05/01/2019 - 22:15

Se cierne sobre España una nube negra

María Mir-Rocafort

María Mir-Rocafort

Tienen razón Pablo Casado y Albert Rivera al calificar la situación de nuestro país como catastrófica. Se equivocan al simplificar la causa, por supuesto. El análisis de la situación de un país tan complejo como España requiere unos conocimientos y una racionalidad de la que ambos carecen, a juzgar por sus propias palabras.

 

Achacar a Pedro Sánchez el desastre que pregonan es una simplificación simplemente estúpida. Por desastroso que fueran el Presidente y su gobierno, siete meses no bastan para destruir el desastroso tejido económico y social que salió de los telares del gobierno anterior.

 

La economía va bien; sigue el curso de la recuperación económica global. La sociedad, los individuos que la componen van mal, muy mal. Y como un país no es otra cosa que un territorio al que dan vida sus habitantes, hay que decir que España va fatal. ¿Se puede afirmar tal cosa mirando atrás, comparando la miseria de nuestro pasado con la opulencia que hoy disfrutamos en casi todos los ámbitos? Se puede.

 

Le tocó a mi madre la guerra en Madrid y, además de amargar su infancia y su adolescencia, le montó en la mente un puchero con todos los ingredientes que encontrarse podían en aquel pandemonio. Para soportarlo, aquella pobre niña cantaba. Cantaba coplas, marchas, himnos sin saber ni importarle de dónde venían.

 

Años después me dormía cantándome “Te quiero más que a mis ojos” o cualquier otra historia por el estilo. Otras noches, un estado de ánimo distinto la hacía recordar otro tipo de canciones como, por ejemplo, el himno de la Falange  o el himno de la República. A veces cantaba una cuya letra me daba miedo, aunque nunca se lo dije. La canción decía, “Negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver”. Hace unos días que la memoria me devuelve esa letra siniestra una y otra vez. Y todavía me aterra.

 

Se cierne sobre España una nube negra. Y sobre el mundo también, de acuerdo, pero hoy tengo el caballete  de cara  a este país. Negras tormentas agitan los aires desde Andalucía hasta Cataluña por el este, y la borrasca se extenderá muy pronto por el resto del territorio. Nos espera una primavera negra, muy negra. Viendo a la gente tan contenta, de compras y comidas, y a los aeropuertos, estaciones y carreteras bullir de alegres viajeros con destino a sus vacaciones,  se diría que tan malos augurios son cosa de un pájaro agorero con muy mala leche. O cosa de quien tiene o saca tiempo para observar las cosas y preguntarse cómo son y por qué.

 

¿Cómo son? Depende de a quién se lo preguntemos, por supuesto. Es fácil imaginar lo que respondería un emigrante sin papeles condenado a buscarse la vida día y noche por las calles; un anciano con una pensión mínima que tiene que elegir entre comprar comida o el medicamento que necesita para seguir viviendo; la mujer obligada a vivir vendiéndole el cuerpo a cualquier putero. O sea, si se lo preguntamos a  los millones que malviven en  nuestro país con la desgracia a cuestas; esos millones a los que solo vemos o escuchamos cuando algún medio les dedica un rato llevando a algunos ejemplares a la radio o a la televisión para que cuenten sus dramas. 

 

Son muchos, de acuerdo,  pero no suficientes para alterar el  bienestar de la mayoría. La mayoría vive relativamente bien con sus claros y oscuros y altos y bajos, por no saltarme evidencias. Naturalmente, la mayoría procura defender su bienestar, y una de las maneras de defenderlo consiste en no amargarse la vida echándose encima los problemas de los que malviven.

 

La política, la sociología y hasta la filosofía neoliberal han impuesto en el mundo un individualismo egocéntrico –no digo egoísta porque el egoísmo es otra cosa y explicarlo requiere muchas palabras. Egocéntrica es la sociedad en la que los individuos viven mirándose el ombligo, encerrados en sus parcelas y enseñando los dientes al extraño que se atreve a acercarse a los límites que considera suyos.

 

Claro que ningún ser humano es una isla. El egocéntrico sabe por instinto que necesita a los demás, y esa necesidad suya, muy suya, le induce a unirse a un grupo  en el que percibe a otros seres humanos, igualmente egocéntricos, con los que,  por diversas razones, siente cierta afinidad. Este hecho que ya explicara Aristóteles, avalado, además,  por todas las investigaciones que han hecho las universidades que todo lo investigan y aclaran, sirve para explicarnos muchas cosas de las cosas negras que nos están pasando; para entender su por qué.

 

Por ejemplo, casi la mitad de los catalanes sigue ciegamente a los políticos independentistas. Sus políticos  les mintieron haciéndoles creer que la independencia era posible porque la Unión Europea y todos los países democráticos exigirían al gobierno español que permitiera a la nación catalana separarse de España; es decir, que sus políticos no tenían ni remota idea del funcionamiento del engranaje de las relaciones internacionales. Sus políticos les engañaron escenificando  la solemne proclamación de la República de Cataluña en el Parlament; república que duró ocho segundos. El Honorable President Puigdemont suspendió su república y salió por pies antes de que le metieran en la cárcel.   

 

Sin embargo y a pesar de todo, en las elecciones siguientes volvió a ganar la suma de los partidos independentistas y el President fugado pudo poner en su lugar a un inefable bendito de Dios incapaz de rebelarse con una idea propia, pero dispuesto a jugarse la cara contra todo lo español. Quim Torra, con cara de santo y mártir, no ha dejado desde entonces de arengar sin descanso a los catalanes llamando a la resistencia pacífica con tal rotundidad, que más parece que llamara a las barricadas. Ni él ni los de su partido son revolucionarios, mucho menos anarquistas. Son de derechas. ¿Y qué?

 

También son de derechas, y de las ultra, los independentistas belgas que protegen a Puigdemont, y son anarquistas antisistema los de otro partido que ayudó a investir a Torra porque con Torra iban a conseguir la independencia y por la independencia, cualquier cosa.

 

 Parece un cuento surrealista, pero es que el asunto no va de ideologías, va de una independencia que todos saben imposible y a la que sin embargo rinden culto como a la estatua de una diosa ignota. ¿Por qué? ¿Por qué tras años de mentiras, sin gobierno; años en los que Cataluña se arrastra inexorablemente hacia atrás como si quisiera llegar a la derrota del XVIII; por qué  los independentistas les siguen votando? Porque el egocéntrico independentista lleva en su alma el anhelo de independencia y en el grupo de los egocéntricos independentistas se siente comprendido y arropado.

 

Por otro ejemplo, en junio de 2016, casi ocho millones de españoles volvieron a votar por Mariano Rajoy. La política antisocial  de sus años de  gobierno y la corrupción generalizada en su partido no evitó que casi ocho millones de españoles, la mayoría damnificados por sus recortes en derechos y libertades, volvieran a ponerle al frente del país. ¿Por qué? En este caso no basta lo de la pertenencia a un grupo, aunque sabido es que hay pobres y medio pobres que se sienten menos pobres por pertenecer a un grupo de ricos.

 

A los dos triunfos de Rajoy colaboró una prensa escorada a la derecha porque la mayoría de los grupos propietarios de los medios de este país son de derechas y algunos hasta de la ultra. Las campañas de los medios contra Zapatero desprestigiaron al ex presidente a tal extremo, que solo la historia podrá reparar, dentro de muchos años, la imagen de ineptitud que consiguieron grabar en las mentes de la mayoría de los españoles.

 

Las dos explicaciones valen para comprender el triunfo de las tres derechas en Andalucía y la posibilidad de que las tres derechas se extiendan por toda España como una marea negra. Ya no vale obligarse a un lenguaje  políticamente correcto para blanquearlas. Pablo Casado y Albert Rivera mintieron durante toda la campaña acusando al presidente socialista de haber pactado con los independentistas catalanes y de haber convertido al país en un desastre en siete meses.

 

  Fue una campaña feroz, irracional, en la que ambos candidatos dieron muestras de que no había escrúpulos que detuvieran su discurso incendiario. Y la campaña terminó como terminó en Andalucía. Lo que no ha terminado ni terminará hasta que Sánchez convoque elecciones generales son los mítines cotidianos de ambos líderes en los que presumen del mismo tono soltando las mismas barbaridades. 

 

 ¿Y la ultra derecha, destacada por la prensa como triunfadora por sus doce escaños? Un vistazo a su programa nos advierte de que  los españoles podrían renunciar a los avances intelectuales y morales conseguidos con cuarenta años de esfuerzos.

 

Esa es la nube negra que nos amenaza a todos, la que oscureció a la España de la guerra y de la dictadura; una nube de miseria intelectual y moral que puede devolvernos a la España desgarrada por el odio, el resentimiento y el miedo que tuvo que sufrir mi madre. ¿Podemos evitarlo? Solo si cada cual percibe el peligro y hace un esfuerzo por analizar el cómo y el por qué, aunque solo sea por la cuenta que le tiene.

 

María Mir-Rocafort es analista sociopolítico y columnista.

 

Comentarios

  • Paco Falcón
    13/01/2019 - 10:16

    Lagrimas de cocodrilo surcan las mejillas de los Pastagansa que ven a la derecha “gobernando” de nuevo España .Mientras, los de izquierda preferimos castigar a los propios, dejando que el 30% de la mitad del censo sea mayoría.

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  • Vox y Coz es igual
    07/01/2019 - 21:07

    Yo habría titulado el artículo de manera diferente: Se cierne sobre España una nube de descerebrados, paleolíticos y retrasados.

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  • anastasio romeral
    07/01/2019 - 00:38

    En España, a pesar de analistas ultraprogres como la autora de este artículo -que no se enteran de la misa la media-, lo que hay es Vox contra el resto de partidos. Vox es la única esperanza para la patria; y el resto es tinieblas, incluida la hipócrita, globalista y pseudosolidaria Nueva Canarias.

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  • Francisco Jones
    05/01/2019 - 22:53

    España lleva años con una nube negra ,no sabría decir desde cuando se perdió el respeto al prójimo y todo vale para salirse con la suya: mentir ,robar, traicionar .Se falta al respeto ,se tergiversa la realidad y con la bendición de políticos periodistos ,artistos , sobretodo de izquierdas .Triste

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