06/05/2018 - 09:24

"Pasen y vean, miren cómo se aman"

Luis Henríquez

Luis Henríquez

Integristas hay dizque católicos muy activos en ciertas bitácoras de Internet (principalmente de tendencia sedevacantista) que consideran que Benedicto XVI -al que algunos de estos despectivamente nombran como Joseph Ratzinger Tauber, para echarle en cara su ascendencia judía, por Tauber, pues sabido es que el fanatismo integrista dizque católico es antisemita a tope y así, sigue acusando a los judíos de pueblo deicida por culpables de la crucifixión de Cristo hace 2.000 años - es un antipapa y hereje.


También califican de antipapa hereje a Juan Pablo II, y se permiten afirmar que la santa Madre Teresa de Calcuta, "monja diabólica" para estos integristas dizque católicos, está en el infierno en compañía del hereje y antipapa Karol Woytila y del hereje Mahatma Gandhi y el no menos hereje Rabindranah Tagore. Y en compañía de todos los antipapas y herejes del Vaticano II (J. Danielou, I. Congar, Karl _Rahner, Hans Urs von Balthasar, D. M. Chenu, Henry De Lubac, el cardenal Augustin Bea y resto de artífices intelectuales del Concilio, todos los peritos conciliares, ¡a las calderas del infierno!).

 

Y por supuesto en compañía de la inmensa mayoría de los católicos conciliares -así nos llaman por lo común los integristas dizque católicos a los hijos e hijas de la Iglesia que aceptamos el Concilio Vaticano II- y la práctica totalidad de los cristianos ortodoxos, protestantes y anglicanos, y la casi totalidad de los fieles de otras religiones, ateos, agnósticos y demás librepensadores y ni que decir que las personas sin definición ideológica precisa; religiones no cristianas a las que invariablemente los integristas dizque católicos (lefebvristas o sedevacantistas) denominan religiones "inventadas por Satanás", y en las cuales por lo tanto no aprecian ningún valor o aspecto positivo, ¡y ni se te ocurra hablar de semillas del Verbo, expresión tan cara a la teología del Vaticano II pero ciertamente presente en los escritos de algunos Padres de la Iglesia, porque el Vaticano II es el Conciliábulo de Satanás y todos los que lo siguen se hacen uno con el Príncipe de las tinieblas! .


Es más: como para ciertos extremistas ultraintegristas que conforman las filas del sedevacantismo, también la inmensa mayoría de los lefebvristas, al estar conformada por herejes según el implacable dictamen de los sedevacantistas, han ido a parar, tras la inevitable visita de la hermana muerte, a la condenación eterna.

 

Y así incluso se permiten declararlo de un ciudadano argentino, seglar que se hiciera bien conocido o celebrado en los círculos tradicionalistas lefebvristas, y fallecido hace algunos años en accidente automovilístico: en algunos sitios de Internet extremadamente sedevacantistas asoman voces que pontifican que casi es seguro que el tal seglar argentino se ha condenado al infierno.

 

Porque es que lefebvristas y sedevacantistas a menudo manifiestan que se odian (en diversos sitios de Internet): se acusan de herejes mutuamente, implacablemente, cada uno de ellos considerándose -a mi juicio desde la soberbia y el rigorismo integrista más extremo- mejor católico que el otro contrincante, lanzando para ello constantes anatemas, más papistas que el Papa, arrogándose una autoridad apostólica de la que carecen. ¡A la caza del hereje, sin contemplaciones!, como si proclamaran esto mismo.


Entonces, así las cosas, si en general sedevacantistas y lefebvristas -tampoco afirmo que todos, ojo- se consideran a sí mismos como los últimos garantes de la integridad doctrinal católica y resulta que entre ellos se disparan a hacerse daño, ¿cómo me verían a mismo, por ejemplo, católico mediocre siempre necesitado de conversión, de toda clase de mejoras personales, que encima acepta el Vaticano II? ¡Católico conciliar me dirían, católico de la neo-Iglesia protestantizada me dirían!

 

¿Cómo ven de hecho a herejes como el pastor bautista negro Martín Luther King o el teólogo protestante alemán Dietrich Bonhoefer (ambos asesinados a la temprana edad de 39 años, sin duda confesantes de la fe en Cristo y por esto en gran medida los mataron), miembro este de llamada Iglesia confesante, tan perseguida que fuera por el régimen genocida nazi? Algunos, en un gesto de soberbia descomunal y por supuesto que desde el anonimato, se permiten calificar de "meramente esotérico" a un filósofo, teólogo, poeta y escritor de la talla del ruso Vladimir Soliviev, pongamos, y denominar con sistemático desprecio como "herejes y cismáticos" a los hermanos cristianos ortodoxos, hijos e hijas que son estos de una Iglesia de tan rica tradición litúrgica, teológica, mística y espiritual.


Por cierto: en los movimientos sociales en los que sobre todo hasta hace algunos años tuve cierta presencia, y en los movimientos eclesiales otro tanto de lo mismo, yo mismamente en persona nunca tuve la suerte de encontrarme con un especimen de integrista católico del género lefebvrista o sedevacantista simpatizante de tales tendencias tan rigoristamente extremas, y por ende empeñado en dividir el mundo en dos bandos: el bando nuestro, el de los únicos católicos de verdad, favoritos del Señor y ya casi que salvados, y el bando de los otros: católicos seguidores del Conciliábulo de Satanás, cristianos ortodoxos, anglicanos y protestantes, judíos, musulmanes, hinduistas, budistas, politeístas, ateos, agnósticos, librepensadores... Una lástima.

Postdata: la crisis actual de la Iglesia es una evidencia tan obvia, tan innegable, que quien la niegue me parece que... Y ciertamente, los católicos tradicionalistas son audaces y tal vez certeros en denunciar el derrumbe actual de la Iglesia. Ellos todos a una achacan tal derrumbe al Concilio Vaticano II con su reforma litúrgica, su aceptación solapada de ciertas tendencias modernistas y de la nouvelle teologie, su defensa de la libertad religiosa y el ecumenismo, su apuesta por la colegialidad episcopal, su apertura al mundo con todo el aparataje de sistemas democráticos y el consiguiente dar la espalda al Estado confesional católico (secular alianza entre el trono y el altar, que es la forma política del integrismo católico).

Que se lo pregunten al general Francisco Franco. A seis meses de la canonización del papa Montini este próximo octubre, no descubro la pólvora aquí y ahora si refrescamos la memoria recordando la desafección que siempre mostró Pablo VI hacia el régimen de Franco, por más que al parecer tras leer el testamento vital del caudillo el Papa de la Humanae Vitae exclamó: "Verdaderamente, Francisco Franco fue un gobernador católico que hizo mucho bien a España y a la Iglesia.

 

Reconozco mi error en la valoración que de siempre he tenido de él". En la década anterior, tras la elección a la Cátedra de Pedro del muy demócrata, progresista y maritaiano cardenal Montini (influido por el humanismo cristiano del filósofo personalista y neotomista francés Jacques Maritain, hombre de convicciones democráticas y no nacionalcatólicas, por ende crítico contumaz del franquismo, esto es, un hereje según el dictamen del integrismo católico, al igual que Emmanuel Mounier y resto de filósofos personalistas comunitarios -católicos, protestantes, judíos, agnósticos...-a los que yo mismo sigo siendo tan afecto), se dice que un colaborar del régimen le dijo a Franco: "Excelencia, se han cumplido las peores expectativas posibles para nuestra patria, toda vez que el cardenal Montini es ahora Pablo VI". Y también se dice que respondió Francisco Franco: "A partir de ahora, ya no existe el cardenal Montini, existe Pablo VI, y yo como católico y caudillo de España declaro mi adhesión y obediencia al nuevo vicario de Cristo".

Franco fue un gobernador católico, es decir, que entre el aplauso a su régimen, a lo que hizo por la Iglesia y por España, y el guiño cómplice a los comunistas, progres, feministas, laicistas, falsos socialistas -que cobran por no serlo, en tanto los verdaderos socialistas pagaban por serlo-, homosexualistas y demás familia de enemigos de Cristo y de su Iglesia, para mí no hay color. Y eso que ni fui ni soy franquista ni falangista ni tradicionalista lefebvrista o sedevacantista ni neocón, pero no hay color: a pesar de la miserable y tóxica campaña progre marxistoide de echar todas las culpas al franquismo para así desviar la atención sobre los crímenes del comunismo (la ideología más perversa en la historia de la humanidad: 120.000.000 de muertos en menos de 100 años de ejercicio del poder desde la URSS hasta China, desde la antigua Yugoeslavia hasta Cuba, desde...).

 

Hoy creo haber aprehendido que pese a todas las imperfecciones, abusos, crímenes, injusticias y lugares oscuros del franquismo, Franco fue un gobernador católico. Frente a tanto político de izquierda, de centro o de derecha asquerosamente corrupto y pringado por el afán de llenarse los bolsillos chupando de la teta del Estado democrático, no puedo experimentar sino repulsa. Frente a una mayoría de gerifaltes socialistas, ni que recordar que laicistas y masones para más inri, y la consideración que me merece el franquismo...

 

Con todo, me siento demócrata (democracia burguesa, liberal, representativa, parlamentaria, de todas estas maneras llamada): entre Francisco Franco y Alcide De Gásperi o Robert Schuman (políticos europeos de la Democracia Cristiana, padres de Europa ambos y actualmente en proceso de beatificación, al igual que el también democratacristiano Giorgio La Pira), mi elección está clara, por más que no se me esconde tampoco el hecho de que la Democracia Cristiana en Italia acabara salpicada de casos de corrupción espantosos: como que ningún partido político agota el Evangelio, ¡ni tampoco lo agotan los Estados confesionales (alianza entre el trono y el altar) reivindicados por el integrismo católico!

Hijo de la Iglesia que me reivindico, acepto todos los concilios, todo lo que sé de los mismos; también, por tanto, acepto la doctrina del último de ellos, el Concilio Vaticano II, cum Petro et sub Petro, con una única condición: que el sucesor de Pedro confirme a los católicos en la fe de la Iglesia, particular que con el papa Francisco, desde luego, ay, madre mía...

 

Ciertamente, el postconcilio ha traído a la Iglesia muchos males, mas yo mismo no termino de comprender y así aceptar que todos esos males tengan como causa el Concilio, esto es, que este haya sido causa propter (a causa de); el llamado espíritu del Concilio, que es la bandera de la progresía paraeclesial (los Tamayo, Forcano y compañía), sí es causante directa de muchos males que hoy día padece la Iglesia; por ende, el tal espíritu del Concilio niega de hecho casi siempre la letra de sus documentos, y cuando algunos de estos progresaurios afirman que intérpretes autorizados del Vaticano Segundo como san Juan Pablo II o como Benedicto XVI son conculcadores del Vaticano II, simplemente mienten, manipulan, tergiversan, demuelen, a sabiendas o sin saberlo, con intención que no juzgo.

En definitiva, Concilio sí, incluso aceptando que sobre el mismo la Iglesia a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe o la Pontificia Comisión Bíblica publique una especie de Syllabus explicativo de los puntos más ambiguos y oscuros de tan excepcional acontecimiento eclesial, progresuarios conculcadores y demoledores del Concilio, no.

De manera que así las cosas y siendo las que son mis fidelidades, una palabra sobre el beato Pablo VI, santo a partir de octubre. Conozco esta perplejidad principalmente emitida desde sectores católicos tradicionalistas: la canonización ya de tres Papas del Concilio lo que pretende es canonizar el Vaticano II (ya hemos dicho que Conciliábulo de Satanás para los más extremistas o integristas), cuando resulta que la Iglesia está ahora peor que nunca, atenazada y desollada viva por la más desoladora apostasía de la fe que quepa imaginar y sufrir. ¡La fábrica de hacer santos puesta en funcionamiento por el antipapa y hereje Juan Pablo II, cuando lo cierto es que la Iglesia siempre se mostró muy cautelosa a la hora de canonizar a un fiel! Cierto que el propio Pablo VI dijo en una alocución en 1972 aquello de "el humo de Satanás ha penetrado en la Iglesia", pero desde sectores tradicionalistas se le acusa de haber propiciado él mismo como Papa la penetración de ese luciferino humo y de haber sido en todo caso un antipapa, hereje, masón, gay, hombre de vida poco ejemplar y por ende nada santa, demoledor de la Iglesia con el Novus Ordo Missae que él decididamente impulsó...

Cuestiones disputadas demasiado complejas de dilucidar para una mente limitada como la mía, de manera que me quedo con su Humanae Vitae, que justamente este 2018 cumple también 50 años de publicada. La encíclica que, prolongando la doctrina tradicional de la Iglesia también proclamada por Pío XI en Casti Connubii y por Juan Pablo II (en Evangelium Vitae, Fides et Ratio y Veritatis Splendor, y en general en todo su pontificado de gran impulsor del evangelio de la vida y la familia) y por Benedicto XVI, mas hoy por hoy puesta en solfa o en entredicho por el papa Bergoglio -quien empero va a canonizar a su "admirado" Pablo VI, manda peras a la plaza-, prohíbe la anticoncepción y que, si consideramos la bajísima natalidad que impera en España, en Europa, en todo Occidente, muy pocos se toman en serio.

¡Ni los que viven en lo profesional de la Iglesia católica (docencia, sanidad, asuntos sociales...) se la toman en serio! ¡Ni algunos que van de grandes teólogos y que no son más que mindundis, trepas eclesiales, demagogos, farsantes; ergo, apóstatas! Este hecho incuestionable, tradicionalistas que por el mundo vais (lefebvristas o sedevacantistas), sí que es un asco, una vergüenza, una ignominia que precisamente pone de manifiesto lo poco católica que se ha vuelto la Iglesia católica, lo mundana que se ha vuelto, lo sosa, lo insípida, lo mediocre, lo tibia. Y claro, el mismísimo Dios exclama y nos advierte: "A los tibios vomito de mi boca", toda vez que "muchos últimos serán primeros y muchos primeros serán últimos".

 

Luis Henríquez Lorenzo es profesor de Humanidades, educador, escritor, bloguero y militante social.

 

 

Comentarios

  • Impío
    06/05/2018 - 18:00

    ¿A los tibios vomito de mi boca?¿Es que no conoce el Primperán? Un poquito más de educación señor altísimo, que hay niñ@s en el colegio.

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