07/05/2022 - 17:57

Trabajadora y madre

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

La coincidencia del día de la madre y el día del trabajador solo hace que resaltar una evidencia: Toda madre tiene doble jornada laboral. El trabajo, el remunerado y el que no lo es, es siempre trabajo. El de las madres, no acaba nunca.

 

Quizás por este hartazgo o descubrimiento son ya cada vez más las que se atreven a decirlo y a desafiar y cuestionar los roles y la carga extra laboral que conlleva la maternidad. Por mucha enmienda y conciliación que haya, nada facilita en nuestro país el ser una mujer trabajadora y madre, por mucho que así lo exalten los anuncios rosas del primer domingo de mayo. Ser madre no compensa. La carga diaria que soporta una mujer trabajadora y madre, no es comparable a la que realiza el hombre, compañero, esposo y amante. ¿Quién no puede comprender el hecho de que los índices de natalidad hayan descendido a esta velocidad?

 

El otro, el día del trabajo remunerado, olvida que hace más de diez años los trabajadores de una fábrica fueron masacrados por defender una jornada laboral de ocho horas. Hoy se trabaja diez, se declara cinco y se reza si se tiene trabajo; los contratos basuras se edulcoran, la temporalidad es estacionaria y, los derechos merman tanto como el salario.

 

En la selva del hambre todos los trabajos son buenos. Los jóvenes estudiantes trabajan por cinco euros de camareros la noche, los autónomos se ahogan en impuestos y lo trabajadores han perdido poder adquisitivo y dignidad porque ya no llegan para pagar los gastos del mes, así están las cosas por la inflación galopante, por la guerra de Ucrania, por el precio del petróleo, y la subida de la luz, el sueldo del rey, la corrupción clientelar, los empresarios sin escrúpulos, los bróker comisionistas y las excusas inventadas que ha acallado su voz para siempre.

 

En este estado de convulsión nos encontramos en el día del trabajador con los niveles más alto de para juvenil; con una juventud deseando trabajar y con los que llevan más de cuarenta años, queriendo jubilarse.

 

Y es que la clase trabajadora ya dejó de pensarse como clase, subsiste, amorfa y acallada en la indigencia de un subsidio, de una ayuda, en una gris marea de conformismo y sometimiento acallado.

 

Aun así, en este día, la voz de algunos sindicatos arrastrará a un grupo de trabajadores delante de unas cámaras, algunas madres comerán con los hijos a los que no veían hacía meses, pero alguien se eté preguntando si de verdad hay algo que celebrar cuando la maternidad se volvió una esclavitud para las mujeres y la esclavitud laboral asesinó la voz del trabajador.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.

 

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