18/06/2022 - 15:34

Del hartazgo a la indiferencia

José Fco. Fernández

José Fco. Fernández

En tiempos felizmente superados, o eso creíamos antes de la traición a ideas y votantes del PP de Rajoy, se acuñaron en el Parlamento dos definiciones que aún se repiten en muchos debates. Zapatero llamó a Rajoy patriota de hojalata y este le replicó con lo de ser un bobo solemne. Reconozco que para lo de patriota de hojalata, más allá de la frase para algunos ocurrente y para otros necesaria de una exégesis semántica progresista, admite todo tipo de interpretaciones para saber a qué alude y a quién se refiere exactamente Zapatero.

 

Pero lo de ser un bobo solemne, réplica muy oportuna de Rajoy, no necesita ninguna explicación, pues bastaba oír las ocurrencias del aludido, sobre todo aquello que dijo en la ONU de que “la Tierra no es de nadie, salvo del viento” o otra frase no menos gloriosa de que “el cambio climático causa más muertes que el terrorismo internacional”, para no necesitar ninguna explicación ni aclaración. En este caso la frasesita le viene como anillo al dedo a Zapatero, ZP le decían los suyos, sin mayores explicaciones.

 

La mal llamada izquierda, que a mi entender ideológicamente sólo es claramente antisistema, suele calificar de patriota de hojalata a todo aquel que tras ganar dinero en España y pagar los impuestos pertinentes religiosamente, tratándose de la siniestra comecuras este adverbio es sólo un decir, hace con su dinero lo que estima más conveniente, incluso, ¿por qué no?, reinvertirlo o guardarlo fuera de nuestro país. Se le acusa de no permitir que un fisco confiscatorio le siga robando lo que es suyo, ganado legalmente, y lo ponga fuera del alcance de las garras ahora de Marisú Montero y antes del vampiro Montoro. En lo de meter la mano de forma inmisericorde a los ciudadanos que generan riqueza y puestos de trabajo, en poco se distinguen unos de otros cuando están actuando como cargas públicas. Bueno entre los que ponen fuera del alcance del fisco su dinero, insisto, legalmente ganado y tributado, hay unas cuantas excepciones que no son carnaza para el progresismo de todo progreso: aquellos que declaran su fe social-comunista, como el artisteo y muchos culturos si gozan de visibilidad.

 

Si ya lo del tener que exigir judicialmente que en España se pueda estudiar en español mientras se comprueba una vez y otra la traición a los ciudadanos y al sentido común que perpetra el Gobierno de España y algunos gobiernos autonómicos, es algo que creímos difícilmente superable en ignominia, ahora viene a competir otro caso que intenta arrebatarle el podium en el campo de juego del desgobierno del Dr. Sánchez. Los socios del Frankenstein, (Podemos, independentistas, bilduetarras, mareas y mareos varios, todos juntos y juntas), han presentado un proyecto de ley para convertir el Congreso de los Diputados en una tan disparatada como carísima Torre de Babel. Quieren que todos los trámites de la Cámara Baja se realicen en todas las lenguas autonómicas. Por no tener el texto original sino la nota de prensa, desconozco si entre esas lenguas se incluye también al bable, la jabla, el aranés, el cántabro (el del “equilicuá” que proclamaba el de las anchoas) y el “andalú” con sus diversas variantes provinciales. Los costes inherentes a tal cosa, tanto en intérpretes, equipos de traducción simultánea, multiplicación de las páginas impresas en los BOE, etc. no parecen preocuparles a sus impulsores lo más mínimo. Eso se sufraga con otro impuesto nuevo o, alternativamente, cuando se les pregunte dirán como Bob Dylan: “la respuesta, my friend, está soplada en el viento”. Por cierto, lo del viento del cantante es muy anterior a la ventolera de Zapatero, pero tiene que ver con las humaredas de las drogas que pretenden legalizar.

 

Se le pide dinero a Europa para sobrevivir en unos momentos que estamos al borde de que nos rescaten, sin tener muy claro si la UE estaría dispuesta a sacarnos del pozo en que el Dr. Sánchez nos va metiendo cada día a mayor profundidad y en caso de que además realmente pudieran hacerlo. Mientras tanto mostramos nuestra buena voluntad gastando sin medida el dinero de otros, eso es socialismo en estado puro, en chiringuitos propios de la ideología de género y en luchas lingüísticas que buscan segregar y no potenciar lo que une.

 

Me gustaría poder escandalizarme ante cada nuevo y diario escándalo gubernamental, pero creo que ya me es imposible, estoy saturado. El hartazgo ante la impotencia para hacer frente a tanto despropósito, lleva a la indiferencia, sobre todo a mis años. Aunque el Gobierno nos prediga en su Agenda 2030 que para entonces no tendremos nada (eso va de suyo en su ideología), pero seremos felices (eterna promesa del paraíso comunista), en el fondo de nuestra cansada alma nos queda la preocupación por el futuro a medio plazo, que yo no veré, de hijos y nietos.

 

José Fco. Fernández Belda es ingeniero industrial y graduado social.

 

Enviar Comentario

X