11/08/2019 - 10:32

Tres políticos canarios

Nicolás Guerra

Nicolás Guerra

Uno. Así como cualquier acusado puede mentir sin perjuicio alguno ante un tribunal español, el señor Clavijo embaucó a los votantes de CoATIción Canaria cuando dijo que el nuevo Gobierno canario lo tendría enfrente como jefe de la oposición. Por tanto el Consejo Político de CC, tras su forzada metamorfosis, lo designó presidente del Grupo Nacionalista Canario en el Parlamento. Pero el señor Clavijo es senadorizado sin pasar por las urnas.

 

Súmese a tal circunstancia la inutilidad política de una institución carente de sentido, impresionante despilfarro económico, recompensa y cobijo para quienes sirven con fe ciega a su partido. Pero, a la vez, salvaguarda temporal contra vendavales judiciales pues los senadores adquieren la condición de intocables salvo ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo... siempre que se haya recibido “la previa autorización de la Cámara” (art. 71 de la Constitución). Y el señor Clavijo -¡oh, perplejidad!- tiene causas abiertas por algún juzgado de Tenerife, ahora incompetente ante su aforamiento.

 

Pero CC ya nos tiene acostumbrados a tales comportamientos, rémora que ha carcomido su apolillada credibilidad. También senadorizó al señor Zerolo, también reo en su momento. Condenado en 2014 por el delito de prevaricación administrativa, dimitió ese mismo año. Para él, “Ser senador de la comunidad es una cosa súper cómoda, tranquila, que te permite hacer lo que te salga de la polla, eh… y tal” (ABC Canarias, 8.11.2014).

 

¿Y por qué el señor Clavijo no permanece en el Parlamento de Canarias, institución para la cual sí fue elegido por las urnas? La razón es obvia, insisto: el nuevo Estatuto de Canarias (2018) elimina la condición de ‘persona que goza de fuero o privilegio’ a cualquier parlamentario en caso de procesamiento por algún tribunal. Y la Fiscalía Anticorrupción denuncia varios hipotéticos delitos del señor Clavijo durante su mandato como alcalde lagunero.

 

Además, hay algo llamativo en su designación: si el Parlamento de Canarias está formado por setenta señorías, y todas ellas saben de los procesamientos del señor Clavijo por causas relacionadas con el ejercicio del poder en la cosa pública, ¿cómo es que a pesar de haber obtenido solo diecinueve votos -CC, su partido, tiene veinte señorías- asciende a la condición de senador?

 

¿Se abstuvieron los cincuenta y un diputados restantes? ¿Papeletas en blanco? ¿Ausencia masiva de señorías, cafetiando el buchito mientras se votaba? ¿Por qué no votaron en contra PSOE, Nueva Canarias, Podemos y Agrupación Socialista Gomera manifiestamente defensores de éticas, pudores, honestidades, recatos, integridades y decencias políticas? ¿Por qué no hubo tres actuaciones -o una con tres papeletas- para votar a cada uno de los tres candidatos y así ejercer el democrático sistema de investirlos o no por mayoría?

 

¿Tal vez se trazó compleja ingeniería -legal, eso sí- para evitar que los cuatro partidos en el Gobierno se vieran ante la supuesta obligación ética de echar por tierra la candidatura personal de los señores Clavijo (CC), Antona (PP), Ramos (PSOE) o las tres? ¿Acaso “Hoy por ti, mañana por mí”?

 

La Mesa del Parlamento es quien decide la estrategia a seguir. Y esta fue poner los nombres de los tres candidatos en la misma papeleta… pero solo se podía marcar a uno, lo cual impide votar en contra -o a favor- de cualquiera de los dos restantes. Así, tal como se hizo, el señor Clavijo también hubiera sido designado senador con su único voto. (Por cierto: de los cinco componentes de la Mesa dos son del PSOE y uno, respectivamente, de CC, NC y PP. ¿Por qué PSOE y NC aceptaron tal logística? En el caso del primero, ¿influyó el nombre de su propio candidato, señor Ramos, acaso no bien visto por señorías… socialistas?)

 

Dos. Durante la misma ingenieril votación el señor Antona fue elevado a los cielos madrileños como senador a cambio de su claudicación. Así, debe abandonar el Parlamento canario (diputado desde 2008) y la presidencia regional del PP por mandato de Madrid, sede central exquisitamente respetuosa con la decisión de los afiliados peperos canarios: en 2017 el señor Antona había ganado la elección directa para la candidatura a presidente (80,56% de los votos).

 

Dos años después, y en horas veinticuatro, Madrid castigó a quien fue capaz de actuar en contra del politburó central: lo desterraba a un segundo plano para colocar a la señora Navarro (María Australia) como presidenta del Gobierno canario con derecho a coche, inauguración de veredas y albercones, presencia en el No-Do canario, bandera y banda... pero sin bastón de mando: el poder lo ejercería CC. (Hoy, sin embargo, el señor Antona baja la cabeza ante Madrid: absoluto silencio de los suyos.)

 

El señor Antona ha tenido como única profesión la de político del PP. Y ahora -las vueltas que da la vida- su permanencia en tal empleo depende del PSOE: si convocara nuevas elecciones generales, el PP no contaría con él para encabezar alguna lista o formar parte de ella en posición destacada. ¿Razones? No solo se negó, inicialmente, a humillaciones: había apoyado, además, a la señora Sáenz de Santamaría cuando esta quiso ser presidenta nacional del PP frente al señor Casado. Y ya se sabe cómo funciona esto: demócratas sí y respetuosos con las ideas ajenas también, pero te machaco como respaldes a mi contrincante. Los apoyos internos que esperaba el señor Antona de su gente se esfumaron. (¿Quién advirtió a sus esfumados leales sobre el peligro de oponerse a Moscú?)

 

Tres. El señor Suárez, alccalde de Telde, anda en la cuerda floja. Tres iniciales actuaciones avalan su revolucionaria filosofía política: subida de sueldo, digital elección de su mujer como asesora e inmediato viaje de placer. Días después se vio obligado a destituirla para evitar el voto de censura, ¡menudo desajuste palaciego!...

 

El nombramiento de la parienta fue de todo... excepto elementalidad ética. Pero el problema no es la subsanable designación, sino la creencia de que el alcalde puede actuar como le plazca. Quizás acritud a la esencia democrática: el señor Suárez -y muchos otros- están convencidos de su condición suprema, como así creyeron los feudales.

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

 

Comentarios

  • Esperanza Guerra
    11/08/2019 - 16:12

    Pero lo peor de todo sr Guerra, es que el fichaje de la esposa del alcalde de Telde ha sido con el beneplácito de Más x Telde y Nueva Canarias. Ambos tres vinieron a regerar la política Teldese. NO HAY VERGÜENZA EN MI PUEBLO

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