09/10/2021 - 18:22

De brujas

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

Este mes se conmemora que hace noventa años que las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto, noventa años que, gracias a diputadas como Clara Campoamor, las mujeres pasaron a ser consideradas adultas y responsables, incluso de equivocarse. Sin embargo, la equidad entre sexos está lejos de llegar.

 

Mientras que el hombre ha sido la representación del ser humano y solo se le exigía ser y estar, la mujer, esa identidad inclasificable, ha estado en función de los demás, ser mujer era ser siempre para alguien.

 

A pesar de esto, de los obstáculos encontrados, de la carga histórica, del sometimiento y el dictado de la iglesia y el patriarcado (siempre viene bien tener criadas) las mujeres han luchado para obtener el derecho a ser ella mismas y ser considerada ciudadanas de primera.

 

No obstante, todavía hoy la mujer debe demostrar doblemente que es capaz de hacer igual o mejor que un hombre, a pesar de haberlo demostrado durante siglos.

 

Lo veo cada día, mujeres a mi alrededor que sufren el síndrome de la impostora, que arrastran el exceso de responsabilidades en el ámbito privado y familiar, que viven con altos grados de culpabilidad, que realizan múltiples tareas al día, estupendas profesionales, madres de sus hijos, de sus ex, de sus hermanos, que comienzan una carrera mortal desde las seis de la mañana hasta altas horas de la media noche y que caen rendidas sin siquiera poder detenerse a pensar en sí mismas.

 

¿Hemos avanzado lo suficiente? ¿O hemos caído en la trampa nuevamente? Ahí dejo la reflexión.

 

La pandemia, entre otras consecuencias, ha provocado el aumento de los casos de violencia de género. Canarias encabeza el ranking de las comunidades donde más aumentó.

 

En el último barómetro de Juventud y Género 2021, se refleja que uno de cada cinco chicos adolescentes y jóvenes considera que la violencia de género no existe y que es solo un "invento ideológico".

 

El discurso de la extrema derecha, reforzada por su posición en el parlamento, no ha hecho sino retrotraernos a un pasado pre democrático donde los políticos llamaban “brujas” a las diputadas. Suena a rancio, a pasado fascista, pero ocurrió hace unas semanas en el parlamento, un diputado de vox, José María Sánchez, antiguo jefe de gabinete de Aznar y asesor de Rajoy, llamó bruja a una diputada por defender el derecho de las mujeres a no ser hostigadas ante las clínicas abortistas.

 

Probablemente, a este parlamentario le encantaría que volviese a restablecerse la Santa inquisición, esa que llevo a la hoguera a las mujeres disidentes que se rebelaron o que lucharon por sus derechos.

 

Pero seguimos vivas, somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar, como reza el slogan. Aun así, no podemos dejar de estar alertas, durante toda vuestra vida, pues bastará con una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres se cuestionen de nuevo, esto ya lo dijo Simone Beauvoir, otra bruja, como Clara Campoamor.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.

 

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