08/09/2019 - 10:32

Un ruego para el Valbanera en Teror

José Fco. Fernández

José Fco. Fernández

Como es sabido, aunque creo conveniente refrescar la memoria de las autoridades, el 10 de septiembre de 1919, se hundía el Vapor Valbanera, tras zarpar de Santiago de Cuba con destino La Habana. La inmensa mayoría de los pasajeros eran compatriotas y canarios, 488 personas perdieron la vida en un trágico y horroroso naufragio, considerado como la mayor tragedia marítima en nuestro país en tiempos de paz y que algunos recuerdan como el Titanic español.

 

En este año del Señor de 2019, se cumple el primer centenario de este luctuoso acontecimiento, que sacudió al Archipiélago Canario y sumió a sus habitantes en la pena, el estupor y el llanto. Las víctimas, en su mayor parte eran campesinos emigrantes que huían de la pobreza, el hambre y el caciquismo en busca de una tierra de esperanza y progreso para ellos y sus familiares, que momentáneamente quedaban atrás hasta poder ser reclamados después. Embarcaban hacinados con la ilusión de “hacer las américas”, sentimiento muy similar al que alentaba el “sueño americano” para los emigrantes europeos con destino a lo que hoy es Estados Unidos y Canadá.

 

Este espíritu lo refleja muy bien la obra de teatro “Yo viajé en el Valbanera”, puesta en escena con gran acierto por la aruquense Agrupación Cultural Salsipuedes. Aunque son muchos los que se han ocupado de este asunto, es muy recomendable la lectura del libro “Valbanera. Réquiem por un naufragio”, del historiador cubano Mario Luis López Isla, para conocer más detalles.

 

El incansable teldense Julio César González Padrón, que ha puesto alma corazón y casi vida para que se conmemore con la dignidad que se merece el recuerdo a los 488 compatriotas que murieron, me recordaba una anécdota cubana muy curiosa que en estos días viene de perlas, nunca mejor dicho hablando de la Perla del Caribe. Al hacer el Valbanera una escala en Santiago de Cuba, fueron muchos los pasajeros que se bajaron a dar un paseo antes de que el vapor volviera a zarpar rumbo a La Habana. Un grupo de canarios de Teror, fue a dar las gracias a la Virgen Patrona de Cuba, la Cachita como cariñosamente la llaman, cuya imagen está en la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Pero entre idas y venidas, ¡mire usted por donde!, los paisanos de Teror perdieron el barco, que había zarpado dejándolos en tierra y con ello, por chiripa o por milagro, salvaron la vida. Días después, en Canarias se recibió un telegrama remitido por un señor que firmaba como Pepe Ortega diciendo “La Virgen del Pino salvó a sus hijos”.

 

Se sea creyente o simplemente por lo que para muchos grancanarios significa la Virgen del Pino, le hago un ruego al Sr. Obispo para que durante la misa solemne que se celebrará en Teror el día de nuestra Patrona, eleve una plegaria al Altísimo suplicando que haya acogido en su seno las almas de los náufragos. Si de paso las autoridades presentes se dieran por aludidas de una u otra forma y como dicen los juristas se “les excita el celo”, ese que muchos ya tenemos suficientemente excitado, trabajarían para que se erigiera un cenotafio, monumento funerario sin cadáveres allí, en memoria de las 488 personas fallecidas en naufragio, digno recuerdo a la emigración canaria y a sus esperanzas, tristezas y alegrías, que no todos fueron como aquellos indianos recordados y festejados en los carnavales.

 

José Francisco Fernández Belda es ingeniero industrial y graduado social.

 

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