06/10/2018 - 19:36

El Festival Hispanoamericano de escritores en Aridane

León Barreto

León Barreto

El Festival Hispanoamericano de escritores, celebrado durante cinco días en Los Llanos de Aridane, isla de La Palma, fue una buena ocasión para comprobar que la literatura mantiene capacidad de convocatoria. Para muchos de los participantes se trataba de su primera visita a la isla, y no se fueron decepcionados.

 

Hurtando horas al sueño los invitados, que representaban a distintas generaciones de narradores, poetas y ensayistas, disfrutaron el encuentro que les posibilitó conversar con compañeros de aquí y de allá. Un diálogo intenso en el que, por distintas razones, en particular los compañeros de México y Venezuela despertaron la atención mayoritaria. Venezuela es, en estos momentos, una punzada en el corazón porque da mucha pena contemplar la ruina de este país que en su momento fue definido como la octava isla y que llegó a albergar unos doscientos mil emigrantes canarios, a los que dio la posibilidad de superar el hambre, a los que concedió una oportunidad para una vida mejor en la larga e interminable postguerra.

 

Allí fueron los paisanos en veleros clandestinos huyendo de la represión y la pobreza, allí fueron con sus papeles en regla miles de palmeros que en su mayoría se dedicaron a la agricultura, el comercio y los pequeños negocios. Muchos se nacionalizaron, fundaron familias, echaron raíces. Y ahora los autores venezolanos muestran su inmensa pena por lo que sucede en su país mientras que los escritores de México aportaron en el encuentro ese verbo torrencial, volcánico, sutil y potente a la vez, con esa fuerza literaria y ese arrastre que viene desde los orígenes, léase Juan Rulfo, léase Carlos Fuentes, léase Octavio Paz.

 

Más de treinta escritores de Canarias, la Península y países de la otra orilla, entre los que también figuraban representantes de Chile, Perú o Argentina, vivieron la experiencia del encuentro. Estaban presentes autores que han ganado el Planeta, como Carmen Posadas, nacida en Uruguay y residente en Madrid, y a última hora se incorporó el novelista francés Patrick Deville. La clausura estuvo a cargo de Luis Goytisolo, miembro de la célebre saga familiar tan vinculada con Barcelona. La Ciudad Condal fue la ciudad más europea y liberal de España durante el franquismo, allí residieron los autores más importantes del boom y a ella se acercaban con frecuencia Julio Cortázar, Octavio Paz y otros genios.

 

En los años 60 y 70 Barcelona era una ciudad avanzada, con libertad de costumbres y espíritu europeo mientras el resto de España padecía la rigidez del franquismo. Lo que para los barceloneses representaba París como lugar de libertades era Barcelona para el resto de los españoles. Goytisolo se mostró pesimista sobre la actual situación y manifestó que ninguno de los presentes en la Plaza de España vería un cambio sustancial del problema independentista.

 

La cátedra Vargas Llosa y el ayuntamiento aridanense fueron los sustentadores de este peculiar evento, que se celebró en una isla que se considera a sí misma estancada en la demografía y en los comportamientos socioeconómicos. A La Palma le convienen actos de este tipo, que pongan en valor su singularidad de pinares, laurisilva y volcanes, su observatorio astronómico del Roque de los Muchachos, su turismo rural, ese modelo sostenible que constituye una seña de identidad.

 

La Palma mantiene su tradición agrícola y tuvo un pasado cultural importante, con la generación de poetas del Barroco, con el florecimiento del denominado siglo de oro, durante el XIX, con el dato de haber sido la isla con mayor densidad periodística pues desde 1863 hasta la guerra civil allí se publicaron más de 120 periódicos de todo tipo y condición, con el empuje de la masonería y la construcción de un pensamiento avanzado frente al caciquismo. J.J. Armas Marcelo en nombre de la cátedra Vargas Llosa, Nicolás Melini como organizador, Noelia García Leal, la alcaldesa, Mariano Hernández Zapata, el teniente de alcalde, y Charo González Palmero, la concejala de Cultura, fueron los dinamizadores.

 

Y durante los cinco días hubo almuerzos y cenas en lugares tan emblemáticos como La Hacienda de Abajo de Tazacorte, con el despliegue de coleccionismo artístico que ha reunido su propietario, y en una bodega tradicional con el también usual asado de un cochino, las papas arrugadas y el vino. En definitiva, el festival fue un elogio de la amistad y el compañerismo de escritores y figuras literarias tan diversas como José Balza, Eduardo García Rojas, Mónica Lavín, Alexis Ravelo, Cecilia Domínguez y los propios palmeros. Nos cupo el honor de ser, entre todos los convocados, el único escritor nacido en Aridane.

 

Una de las incógnitas era la asistencia a los actos, así como la interacción con los alumnos de centros escolares. Debido a la proliferación de convocatorias, hoy en día la asistencia a las actividades literarias ha decaído en las capitales canarias, pero La Palma se sobrepuso a esta tendencia. Las mesas redondas registraron abundante participación, mantuvieron el interés. Tanto en el Museo Arqueológico como en la Plaza de España o El Secadero hubo presencias abundantes, y los diálogos en los centros de enseñanza integraron a un alumnado atento.

 

Asimismo, la exposición de libros de la Plaza registró ventas, y todos resaltaron esa circunstancia en un momento en que predomina el ocio pasivo y las nuevas tecnologías que monopolizan la atención de las nuevas generaciones. Pero más allá de los entretenimientos audiovisuales, a la mayoría le sigue gustando que le cuenten historias, y para eso está la literatura, capaz de crear mundos paralelos que enriquecen la realidad, que construyen otra realidad.

 

Además de la trascendencia del encuentro, es bueno anotar que está en construcción el Parque Cultural Islas Canarias que proporcionará un auditorio y espacios multiusos, será un dinamizador en una ciudad que ya es particular por su museo de pintura en la calle. Esta iniciativa se conoce como la Ciudad en el Museo, Foro de Arte Contemporáneo, y presenta pintura, escultura y grafitis, obras de Fernando Bellver, Andrés Rábago (El Roto), García Álvarez, Hugo Pitti, Francisco Rossique, Javier de Juan, Javier Mariscal, Ceesepe, Luis Mayo, Pedro González, Jorge Fin, Gonzalo González, Ouka Leele y Francisco J. Rodríguez de Armas, obras que están en restauración por sus propios autores.

 

Con poco más de 20.000 habitantes, este es el municipio más poblado, dinámico y emprendedor. La vertiente occidental de la isla es la más soleada, y por ello la prefieren varios miles de alemanes que residen allí, en forma permanente o temporal. Por su paisaje y su clima, la isla constituye un escenario adecuado para el senderismo y el disfrute de la naturaleza.

 

Luis León Barreto es periodista y escritor.

Blog La Literatura y la Vida

 

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