03/11/2018 - 18:12

Y Dios habló a Bolsonaro

Sergio Domínguez-Jaén

Sergio Domínguez-Jaén

Ya le encargaron a otro profeta que proteja a los pobres y desaparecidos por la violencia que no cesa. Ya le dictaron, sin inerrancia, que levante el templo del capital, que salve a la patria, que persiga a los traidores, que encumbre a los más poderosos y que haga cumplir la ley natural.

 

Ya le habló dios a Bolsonaro, directamente , sin amanuenses, sin escribas , sin que sepa lo que está escribiendo en la historia de un estado violento como pocos, con un índice de pobreza elevado, con el mayor destrozo natural del siglo, con la expulsión de sus tierras de miles de indígenas que no conocen de fronteras ni banderas, ni himnos, ni caucho, madera, palma, oro, petróleo y de todos los minerales que hacen que miles de millones de ciudadanos del mundo porte en sus manos una micra de corresponsabilidad con esta estructura agresiva, represiva e intolerante, que es la querencia que tiene ahora mismo el mundo. El mundo, esta caseta de campaña, donde estamos un tiempo cerrando y abriendo cremalleras hacia ningún sitio, ningún lugar que posea un mínimo de justicia y equidad.

 

Y aquí está dios otra vez presente, porque no sé qué manía le ha entrado de estar siempre con vencedores, de protegerlos, de animarlos a que lleven a cabo sus políticas de igualdad social, de vivienda, de acceso a los recursos vitales, de mano dura con los pecadores que son legión y que hay que exterminarlos.

 

Ejemplos de lo que digo no hace falta mentarlos: ahí tienen a las dos iglesias ortodoxas en un terrible cisma, no religioso sino político, porque Putin y el gobierno ruso han estado y están demasiado cerca del poderoso lobby religioso: todo sea por Crimea. Y tenemos también la deriva ultranacionalista de Polonia, católica como ella sola. En cada continente hay gobiernos presididos por políticos o actores que nada tienen que envidiar a cualquier dictadura, aunque hayan salido de las urnas, como la historia nos ha señalado.

 

Y en Oriente Próximo, cercano y lejano, habita otro dios que tiene a sus hijos repartidos por el mundo haciendo salvajadas; evidentemente aquí habita uno que es el protector universal, el de los judíos, que ya ni miran a dónde disparan y da lo mismo: muertos y más muertos cada fin de semana; repartiendo hambre y sed, destrucción y demolición. Y este sí que es un dios que cuando se le mete en la cabeza la venganza es terrible, así dicen sus escrituras.

 

En Filipinas Duterte controla con mano de sangre a su pueblo, a este también lo quiere dios en sus filas; grotesco, insultante, amenazador y de gatillo fácil, ha enfrentando por igual al narcotráfico que a las guerrillas musulmanas, a los delincuentes comunes, a los enfermos adictos, o a los homosexuales, y ahí sigue mano en alto y riendo como solo pueden reír los ignorantes.

 

¿Pero cómo no vamos a tener este tipo de gobernantes si el emperador hace lo mismo? Y hay que imitarlo, para estar a la altura. Los reinos de las provincias deben imitar a su custodio, el que les cobra los impuestos con usura, el que les roba la materia prima, o el que envía tropas para proteger ese mismo filón.

 

Trump, como muchos otros tiene también su Dios personal, a él se debe y para que no haya duda, jura sobre la biblia y reza delante de millones de personas que se lo creen. Tiene a su pastor personal y también su iglesia, cosa nada particular en America del Norte, entre Méjico y Canadá, porque la iluminación los cogió de lleno y los enmendó.

 

Bolsonaro, que aún no ha tomado posesión y que ya tiene a Latinoamérica acojonada, aparece y dice que: “Esta misión de Dios no se escoge, se cumple”. ¿Cómo es posible que en estos momentos la marcha de inmigrantes que lleva miles de kilómetros por Centroamérica no tenga un dios que los proteja de las balas y la injusticia? ¿Por qué no van saliendo uno a uno los curas de todas las aldeas, pueblos, ranchitos, favelas, y se unen a ese pueblo que es al que deben servir? Ahí van los últimos, que según se lee serán los primeros: los inmigrantes, las viudas, los huérfanos, los desheredados, los que no tienen derechos…, hasta que el ser humano no cambie, no se democratizará el Olimpo. La tarea es nuestra: siempre lo ha sido.

 

Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.

 

Comentarios

  • Paco Falcón
    07/11/2018 - 18:06

    .Dios ya no es aquel Dios, ahora es solo dios. Más conocido por Don Dinero, dueño de la banca, la prensa, la alimentación, los medicamentos, las armas, las drogas, los políticos, los jueces y las personas….uf, estoy emparanoiao.

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