21/11/2021 - 10:46

Retrato de la ciudad

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

Las calles de la ciudad parecen haber sufrido un bombardeo, agujeros en mitad de la carretera, hendiduras inexplicables en la mitad del asfalto que los vehículos deben sortear, son algunas de las dificultades con la que se encuentra el despistado conductor que se atreve a circular por las calles de la ciudad de Telde. Conducir por algunas de estas carreteras pone a prueba al más avezado conductor, basta pasearse por los polígonos industriales, por carreteras secundarias o por barrios periféricos para constatar el total abandono de sus calles.

 

En cuanto a la limpieza es deplorable el servicio de recogida de basura, el estado lamentable de los contenedores, rebosantes y malolientes y la basura que se deposita a su alrededor a la espera de que un servicio de limpieza eficaz la recoja. Pero la falta de civismo no solo se observa en la recogida de basura sino en los barrancos y bordes de la carretera donde desaprensivos vecinos depositan sus desechos y escombros impunemente. De nada vale llamar al ayuntamiento para que lo recoja, doy fe de ello.

 

Telde, la ciudad del deporte, posee el honor de tener su Centros deportivos o cerrados o a la espera de que se ejecuten las obras. Pero parece ser que la cosa no tiene visos de solución rápida, al igual que la carretera del cruce de Melenara donde dicen las malas lenguas que el dinero que iba destinado a la misma sirvió para pagar la deuda que el consistorio tenía desde hacía años y que, flamantemente se anunció como saldado hace unos meses.

 

Esto es lo bueno y lo malo de ser a la vez una gran ciudad y un pueblo, que todo se acaba sabiendo.

 

En cuanto a la cultura, abaratada por las subcontratas Gestel and Company, brilla por su ausencia, salvo si se entiende esta como la de charanga y pandereta. En tanto, la alcaldesa anuncia que el palacio de la cultura creado y abandonado por un antiguo y avispado regidor, será parcheado en su fachada. Todo sea para mejorar su imagen, la del inexistente palacio de cultura, no la suya, y no afee más la imagen de la ciudad. Dan ganas de reír sino fuera porque todo esto da muchas ganas de llorar.

 

Telde, el barrio de San Juan, San Gregorio, qué lástimas que no se le saque más partido turístico a los mismos, sus costas cálidas, Melenara, la Garita, Salinetas, siempre acogedoras al baño y al sosiego, la convierten en una ciudad hermosa donde las haya. Pero la ciudad de Telde es más que esto. Telde es también barrancos, periferia, polígonos y barrios humildes de trabajadores que cada mañana deben sortear los socavones de la carretera, mientras contemplan con desánimo los basureros desbordados, los viejos y sempiternos escombros en las cunetas y los edificios deportivos y culturales cerrados.

 

Telde, ciudad legendaria, quienes vivimos en ella y la apreciamos, no podemos dejar de sentir y observar con tristeza como fenece abandonada por sus regidores.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.

 

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