03/10/2021 - 10:59

31 lemas para un diccionario sadalónico de literatura y libros [1/3]

Victoriano Santana

Victoriano Santana

Animación literaria. Actividad que busca estimular el gusto por la lectura de obras de ficción y, ya puestos, de no-ficción. Suele desarrollarse en los centros educativos y culturales, y va dirigida a personas que no tienen interés en leer textos literarios y divulgativos por desconocimiento de sus virtudes, por falta de destreza lectora, por bibliofobia o por asunción plena de que lo mejor para ellos es invertir el tiempo en otra clase de entretenimientos y quehaceres.

 

Esta labor se asienta sobre los siguientes convencimientos: 1) todo cuanto se sabe y se puede saber está escrito y recogido en los libros (tanto en papel como digitales); 2) el acceso a cuanto se sabe y se puede saber es beneficioso; 3) obtener beneficios produce felicidad; 4) la lectura (acto de comprensión de los caracteres escritos) es la única vía posible para conseguir una población más culta y, a la vez, más satisfecha.

 

Para lograr su objetivo, los individuos responsables de poner en práctica esta noble tarea de estimulación hacen uso de textos literarios que consideran agradables para sus destinatarios y útiles para su propósito. Se justifica el uso de estos instrumentos porque se piensa que es más fácil echar abajo el desinterés lector si se suministran lecturas creadas fundamentalmente para el entretenimiento. De ahí que se considere más adecuada la denominación de «animación literaria» que la expresión que se utiliza en la actualidad: «animación lectora».

 

Articulaciones. Conjuntos de artículos que, gracias al contexto y el trasfondo, están más cohesionados entre sí a pesar de su aparente desconexión debido a la honda heterogeneidad que los caracteriza.

 

Cervantista. Admirable estudioso de la vida y obra de Miguel de Cervantes.

 

Cervantófilo. Suerte de hooligan de Cervantes que jamás llegará al nivel científico e intelectual de los cervantistas. Ni que decir tiene que no merece ninguna clase de admiración ni de seguimiento.

 

Composición literaria. Texto creativo que elaboran los escritores, no los juntaletras. La consideración de poéticos solo puede provenir de los lectores avezados en lecturas y conocimientos de literatura.

 

Comprensión lectora. Destreza que permite entender todos los niveles de interpretación que atesora un texto escrito sea de la naturaleza que sea. Dado que todo cuanto se sabe y se puede saber está escrito, el dominio absoluto (o casi) de esta habilidad debe ser el primero de los objetivos de la enseñanza primaria (a mucha distancia del que merezca estar en segundo lugar). Quien controla la lectura está en disposición de ser crítico, de analizar la realidad y emitir un juicio solvente en lo intelectual sobre el mundo que conoce y sobre el que le gustaría conocer. El entrenamiento en este tipo de pensamientos le corresponde a la enseñanza secundaria.

 

Cretinismo literario. Enfermedad propia de juntaletras que se manifiesta por una multiplicación de su presencia, ya sea en medios de comunicación, ya en actos públicos, con el único propósito de convencer a los incautos que caen en sus redes de que lo correcto es que se les reconozca como escritores. Sus ademanes y expresiones aspiran a dar a entender a sus interlocutores que atesoran una riqueza intelectual merecedora del mayor de los elogios. Tratamiento más eficaz para combatir este trastorno: curas de humildad y ninguneos.

 

Donnadiez. Cualidad propia de juntaletras.

 

Escritores. Individuos que, gracias a su talento y su técnica, realizan piezas literarias dignas de alabanza y difusión con las que logran que nuestro idioma sea más hermoso y más rica la cosmovisión que nos singulariza. Considerando que de ellos se espera la elaboración de textos que conmuevan y renuevan, poco ha de importarnos que sean engreídos, inaccesibles, narcisistas o de personalidad despreciable. Lo único que les pedimos es que de su maravilloso uso de la función poética del lenguaje salgan joyas que nos emocionen y que nos ayuden a interpretar el universo que nos envuelve, tan lleno de veracidades como de verosimilitudes.

 

Filoflojear. Realizar acciones propias de la ciencia filológica sin la exigible calidad. El acto de filoflojear es propio de patanes, negligentes e indocumentados tengan o no un título universitario que los reconozca como filólogos.

 

Filolojear. Realizar acciones propias de la ciencia filológica con la exigible calidad. Filolojean quienes aportan al conocimiento lingüístico y literario perlas que engrandecen la disciplina y a cuantos, de una manera u otra, se vinculan a ellas, ya sea como actores directos, ya como usuarios involuntarios.

 

Gratitud. Para que un libro llegue a las manos de un lector es necesario que muchas personas cumplan con la tarea empresarial que se les ha asignado: alguien debe aplicar todo su talento en la maquetación del original y el diseño de la cubierta; alguien ha de hacer la revisión editorial y rellenar la hoja de créditos que ves, por lo general, tras la portada; alguien tiene que negociar con la imprenta el coste de los ejemplares; alguien debe realizar las gestiones administrativas oportunas para que el libro quede registrado de manera adecuada; alguien se tiene que ocupar de la configuración de la maquinaria para que los ficheros del texto y del forro se impriman con la debida calidad; alguien se encarga de poner las tapas; alguien ha de supervisar que todos los libros se han impreso y encuadernado sin errores; alguien debe llenar las cajas con los ejemplares y alguien ha de cargarlas en el vehículo de transporte; alguien tiene la función de gestionar la documentación de la mercancía para que llegue a su destino; alguien efectúa el viaje desde la imprenta (lugar de origen) hasta el destino (la editorial, la distribuidora de turno…); alguien debe descargar los bultos; alguien llevará los libros a la librería; alguien de la tienda tiene que recibirlos y hacer el trabajo de registrarlos para su venta; alguien en el establecimiento comercial tiene el cometido de atender a los posibles compradores… Todos estos “álguienes” enumerados y los que, por despiste, no se han citado merecen la inmensa gratitud de los autores y la cariñosa consideración de los lectores.

 

Hábito lector. Rutina que predispone felizmente al individuo a leer sea lo que sea, donde sea, cuando sea y como sea. Dado que el término “rutina” tiene asociado en su significado la noción de automaticidad, quienes tienen asimilada esta inclinación son poseedores de una existencia que, dentro de lo que cabe, encaja con la calificación de hedonista, pues sin preverlo, así, de buenas a primeras, sin planificación, sucumben a la alegría de la lectura.

 

Victoriano Santana Sanjurjo es doctor en Filología Hispánica y profesor de Secundaria.

 

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