01/05/2021 - 08:38

Las principales novedades de la estadística del padrón continuo

Ramón Díaz

Ramón Díaz

“Los hombres nunca serán más numerosos si no son más felices” (Raynal, 1774)

La variación anual en el padrón incluye tanto el saldo vegetativo (diferencia entre altas por nacimiento y bajas por defunción) como los cambios de residencia, el balance migratorio y la caducidad de los permisos para no comunitarios, entre otras variables.

 

Es, pues, un documento válido para tomar el pulso a la evolución demográfica del país porque puede marcar tendencia, pero en tiempos excepcionales como el que aquí se reseña no deja de ser un testimonio valioso para evaluar el alcance y las consecuencias de una crisis de resultados imprevisibles a corto y medio plazo.

 

Los datos provisionales de la Estadística del Padrón Continuo de Habitantes[1] correspondientes al pasado año 2020 confirman la vieja teoría de que la demografía no es más que una de las muchas variables que evolucionan en el tiempo dependiendo del devenir de la economía. De forma que cuando la salud económica favorece la creación de riqueza y el empleo, la población aumenta al ritmo que aquella le marca. Y al revés, cuando la economía se empantana o cae, el crecimiento demográfico se retrae en proporción directa a la mayor o menor intensidad del percance. Algo así se ha producido hace catorce meses con la rápida expansión de la pandemia que “mandó parar” la breve fase de recuperación incompleta de la anterior catástrofe del sistema capitalista mundial por las turbulencias de las “subprimes”.

 

Recordemos por un momento que el PIB anual español (en tanto que termómetro principal de la economía) sufrió en los años más críticos de la crisis financiera una caída brusca (del 0,9% en 2008 y -3,8% en 2009) con un impacto considerable en la productividad y el empleo. Poco más tarde, la pandemia declarada mundialmente a principio de marzo de 2020 se llevó por delante el 2,0% del crecimiento de 2019 y las previsiones más esperanzadoras para los años siguientes adelantadas por el FMI, la OCDE y el Banco de España. El 31 de diciembre de 2020 se oficializó la caída en -10,8% del valor porcentual del PIB anual dejando obviamente un panorama socioeconómico desolador que lejos de remitir se ha prolongado en lo que va de 2021, con la sola esperanza de que la vacunación generalizada pondrá punto final a esta tragedia insoportable.

 

Esa es la razón principal de que el Padrón Continuo se salde por primera vez después de cuatro años de sucesivas subidas en los registros con la pérdida de 106.146 efectivos humanos (un retroceso en toda regla de -0,22% de la población española) que se reparte desigualmente entre nuestros compatriotas (-0,2%) y los extranjeros residentes en España (-0,5%)[2]. El descenso de los empadronamientos se achaca esta vez a la sobremortalidad producida por la Covid-19, al cierre de fronteras que ha dificultado la movilidad de las personas tanto para salir como para entrar en el país y, en parte también, al descenso en caída libre del número de nacimientos, fenómeno que ya se venía registrando desde años atrás.

 

La situación que se ha vivido en nuestras Islas no ha sido en general diferente a la del resto de España. En efecto, el panorama que se ha abierto aquí es doblemente crítico por cuanto que el PIB anual de -20,1% ha duplicado en valores negativos la media nacional, favoreciendo con ello pérdidas padronales significativas de 4.588 personas (valor equivalente a toda la población de Valle Gran Rey en La Gomera). La dependencia de las Islas del turismo internacional explica el vuelco de la economía y la tormenta que ha recaído una vez más sobre la clase trabajadora. Con dichas circunstancias adversas, la situación pudo haber sido peor si nos atenemos a la leve diferencia entre los registros de Canarias y el resto del Estado (-0,22% y -0,21%) en términos relativos.

 

De esta forma vemos como Canarias se aleja por primera vez en muchos años de las comunidades españolas que constituyen el grupo de las que más crecieron en población: Murcia (0,4%), Cantabria (0,2%), Castilla-La Mancha (0,1%), Baleares (0,1%) y Andalucía (entre el 0,0% y el 0,01%). En este último ejercicio Canarias se ha situado junto a Cataluña, La Rioja, Navarra, País Vasco, Comunidad Valenciana, Aragón y Galicia en una zona intermedia con caídas moderadas respecto a las comunidades que sufrieron los mayores descensos de población como Melilla (-1%), Ceuta (-0,8%), Asturias (-0,7%), Castilla y León (-0,6%), Madrid (-0,5%) y Extremadura (-0,5%).

 

Desde hace muchos años el crecimiento demográfico de las Islas depende cada vez más del saldo migratorio exterior. Pues bien, la mayor parte de la caída de las cifras ha corrido a cuenta de los extranjeros que residen en las mismas con el abandono de 5.591 personas, a los que debemos restar las 1.403 aportaciones procedentes del saldo vegetativo (escuálido y con preocupante tendencia a seguir acentuando su bajada) y las migraciones interiores del resto de las regiones españolas que han conseguido amortiguar tangencialmente la cuantía del retroceso.

 

Por sus características singulares la pandemia no ha respetado a nadie prácticamente. Ahora bien, la reducción de la actividad y el aumento de los despidos no se hicieron esperar de la misma manera que se produjo durante la crisis financiera e inmobiliaria de 2008 cuando el número de parados totales alcanzó el 25,99% de la población activa y en los registros del entonces INEM habían inscritas nada menos que 281.400 personas de ambos sexos de las cuales 19.594 eran trabajadores extranjeros. Cifra que en 2009 se elevó a 26.536 parados foráneos de los cuales 18.207 eran extracomunitarios y solo 8.319 procedían de países de la UE-28. En aquellos años fueron numerosos los trabajadores autóctonos y extranjeros, especialmente extracomunitarios, que optaron por salir de Canarias hacia diferentes destinos al mismo tiempo que la llegada de nuevas aportaciones externas se redujo a valores irrelevantes.

 

 

La situación socioeconómica actual no difiere de la 2008 salvo el poderoso escudo amortiguador de los ERTE(s). Aun así el panorama laboral de finales de 2020 es desolador (tabla 1) y el primer trimestre de 2021 se ha saldado con la cuarta parte de los activos canarios en paro (25,42%). En los últimos meses la Seguridad Social en Canarias asegura haber perdido unas diez mil afiliaciones de extranjeros.

 

De nuevo apreciamos como en medio de una convulsión económica (sin precedentes desde el “crack” de 1929) la especial incidencia sobre los extranjeros inscritos en el padrón de habitantes, el posible retorno de éstos a sus respectivos países de origen o la reemigración a otros destinos, no se ha producido en la misma proporción que en la anterior crisis de 2008. Creemos que, a diferencia de la sacudida del capitalismo iniciada con la quiebra de Lehman Brothers Holdings, en donde unos países surfearon mejor que otros las perturbaciones económicas e, incluso, se abrieron destinos atrayentes a la mano de obra inmigrante, la pandemia puso freno a esa posibilidad porque los contagios se han universalizado y las restricciones a la movilidad de las personas se han visto incrementadas notablemente en todas partes.

 

 

El Padrón Continuo mantiene en lo esencial el anterior status demográfico de cada isla al mismo tiempo que se constata como el número de residentes de nacionalidad española empadronados en las Islas aumenta ligeramente, en la misma proporción que desciende la presencia de extranjeros (Tabla 2). Según dicha fuente prosigue la asimetría en la distribución de la población comunitaria en las dos provincias canarias. Un 53,8% de esta procedencia reside en las Islas occidentales, con una sex ratio paritaria entre hombres y mujeres, mientras que en las orientales hay registrados menos comunitarios y la relación entre los sexos se desarmoniza a favor de las mujeres (tabla 3). Conviene señalar que la población extranjera comunitaria en Canarias supera en 1,8 puntos a la media nacional (11,4% en 2020) y que este mismo colectivo representa el 54,3% del total de extranjeros empadronados, lo que constituye una peculiaridad de la Comunidad canaria puesto que en el resto del Estado el porcentaje de extranjeros comunitarios es tan sólo de 29,2% del total a la vez que los extracomunitarios suponen el grueso de la población alóctona inscrita con 3.8127.756 personas en enero del presente año.

 

Los residentes no comunitarios ascienden a 131.059 personas (45,7% sobre total) y su distribución en las dos provincias canarias es parecida, sólo que con mayor presencia de mujeres y una estructura de edades más equilibrada en su composición.

 

La representación de extranjeros residentes en Canarias por países de origen sigue estando encabezada por Italia (51.342 p.), Reino Unido (26.540 p.), Venezuela (20.625 p.), Marruecos (18.942 p.), Colombia (16.081 p.), Cuba (15.381 p.), Rumanía (8.291 p.) y Francia (6.316 p.), países que junto a otros siguieron aumentando sus efectivos a pesar de la grave crisis económica, social y sanitaria y los inconvenientes a la movilidad de las personas. Es singular el caso de Reino Unido que elevó el número de registros en contra de todo pronóstico por el asunto del Brexit; lo mismo se puede decir de la llegada continuada de ciudadanos de la Europa oriental, de América y Asia. En cambio, la colonia alemana (que actualmente cuenta con 25.260 personas empadronadas en las Islas) desciende en el número de sus miembros al igual que los procedentes de Ecuador.

 

En cuanto a la estructura etárea aparecen tres novedades significativas: la primera, desciende el número de niños de menos cinco años en relación con el ejercicio anterior a la pandemia; la segunda, la población de 65 años y más sigue expandiéndose, siendo llamativo el tramo de 90 a 99 años donde se aprecian subidas sorprendentes, lo mismo cabe decir de las edades de cien y más años cuyas cifras, aunque modestas, demuestran que el aumento de la esperanza de vida sigue avanzando y que el envejecimiento de la población se generaliza cada vez más y camina más deprisa de lo esperado por las previsiones. Y la tercera y última es la consolidación del tramo de edades 16 a 44 años en donde hay en términos relativos una mayor presencia de extranjeros que autóctonos. La edad media de la población canaria aumenta ligeramente quedándose en los 43,03 años (0,7 puntos por debajo de la media española) cuando en 2000 estaba en torno a los 36 años.

 

Ramón Díaz Hernández es catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

 


[1] Las cifras dadas a conocer por el INE suponen un avance provisional, realizado mediante el padrón continuo que coordina los padrones municipales y a expensas del cómputo definitivo que se aprobará en los próximos meses. En este padrón de habitantes no se incluye a los españoles que residen en el extranjero, cuyo último recuento estadístico lo situó en 2,65 millones.

 

[2] Expresado en términos relativos no refleja la realidad de las cifras absolutas que sitúa a los 79.815 españoles muy por encima de los 26.331 extranjeros que desaparecieron del Padrón Continuo de 2020.

 

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