01/12/2018 - 17:13

Confusión política

Sergio Domínguez-Jaén

Sergio Domínguez-Jaén

En aquel tiempo, estaba mal visto -y peor entendido- que asistieran al fútbol las gentes pensantes, pues era un entretenimiento de pan y circo de la dictadura. Al tiempo, empiezan las posibilidades de unas Canarias independientes: luego la palabra con los movimientos armados en las islas cayó en una especie de ambigüedad donde mentarla era casi un suicidio político. Era políticamente incorrecto hablar de tamaño disparate.

 

Luego ondeó la bandera de las siete estrellas verdes –que seguimos sin consensuar- que ni los vascos se habían atrevido a izar, en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y entró un gobierno independentista, con distintas sensibilidades, que plantó cara a la España que ninguneaba. De este trance salió un Rodríguez Doreste tan deprisa, con nocturnidad, como un avión puede, para urdir la moción de censura que desalojó a Bermejo de la alcaldía.

 

Pero entre toda esta confusión, puñaladas traperas, apóstatas y desencuentros, había un asunto que era capital y que nos preocupábamos de enmendar en lo posible y era la capacidad para analizar, ver, admitir y combatir aquello que venía siendo el pleito insular, que se respiraba hasta en las conversaciones familiares, como si estuviéramos rompiéndonos la cara por la oligarquía que era y es la que sigue empeñada en la desigualdad.

 

Entonces aparece el milagro de las Agrupaciones Independientes, que se estudió en algunas universidades en Ciencias políticas por lo complicado de una región ultraperiférica, con intereses particulares cada una de las islas y con hombres y mujeres con una visión totalmente opuesta de lo que debería ser Canarias en el futuro, con lo cual la se inventó la ingeniería democrática. Todos a una se dijeron y nace Coalición Canaria que agrupaba a cualquier partido político que tuviera como fin el reconocimiento de Canarias como nacionalidad y con entidad cultural y económica consolidada. Se unió ICAN, AM, PNC y CCN. Eso sí, tirando cada una para sí misma, hasta terminar con La Graciosa.

 

Es demasiado prolijo desentrañar los entresijos que ha ido tomando la política en Canarias desde ese momento, cuando Coalición salta por los aires y nacen otras opciones como Nueva Canarias, que poco a poco se aleja de los insularismos y se distancia de su matriz.

 

Y ahora Coalición Canaria en Gran Canaria se difumina en una alianza de juntos por Gran Canaria a sabiendas de que algunos de sus compañeros de viaje no son precisamente leales a la causa. Coalición Canaria, lo único asumible en Gran Canaria de las agrupaciones independientes, con represtación mínima en los ayuntamientos y con un vicepresidente de la isla, por eso de la compensación y equilibrio, admite que igual no supera el listón de su medida y ha caído en los brazos de la opacidad.

 

Y dice Antonio Morales que no apoyará los presupuestos porque se siente agraviado y con él los grancanarios, por la desigualdad interinsular –igual que los gomeros- y a este asunto se le llama pleito otra vez. La macroindustria del turismo-que aporta al estado más de lo que recibe- ha exigido de Canarias el pago más caro que se puede hacer a una región y que no es otra que su medio natural y cultural. Esta macroindustria que nos sostiene necesita infraestructuras y aquí entran las empresas de la construcción y la hostelería, que quieren una parte equitativa en las obras públicas que se lleven a cabo en cada isla.

 

Y son estos los que primero se quejan, pues a falta de otro tipo de industria o inversiones en otros sectores como el campo, las energías limpias, o la explotación rigurosa de la impresionante geografía de las islas, no queda otra que presentarse a licitaciones de obras que siguen consumiendo naturaleza a un ritmo asombroso.

 

Muy pocos territorios han sufrido en sus entrañas geológicas, en sus costas, en sus montañas de picón, la desaforada demanda de arrasar con el patrimonio natural, con la consiguiente resultante de que se crean empresas que intenten reparar lo que ya se había destruido.

 

No hemos podio hacer causa común entre el empresariado con una única cámara de comercio o patronal, no conseguimos, paso que hubiera sido importantísimo para Cansarías la fusión de las cajas y bancos de las islas y ni síquica hemos conseguido que un partido de futbol entre las dos provincias sea una fiesta y no un despropósito como lo ha sido.

 

No se como se nombra esta realidad y si tiene nombre propio, lo que es cierto es que no avanzamos en un autogobierno, que todos a una por una vez en la historia se logre. Y eso cuando los que tildaban el pleito insular como una herramienta de la oligarquía para desunir y emponzoñar la vida política, son ahora los que gobiernan. Y si estos, como Nueva Canarias, Podemos y otros grupos afines, no intentan un sólido acuerdo por Canarias de cara a las elecciones que se presentan, no sé si volveríamos a lo mismo que hemos querido combatir toda una vida.

 

Sergio Domínguez-Jaén es escritor y poeta.

 

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