10/10/2018 - 18:38

El bombero y los pirómanos

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

La pasada semana, el cinco de octubre se celebró el día del docente, y como cada año pasó, una vez más, sin pena ni gloria. Ni para nosotros mismos, docentes, que hemos olvidado quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

 

Y es que no es fácil responder a estas tres preguntas cuando más que enseñante te sientes bombero, alguien que apaga fuegos por aquí y allá para que no surja el gran incendio.

 

¿Se acabará quemando el bosque algún día?

 

No sólo a los gobernantes y políticos les conviene pensar en esto.

 

Pero veamos por qué actualmente un docente no puede pensar en otra cosa que:

Cómo domesticar a una masa heterogénea de chicos y chicas que llegan después del verano sin las mínimas normas de comportamiento ni reglas básicas de convivencia.

 

Cómo multiplicarse para poder enseñar mínimamente en unas clases abarrotadas, con más de treinta alumnos y alumnas con diferentes niveles académicos, intereses y demandas.

 

Cómo gestionar necesidades educativas, sociales, personales y emocionales, diferentes y divergentes en cada uno de ellos.

Cómo motivare incentivar a quienes no quieren hacer ni dejan hacer nada al resto.

 

Cómo, después de esto, poder guardar un mínimo de energía para llegar a la casa, preparar clases, corregir ejercicios, realizar programaciones y adaptaciones, situaciones de aprendizaje, preparar tutorías, y demás encomiendas burocráticas que la administración solicite.

 

Y después de esto, además, asistir a cursos formativos, talleres y otras ofertas formativas, por el propio amor a la profesión, que a pesar del maltrato, todavía nos queda a muchos.

 

En esta vertiginosa vorágine andamos inmersos, sin poder hacer más que lo que hacemos: estar en la primera línea de batalla, asumiendo la responsabilidad que muchos padres evaden; ser guardianes de una educación maltratada y vapuleada por los diferentes políticos de turno, que están en otros temas, como el último invento de la Consejería de Educación Canaria, incentivado por los lobbys comerciales de videos juegos para introducirlos en la escuela canaria.

 

Mientras, los docentes esperamos como lluvia de mayo esas dieciocho horas lectivas, en lugar de las veinte actuales, que nos iguale con el resto de la península; la bajada de ratio por aula que demandamos hace años; la equiparación salarial con las comunidades de la península…etc.

 

Para sobrevivir, y poder sobrellevar el estrés y la carga de responsabilidad, algunos docentes optan cada vez más por reducir su jornada laboral o pedir meses de excedencia sin sueldo. Otros, con menos suerte, acusan ya el deterioro de su salud debido al estrés (dolor de espalda, estómago, depresión…).

 

No hace falta que un estudio del BBVA certifique, como lo ha hecho recientemente, que Canarias, junto con Madrid, tiene la menor dotación en recursos humanos. Lo vivimos, lo padecemos, a pesar que muchos esperan que la Consejería de Educación los llame.

 

Mientras, los bomberos seguimos combatiendo el fuego y a los pirómanos que amenazan con echar a arder el bosque.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

 

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