25/07/2020 - 18:51

Publicidad mediática, contenido central

Salvador García

Salvador García

La profesión periodística vive una etapa especialmente delicada. La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) promovió hace algún tiempo la creación de un Observatorio de la Crisis cuyo primer balance contiene datos preocupantes: unos cien medios cerrados desde el inicio de la crisis en 2008 y el despido de unos doce mil profesionales.

 

Aguardemos las estadísticas de la pandemia, período en el que se han agravado algunas circunstancias, especialmente en el ámbito laboral. La aplicación de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), la irrupción de la fórmula de teletrabajo y restricciones de diverso tipo han tenido una incidencia mediática que tiñe de incertidumbre el ejercicio del periodismo. Las empresas estudian la evolución del mercado publicitario que, en algunos casos, por cierto, ha ido menos mal de los esperado.

 

Otro ejemplo reciente de este momento crítico para los profesionales lo tenemos en la decisión adoptada por la agencia Europa Press, conocida el pasado viernes, consistente en el despido de dieciséis personas con el argumento de una reorganización administrativa. El comité de empresa y los delegados de personal han rechazado la medida, entre otras cosas por entender que la agencia, actualmente, no registra pérdidas económicas.

 

Desde luego, la crisis económica ha complicado la viabilidad de muchos proyectos y ha sustanciado un panorama de progresivos recortes como se refleja en la desaparición de ediciones en papel de varias cabeceras y en el cambio de un alto porcentaje de profesionales (70,6) que vieron modificadas sus condiciones de trabajo. De ellos, casi la mitad asegura (en un Informe anual de la Asociación de la Prensa de Madrid) tener menos tiempo para desempeñar correctamente su trabajo y que la inestabilidad de su puesto es constante. El déficit de la independencia económica está contrastado. 

 

La dependencia de los ingresos publicitarios aflora otro problema que tiende a complicarse y a generar, incluso, problemas de tipo ético. La publicidad, en opinión del periodista Isidro Jiménez Gómez, autor de un interesantísimo informe publicado en El salmón contracorriente, “aquel viejo intervalo entre los contenidos de los medios de comunicación, ha pasado a ser un contenido central sobre el que, incluso en algunos casos, giran todos los demás”. Es tremendo leer que, a cambio de la financiación, la publicidad impone en ocasiones ataduras más directas: el citado Informe anual de la Asociación de la Prensa de Madrid, señala que detrás del 17% de los casos de periodistas que afirman haber recibido alguna presión para modificar el contenido o la orientación de alguna información, están las empresas anunciantes.

 

Sin embargo, el aspecto más peligroso del considerado por Jiménez Gómez “noviazgo” entre el periodismo y la publicidad, “tiene que ver justamente con su indistinguible combinación: el emplazamiento de producto en informativos, los publireportajes ocultos o el uso comercial de periodistas consagrados, son fuentes de financiación cada día más frecuentes, pero ponen en duda la independencia de la función periodística”.

 

Ya hemos hablado en alguna ocasión de prácticas reprobables, también en medios audiovisuales: entrevistas clara y convenientemente tratadas, muy favorables a la difusión de un testimonio o mensaje interesado. Lo último en esa línea es el denominado “periodismo de marca”, que se materializa en medios informativos creados por empresas y que gestionan agencias especializadas. Los anunciantes utilizan la publicidad para estimular la venta de sus productos, lo cual supone ofrecer una visión interesada de la realidad, de la cual los medios de comunicación son en parte responsables.

 

Y es que al menos los medios mayoritarios han terminado entrando en las dinámicas de compras, fusiones y absorciones en las que se mueven el resto de las grandes empresas, así que la concentración del sector en unos cuantos grupos de comunicación ha sido creciente. Es otro de los aspectos que caracterizan también esta etapa y de los que seguiremos ocupándonos.

 

Salvador García Llanos es periodista.

 

Comentarios

  • Paco Falcón
    29/07/2020 - 09:58

    Cuando que se acuñó el título de “cuarto poder” a la prensa, a finales del siglo XVIII (según he leído), se apostillo que era el más importante, por su enorme influencia en la opinión pública. Hoy sabemos que un “quinto poder” se ha adueñado de todos los demás, prensa incluida, el poder económico. El mundo siempre tuvo y tendrá dueños, que nos permiten sobrevivir siempre que les sirvamos.

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