17/05/2009 - 21:41

Soliloquio frente al mar

Soliloquio frente al mar

Cuando el silencio ocupa un gran espacio de la realidad, después de oír una y mil versiones que los eruditos dan sobre la realidad de la vida, me suelo quedar en éxtasis, en las nubes o si ustedes quieren, en “Los Cerros de Ubeda”, allá donde no sabes, no entiendes, no comprendes o no te interesa en absoluto lo que te han dicho como verdadero o real.

Allí, donde el desinterés puede más que tus propias ganas de querer entender algo de lo que oyes, de asimilar esa verdad oficial que se da de lo acontecido y con la cual, democráticamente, hemos de comulgar aunque no nos guste, por ser el reflejo del pensar y sentir de una mayoría aplastante, que puede incluso ser errónea, ficticia o falsa y que, como quiera que se adopta por consenso mayoritario, no es que tenga más peso su verdad, sino que pude ser más grande el sentido de su mentira.

La desmotivación que se apodera de mi ente, me induce involuntariamente a adormilarme en ese espacio incierto de mi propia realidad, donde la falta de interés te induce a un mimetismo hermético, que utilizas como caparazón protector ante las agresiones externas que te inspiran esa falta de fiabilidad que adivinas en lo no verdadero, incierto o poco real y creíble.

Todas estas sensaciones, las percibo como amenaza cotidiana que en un cúmulo de información me llega, ya sea a través de la prensa, la televisión, Internet o cualquier otra vía o medio de comunicación que invade diariamente mi espacio personal.

Es difícil, muy difícil hoy en día, sopesar o entresacar, cribar o desmenuzar el aluvión de información que nos llega, con el fin de aprovecharla en tu crecimiento personal y mejorar tus actitudes como individuo en el trato a tus semejantes, ya que, se ha demostrado un sin fin de veces y en muchísimos casos, que la información está manipulada por quien la hace, autodirigida a unos fines determinados y encaminada a la consecución de unos logros, que muy bien pueden ser ajenos o totalmente opuesto a tus propios intereses personales o espirituales.

Este cúmulo de trivialidades y la frialdad propia de la información que nos llega a través de los diferentes medios, va creando dentro de nuestra sociedad el perfil de un individuo que aunque posea muchísima información, no es por ello más culto y por ende más dado a la cordialidad en el trato que surge del respeto al pensamiento ajeno. Se presume generalmente, de estar en posesión de toda esa información que confunde con la verdad real y, no se para a pensar si ha sido manipulado o tan siquiera, si ha interpretado bien el mensaje que le ha llegado, terminando por aislarse y sentirse solo en medio de toda la urbe, en medio de una catastrófica introversión, que le encasilla en su propia soledad ahogado por toda esa información y sus erróneas creencias, que por suerte no transmite.

Antes, aún recuerdo en mis ratos de reflexión frente al mar, la transmisión cultural se fundamentaba en una serie de valores personales que ennoblecía al individuo, que se proyectaba desde el respeto para con los mayores y que bebía en la fuente de la sabiduría que éstos nos legaban, como resultado de la experiencia de sus propias vidas. Todo tenía una explicación o cuando no, el resultado de una vivencia positiva en muchos casos y negativa en otros tantos, pero que te brindaban la oportunidad de aprender de sus vivencias positivas o negativas y, usarlas para tu formación o enriquecimiento, tu realización o crecimiento dentro de la propia sociedad a la que pertenecías y en la cual tenías que integrarte, precisamente por sentirte parte de ella y, dentro de la cual te sentías satisfecho al vivir la trascendencia de esos valores como herencia hacia las nuevas generaciones.

Antes te presumías de ser trabajador, honesto, cordial, humilde, caritativo y otras tantas virtudes teologales que venían definiendo durante más de dos milenios un ente curtido socialmente y que decían, en mayor o menor medida, de la buena gente que pudieras llegar a ser.

Hoy se presume ese individuo, en nuestra sociedad actual, de no dar golpe y pasar el trabajo a los demás, de confundir la habilidad mental con la deshonestidad y el engaño a su semejante, de poner cara de mal humor por confundirlo con la imagen de la personalidad dura y pura, de ser un prepotente y un agrandado en sus minúsculos y ficticios logros, de despreciar o ignorar el estado de necesidades de sus semejantes, sobre los que necesariamente se tiene que sentir superior para auto demostrarse ser alguien o algo, de creer que todas las virtudes son tan sólo una serie de chorradas que propician el engaño o la fechoría desde la cual, se siente totalmente realizado ante el fracaso ajeno.

Es un ente de poca o corta valía, es el producto de esa ficticia o falsa información, es el antisocial en medio de la sociedad, es el fruto de un mal entendido modernismo y una errónea evolución, donde todo tiene que tener un valor económico y un espacio de tiempo limitado. No hace ningún favor si no va a ganar algo a cambio y no dedica atención a sus semejantes, por considerarlo una pérdida de tiempo como consecuencia de la nula rentabilidad. Sostiene a ultranzas el “todo vale” mientras atropella los derechos de los demás y habla de competitividad. En sus noches, la soledad ha de ser muy fría, la ausencia de sus coetáneos le amargará cada segundo y un concierto de violines tocarán notas de silencio en la oscuridad más absoluta de su dura realidad. No tiene ilusiones y tampoco percibe ningún sentimiento de amor, termina por no saber quien es o lo que es.

Prefiero saber que soy el fruto de las enseñanzas que recibí de mis docentes y estar agradecido eternamente por lo que me trasmitieron, ya que, ellos me cultivaron para realizarme profesionalmente en la vida, de lo que me siento enteramente orgulloso.

Prefiero saber que mi forma de ser, es el resultado de la educación del comportamiento que se ha formado en mi interior, con motivo de los valores personales que me trasmitieron como herencia personal mis abuelos, mis padres, muchas personas mayores, otros tantos de mi vida cotidiana e incluso algunos niños con los que he tenido la suerte de hablar y la atención de escucharles.

Prefiero, si… prefiero tener la oportunidad de pensar y sentirme bien, de saber que no estoy solo, de que puedo ayudar a otros seres humanos a sentir lo mismo que yo, prefiero saber que estoy vivo y que amo con intensidad la propia vida, dentro de la cual estás tu.

Al final, desde ese mismo espacio de mi realidad, pienso que puedo ser alguien extraño o raro dentro del contexto general, que puede que esté totalmente equivocado en todo lo que he pensado o que, este compendio de razonamientos sea una majadería más de las nuestras, dentro de la cual estoy seguro de dos cosas, que no estoy solo y que te amo, como a mi propia vida.

Ahora, amanece y… frente al mar, pienso en ti.

 

Comentarios

  • Nombre:
    06/02/2010 - 13:39

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  • Delia
    18/05/2009 - 20:04

    ¿Erudito?, en el teclado querty la v está al lado de la b, con lo cual es factible "el baile" de letras. A mí también me encantaría leer un artículo suyo. Erudito, ¿sabe por qué le le llama qwerty? No vale mirar en Internet antes de contestar.

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  • DOMINGO RAMÍREZ JIMÉNEZ
    18/05/2009 - 13:10

    Cada cual es cada cual, y otro nada más; pero, en cambio, si este "cual", alguna vez nos ayuda en poner claras y mas fuertes de aplicar, nuestras ideas, principalmente aquellas que tomamos en soñar con transformar las mismas en una realidad vital, posiblemente nos acercarmos a ellas, en el ensueño de esta realidad. Todos soñamos con un mundo transformado, hecho una realidad posible, un camino con disficultades, pero no imposible de andar. ¡Hay de aquél que no sabe soñar! Hay rincones del Planeta Tierra que son sueños de la realidad, espacios que despreciando lo material, llevan al humano a una eternidad. ¿Quién no se ha desengañado del esfuerzo que ha supuesto obtener lo material, sin haber soñado alguna vez verse volando por el espacio sideral. Por ese mundo, que siempre termina en andar junto de manos con los demás. ¿Es de idiota soñar? Soñemos juntos con los demás. Si nuestros sueños coincide, casi serán realidad. Ahí aunque dudemos encontramos la paz. Después compartirla, lo fundamental. Volver al principio de nuestro ego, a nada nos conducirá.

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  • Zenaida Amador
    18/05/2009 - 11:21

    Al parecer al erudito le interesa más la caligrafía que el contenido, ¡que superficial! me encantaría leer un artículo suyo, seguro que el dedo se le irá alguna vez como a todos,¿o es de esos que ponen el corrector ortográfico, y cuándo no lo pone le pasa lo que a otros tántos? en fin que hay algunos que hacen de un artículo, comentarios del que lo escribe, no del artículo en sí, demuestran vaguedad mental, y además intenciones no limpias. Lo importante sería averiguar si ha entendido algo . Para corregir los errores de los demás corrige primero los tuyos, y el de intentar ridiculizar por una simple errata al escribir define mucho tus defectos.

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  • Lalyta Sánchez.
    18/05/2009 - 06:02

    El erudito no ha podido desmenuzar el verdadero mensaje de la crónica... pena me da.

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  • León Artiles
    17/05/2009 - 23:15

    Erudito: la hoja te impide ver el bosque.

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  • Zenaida Amador
    17/05/2009 - 22:33

    Nadie está solo siempre hay una mano cerca tendida, el problema está en que quieras verla, es obvio que has visto esa mano por el final de tu relato, y posiblemente hayan muchas manos más que no has visto. Lo más bonito e la vida es ese momento de silencio que dedicamos a cultivar nuestro interior, dónde como bien dices, nada de lo que has oido o visto importa, solo sale una reflexión de el aprendizaje recogido y vivido, si miras bien adentro, la vida es hermosa, porque ahí dónde no solemos vivirla intensamente más que en algunos momentos del día, es dón erradica su belleza.La fuerza interna,ahí no hay dudas, no hay influencias, es tu propio yo el que habla, descubres quien eres, todo lo que tienes, descubres que lo que tienes es amor a tu lado, y una conciencia tranquila, nada perturba el momento. Bellísma reflexión, y si es una majadería de las suyas, ahora ya puedo decir que soy una majadera que admira los valores internos de otro majadero, porque ambos hemos sentido cosas muy parecidas en la soledad y el silencio.

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  • erudito
    17/05/2009 - 22:03

    aluvión va con V. De nada.

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