “por unanimidad”. ¿Por qué el grancanario murió en Tenerife?)

 

Su planteamiento recuerda cuando, allá por mi niñez y primera juventud, se tapaban las imágenes en las iglesias durante la Semana Santa. ¿Por qué las cubrían con telas lilas, moradas? Si “Son días de duelo que lloramos al Esposo divino y la Iglesia se cubre con el velo de la viudez”(formacioncatolica.org), sus señorías argumentan que “los temas relacionados con la cultura aborigen son muy sensibles en las islas”. Hay, además, “muchos diputados y diputadas ofendidos” y repugna “la entrega de dos niñas como objetos de rendición”.

 

Ambos lienzos, colgados en lugares destacados y obligatoriamente visibles, “son una ofensa”. Aunque desconozco si hay rigor histórico, los protagonistas principales de los cuadros son Pedro de Vera, conquistador de Gran Canaria (recibe a dos niñas vírgenes -¿acaso acto de sumisión?-) y Alonso Fernández de Lugo (lo fue de Tenerife y la Palma) impone la cruz. Ambos no fueron precisamente angelicales criaturas: masacraron, robaron las tierras a los aborígenes, violaron, cristianizaron por la fuerza y vendieron como esclavos a jóvenes de ambos sexos (las repúblicas italianas, España y el mercado local fueron destino de muchos de ellos).

 

Sus señorías -ejercen el derecho constitucionalmente reconocido- presentan denuncia y solicitud de cubrimiento, pues la Real Academia Canaria de Bellas Artes rechaza su retirada (DiariodeAvisos): están protegidos por ubicarse en edificio declarado Bien de Interés Cultural. Alega, además, que “en la época artística del romanticismo tardío, significaban actitud de diálogo entre los guanches y los conquistadores y no agravio o humillación, ni destrucción o exterminio” (DdA).

 

Romanticismo pictórico y Romanticismo poético. Pero, ¿por qué tantísimo contraste entre pinceles y palabras? ¿No hubo exterminio?

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

 

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