¡El único señor de Telde vive entre nosotros!

Antonio María González Padrón

¡El único señor de Telde vive entre nosotros!
Imagen del Santo Cristo de Telde/Francisco Javier Santana.
Antonio María González Padrón

(A la memoria imperecedera del sacerdote don Juan Artiles Sánchez).

Corrían los años intermedios del siglo XVI cuando desde la atalaya que separaba las desembocaduras de los barrancos de Jinámar y Real de Telde, un pastor que allí cuidaba su rebaño de cabras y ovejas divisó una columna de humo que partía del otrora poblado aborigen de La Restinga. Agudizando su vista, pudo contemplar cómo la hoguera que lo emitía constituía el centro de una danza que tenía por protagonistas a un buen número de gentes de color. Pero lo más que le sorprendió fue que estaban completamente desnudos y que, a falta de elementos musicales, marcaban el ritmo con gritos a manera de aullidos. A muy poca distancia del grupo se alzaba una cruz de madera de gran tamaño y sobre aquellos maderos, clavado de pies y manos, un cuerpo inerte. Entre la sorpresa y el temor, dejó todo aquello que venía haciendo en las últimas jornadas y echó a correr por tierras limítrofes de La Pardilla y El Tabaibal de San Antonio, entrando a la ciudad por el lugar que llamaban La Placetilla.

 

Tan pronto llegó a la casa de los señores Beneficados (antigua mansión de los Señores Ponce de León y hoy Archivo Histórico Parroquial de San Juan Bautista), entró en el zaguán dando palmas y llamando a voces a los prelados. Sólo unos minutos bastaron para que uno de ellos, acompañados por el Alcalde de Vara y Justicia y un buen número de miembros de la Milicia local bajaran presurosos por el Barranco Real hacia la playa de su desembocadura. Allí los hombres de armas pronto apresaron a una veintena de mujeres y hombres de raza negra,  indudablemente esclavos, que según dijeron hacía un tiempo que habían partido de Veracruz (México) hacia La Habana (Cuba) y desde ahí atravesaron la mar océano, hasta que divisando esta tierra (La Gran Canaria), de pronto se levantó un fuerte temporal que propició el hundimiento de la nave con todo su cargamento, así como su tripulación. Ellos se salvaron, a pesar de las cadenas que llevaban sobre sus tobillos porque al ver que la Cruz y el Cristo que portaba flotaba sobre las aguas, se lanzaron sobre las bravas olas para asirse al Sagrado Símbolo y después dejarse llevar por las corrientes hasta que tocaron la negra arena en donde se encontraban.

 

El cura párroco de la Matriz de San Juan Bautista (llamada así por ser la primera y única parroquia de Telde, desde que fuera creada hasta que se erigió la de San Miguel de Valsequillo a comienzos del siglo XIX) no cabía en él de júbilo. La Sagrada Imagen, a pesar del salitre y el sol, lucía esplendorosa. La autoridad civil ordenó improvisar una procesión y para ello libró de los grilletes a los esclavos para que éstos fueran porteadores del Cristo. A todos los canarios sorprendió sobremanera la facilidad con que aquellos Lo llevaban a cuestas. Más tarde se supo que a pesar de que la Cruz era de madera, la Imagen del Santo Cristo de apariencia sólida, en verdad era hueca y aún midiendo un metro ochenta de altura, no rebasaba los seis kilos y medio de peso.

 

Todo esto, nos ha sido transmitido de forma oral de generación en generación, hasta que un buen día, en la década de los treinta del pasado siglo XX, el doctor don Pedro Hernández Benítez, sacerdote e historiador teldense, lo dejó por escrito para llevarlo, algo más tarde, a la imprenta. Gracias a don Laureano Betancor Padrón, Benefactor de la Basílica Menor teldense (q.e.p.d.), esta pequeña-gran obra no se perdió en el fondo de alguna que otra biblioteca local, ya que uno de sus originales fue llevado por éste a una nueva imprenta para su reproducción facsímil. Y hoy podemos adquirirlo en la propia basílica menor de San Juan Bautista.

 

En tal obra histórica-antropológica, no solo se reseña esos primeros momentos de la estancia de la ya varias veces mentada Imagen en tierras de nuestra ciudad, también se reseña con qué asiduidad se celebraban sus bajadas, que fueron llevadas a cabo en algunas ocasiones y no anualmente como desde principio de los años sesenta, se viene haciendo (a partir de 1962 y por expreso deseo del Obispo de la Diócesis Canariensis, Monseñor don Antonio Pildáin y Zapiáin, que así atendía la solicitud cursada por el sacerdote don Juan Artiles Sánchez, la Sagrada Imagen procesionará cada catorce de septiembre por las calles de la Zona Fundacional de la Ciudad).

 

A ciencia cierta, el Cronista que esto escribe, no puede decir en dónde se colocó la Sagrada Imagen para su veneración en lo que restaba del siglo XVI, durante todo el XVII y la primera mitad del XVIII. Después de realizado el actual retablo barroco del Altar Mayor por Nicolás Jazinto, quien lo terminara en 1752, sí sabemos que se situó definitivamente en el amplio nicho superior o ático del mismo.

 

Hoy en día, la cabecera de la Matriz luce un soberbio retablo todo él de madera sobre dorada, a base de finas láminas de pan de oro. Sobre la taula del Altar, situado éste estratégicamente en el centro del mismo, se encuentra el extraordinario Sagrario de O’Campos (aunque otros afirman, no sin cierta razón que es de Antonio de Almeida, quien lo rehízo en el Siglo de las Luces). A otra altura y también centrado, se dejó un hueco para ser cubierto con el Retablo Gótico Flamenco que don Cristóbal García del Castillo hizo traer de Flandes en torno a 1516. Y a ambos lados del mismo, en nichos de bóveda de media naranja, dos bellísimas tallas de los co-patronos de la parroquia: San Juan Bautista, obra del imaginero tinerfeño Fernando Estévez de Salas (Villa de La Orotava, 3 de marzo de 1788- San Cristóbal de La Laguna, 14 de agosto de 1854) y San Pedro Mártir de Verona del grancanario José Luján Pérez (Santa María de Guía, 9 de mayo de 1756- 15 de diciembre de 1815).

 

A la primer Cruz, aquella que acompañó a la Sagrada Imagen en su travesía atlántica, hasta su varado en las arenas de Bocabarranco, la sustituyó otra muy a principios del siglo XVII. La razón esgrimida entonces fue el mal estado en que se encontraba la primigenia debido a la acción destructiva de los xilófagos (carcoma). Ésta última, también de madera, mantuvo alzado el Cuerpo del Crucificado sin mayor ornamentación por espacio de un siglo, hasta que en el año de 1704, tal vez entre éste y el año anterior, el orfebre Antonio Hernández la cubriera toda ella de una bellísima labor de platería repujada. Así se señala al pie de la misma cincelada: Esta obra se hizo con la limosna de los vecinos de esta ciudad de Telde por solicitud del Alférez Baltasar de Quintana y Juan de Monguía y Quesada. S.C.D.S. por el maestro Antonio Hernández; año de 1704. Debemos añadir que una vecina del Barrio de Los Llanos de San Gregorio dejó parte de su heredad para tal menester, la señora en cuestión no fue otra que doña María Encarnación Navarro, altruista benefactora de nuestra ciudad y sus gentes.

 

Llegados a este punto, debemos dejar constancia de la gran devoción que los teldenses y grancanarios todos han tenido por el Santísimo Cristo, desde su llegada hasta el día de hoy. Reseña don Pedro Hernández Benitez cómo, en las pocas Bajadas, que en siglos anteriores, se llevaron a cabo (todas ellas motivadas por guerras, epidemias o hambrunas), sólo el anuncio de que iban a tener lugar, cientos, miles de peregrinos partían de los diferentes pueblos y ciudades de la Isla, encaminándose hacia nuestra Iglesia Matriz de San Juan Bautista, que desde entonces se le denominó Santuario del Santo Cristo del Altar Mayor o de Telde.

 

Declarado por el fervor popular como amparo del navegante y consuelo del agricultor, siempre ha sido tenido como de Telde el Tesoro y Prenda Mejor. De ahí que, en su himno, pieza musical de primer orden, se manifiesten esas y otras afirmaciones. La letra y música compuesta en tiempos de don Pedro Hernández Benítez, cura párroco, arqueólogo, etnógrafo, historiador e ilustre Cronista Oficial de nuestra ciudad, no sólo, que no es poco, ha servido para enaltecer aún más si cabe a la Venerada Imagen, sino que, además, cuando se interpreta únicamente como música y sin letra se convierte en himno oficial de nuestra ciudad y municipio. Quede aquí reseñada la letra completa de tal armoniosa composición musical:

 

Santísimo Cristo del Altar Mayor/ de Telde el tesoro y prenda mejor/ por tu Santa Muerte, por tu gran dolor/ infunde en tus hijos la Fe y el amor./ Tus manos sangrantes puestas en Cruz/ sean nuestro asilo divino Jesús./ Por tus pies llagados por tu grande amor/ llévanos al cielo Cristo del Dolor./ Santísimo Cristo del Altar Mayor/ de Telde el tesoro y prenda mejor/ por tu Santa Muerte, por tu gran dolor/ infunde en tus hijos la Fe y el amor./ Tu frente de espinas, tus ojos sin luz/ sean nuestra vida, Divino Jesús./ Por la herida abierta en tu corazón/ haz que a ti lleguemos Cristo del amor./ Santísimo Cristo del Altar Mayor/ de Telde el tesoro y prenda mejor./ Por tu Santa Muerte, por tu gran dolor/ infunde en tus hijos la Fe y el amor./ Viniste de Indias a través del mar/ pidiendo en esta tierra, un trono, un altar./ Santísimo Cristo del Altar Mayor/ es tu Altar y Trono nuestro corazón./ De Telde el tesoro y prenda mejor./ Santísimo Cristo del Altar Mayor/ tus hijos canarios por tu gran dolor/ de hinojos te piden la Fe y el amor.

 

La autoría de dicho himno se debe a dos personas: la primera de ellas escribió la letra, se trata del Reverendo Padre don Leandro Medina Pérez y la segunda, que compuso la música, fue don Arturo Canalejas Aranda.

 

Otros compositores han mostrado su predilección por la bella Imagen de Nuestro Cristo. Tal es el caso del reverendo sacerdote don Francisco Vega García, natural el pueblo de Tejeda en las cumbres grancanarias.

 

¡Cristo bendito de Telde,/ante ti viste humillado/a aquel Padrito tan bueno, Padre del pueblo canario!/No te olvides de nosotros/ni de nuestros tristes campos. /¡Mándanos, Señor, la lluvia,/refresca nuestros sembrados/y repite como en el tiempo/del Padre favores tantos,/para seguir bendiciendo/tu nombre siempre adorado!/Santo Cristo del Altar Mayor.

 

El canariólogo Néstor Álamo Hernández (1906-1994) escribió una letra para folías, que como otras tantas canciones de su quehacer intelectual, interpretó magistralmente la isleteña Mari Sánchez. En ella, se une lo divino con lo profano, llenando todo ello de un profundo amor al Cristo de Telde, y como ya hemos recordado, llamado asimismo, Santo Cristo del Altar Mayor y Santo Cristo de las Aguas y de las Misericordias. La letra dice así:

 

Bendito Cristo de Telde, amparo del navegante/, Ay, amparo… amparo del navegante/, llévame pronto a los brazos cariñosos de mi amante/, llévame pronto a los brazos cariñosos de mi amante/, Bendito Cristo de Telde, amparo del navegante/. Cuando una canaria quiere a quien la sabe querer/. A quien la sabe, a quien la sabe querer, de tanto querer se muere/. Y muerta quiere también/. De tanto querer se muere/ Y muerta quiere también/. Cuando una canaria quiere a quien la sabe querer.

 

Esta obra nestoriana de gran arraigo popular no contó con las bendiciones eclesiásticas, ya que hacía alusión al amor profano, entremezclándolo con la devoción al Santo Cristo.

 

Dando un salto cuantitativo en el tiempo y ya en los albores del siglo XXI, el por entonces cura párroco de San Juan Bautista de Telde (1993-2007), Reverendo don Francisco González González, escribió una sentida y bellísima canción, en donde ponía de manifiesto su gran devoción por Nuestro Cristo. Pronto prendió sus acordes en la feligresía.

 

¡Oh, Señor, Pastor, luz y guía/ Tu mirada, acoge, abraza y calma;/ nos sentimos gozosos en tu presencia,/ en silencio venimos cada día./

Cada año vivimos tu Bajada,/ y el tenerte presente entre nosotros,/ es que quieres que oigamos tu llamada,/ y nos llegue más hondo tu mensaje.//

Todo el pueblo cristiano reunido,/ atraído no solo por tu imagen,/ es que lleva vibrante tu Palabra,/ que da vida, verdad y esperanza./

No te subas de nuevo a tu trono, sin dejarnos a todos convencidos,/ que tu Reino se hará más presente,/ cuando estemos todos comprometidos.//

Que aunque lejos o cerca te veamos,/ tu amistad y cariño no nos falte,/ sabes bien lo débiles que somos,/ y sin Ti,/ el caminar, duro se haría.

 

Esta oración salmódica era interpretada por la Banda Municipal de Música de Telde una vez terminado el Himno Oficial del Santo Cristo, tanto en su Bajada como en su Subida. Para la música nada mejor que el talento del entonces director de nuestra Banda Municipal don Víctor Ureña Revuelta, natural de Espinosa de Los Monteros (Burgos) afincado, durante décadas, en la Isla de Gran Canaria. Este Maestro compuso centenares de obras tales como: Pasodobles, Pasacalles, Himnos, Zarzuelas, etc. Y a él también se le debe la adaptación del primer himno del Santo Cristo a armonio, órgano, coro y banda de música.

 

El grupo musical teldense Los Faycanes, verdaderos embajadores de nuestro folclore y del buen nombre de nuestra ciudad, han grabado, hace ya varios años, una sentida folía de la que desconocen a su autor, presumiendo que se trata de un músico de origen argentino. Así, al menos, nos lo transmitió el director de dicha agrupación musical don Antonio Cejudo. La letra de dicha canción dice así: La última folía. Soy el hijo pobre, de un risco costero/Pero soy decente y un buen marinero/Al Cristo del navegante, Señor de esta tierra mía/¡Ay, Señor!/Señor de esta tierra mía,/ quiero dejar mis plegarias/Al soco de una folía/Quiero dejar mis plegarias, al soco de una folía/¡Ay, Cristo del Navegante!, Señor de esta tierra mía.

 

La costumbre de cantarle al Santo Cristo, durante su procesionar por nuestras calles, desde balcones, ventanas y azoteas, ha hecho que muchos autores se hayan comprometido a componer malagueñas exprofeso. Ese es el caso de Antonio Benítez Sanabria, autor de estas canciones. La primera reza así:

 

Al Cristo de Telde fui/ aquejado de dolor/ pasé rosas por su herida/ junto a su corazón/ Madre mía me curó. La segunda dice: Cristo que estás en la Cruz/clavado en ese madero/dale salud al enfermo/ trabajo para el obrero/ y libertad al prisionero. La tercera: Por solo treinta monedas/ Judas a ti te vendió/ el Mundo sigue esclavo/por guerra y ambición/ por el maldito dinero. La cuarta: Qué imagen más imponente/verte colgado de una Cruz/con sangre en tu costado/con lo bueno que eres Jesús/ te hemos crucificado. Y la quinta y última, lamenta la falta de lluvia: Cristo vengo del campo/ y la isla está reseca/ mándanos pronto la lluvia/ que haga correr los barrancos/ y se rebocen las presas.

 

La tradición, de la que no debemos huir ni mucho menos apartarnos, nos señala el camino a seguir. La Venerada Imagen es bajada al presbiterio cada 12 de septiembre para allí recibir los cultos que le son propios. El 14 de septiembre, sale en un trono bellísimamente decorado con flores de diverso tipo, aunque sus pies siempre estarán arropados por preciosísimas orquídeas. Cuatro grandes faroles de plata, traídos de Sevilla, iluminan de abajo hacia arriba el Bendito Cuerpo de excelsa figura (Éstos fueron adquiridos a través de donativos de la feligresía, siendo cura párroco, el anteriormente mentado don Francisco González). Para evitar que la Cruz golpee el arco ojival de la puerta principal de la Basílica y Santuario, el ya mentado Trono está provisto de un artilugio, que hace posible que aquella baje unos centímetros (aproximadamente medio metro), recuperando su altura y posición inicial cuando ya se encuentra en la Plaza de La Iglesia o de San Juan. Momento sublime, cargado de emoción. Se desatan todos los sentimientos, agolpados en el corazón de los teldenses en los doce meses anteriores. Aplausos, gritos de ¡Viva el Cristo de Telde! ¡Viva el Santísimo Cristo del Altar Mayor! ¡Viva el Cristo de las Misericordias! ¡Viva el Cristo de las Aguas! ¡Viva el Amparo del navegante y Consuelo del agricultor! ¡Viva el Bien Mejor! ¡Viva el Señor de Telde!

 

Después se enfila hacia la antigua Calle Real, hoy Juan Carlos I. Luego, avanzará lentamente a lo largo de la calle Conde de la Vega Grande, hasta llegar al lugar que llamamos La Placetilla (recorrido éste que se viene evitando en los últimos años, trocándolo por su caminar a través de la estrecha calle Duende. Perdiendo la procesión perspectiva y magnificencia). Algo más tarde, aparece junto a la casa de los Quintana Zumbado, hoy Biblioteca Pública y Archivo Histórico Municipal, para ascender calle arriba por la rectilínea rúa de La Cruz, actualmente Licenciado Calderín y ya tras la Basílica Menor, tomar la calle Doramas. Siguiendo pasos adelante hacia la antigua calle Defensores del Alcázar, trocada en nuestros tiempos por de Los Sabandeños.

 

Ahora, ya en el cruce con las calles Ciega, Pérez Galdós y Julián Torón, antes calle de Cubas, la serenidad del trono se hace patente, los portadores del mismo restan velocidad para evitar que la Imagen llegue pronto a su Santuario. En las Cuatro Esquinas se vuelve a la Calle Real, en su tramo intermedio, llamada León y Castillo. En este punto, la rúa se hace ancha y desciende hacia la Plaza de la Parroquia Matriz y La Alameda, espacio público al que se llega con desasosiego por la pronta despedida: El Señor de Telde va a entrar en su casa. Los que dirigen el trono lo giran para que la Imagen esté de frente a la feligresía reunida en aquel lugar. Y a los acordes del Himno Nacional de España, la Sagrada Imagen es introducida en el templo más antiguo y por tanto primigenio de la Noble Ciudad de Los Faycanes. Un año más, entre vítores y aplausos, se ha cumplido con la tradición. Así, desde 1962 se viene haciendo de forma ininterrumpida, excepto en los años 2019, 2020 y 2021 que por la pandemia del Covid no hubo Bajada y por tanto no se procesionó a la Sagrada Imagen.

 

El eximio poeta don Cipriano Acosta en un Opus Libri publicado en 1993, Homenaje Poético a la Ciudad de Telde, escribió unos sentidos y bellísimos versos que nos sirven como epílogo a este artículo.

 

Cristo de Telde

Cristo del Altar Mayor,/Señor de la buena muerte,/cuerpo de mazorca antigua,/secos labios que parecen/gritar su sed al silencio/de estas místicas paredes/del templo al que da su nombre/quien es patrono de Telde.// Salpicaduras de sangre/cubren tu agobiada frente/que una corona de espinas/taladra como una sierpe./Tu Cuerpo, lirio de sombra,/sujeto está en ese inerte/madero donde tus brazos,/ya sin fuerzas, languidecen,/clavados para esperarme/abiertos para acogerme./El costado cien puñales/de cien traiciones te hienden/y tus pies, que en tantas sendas/dejaron su huella ardiente,/por que mi amor te los cure/llagados me los ofreces.// Deja, Señor, que tus manos/-rosas de sangre- te bese/y las mías, pecadoras,/se tornen rosas de nieve./Abre tus marchitos ojos,/mírame, Cristo de Telde,/y no dejes de mirarme,/de perdonarme no dejes,/que así quisiera, Señor,/si te miro, verte siempre.// ¿Por qué de esa Cruz no bajas,/qué en esa Cruz te retiene?/Pues no respondes, Señor,/y si en ella permaneces,/grande debió ser mi culpa,/grande el amor que me tienes,/que si una vez me salvaste,/me salvarías cien veces./Enséñame a amar tu Cruz,/ Señor de la buena muerte,/para que muera contigo/y contigo viva siempre.// Cristo del Altar Mayor,/Santísimo Cristo: hoy de Telde/deshoja a tus pies la rosa/de su plegaria ferviente./Y un beso pone en tus llagas/y una caricia en tus sienes/y una lágrima en tus manos,/que es mucho lo que te quiere:// Cristo del Altar Mayor,/Señor de la Buena Muerte…

 

Antonio María González Padrón es licenciado en Historia del Arte, cronista oficial de Telde, Hijo Predilecto de esta ciudad y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

 

Comentarios

  • Sergio Fleitas
    22/09/2022 - 12:09

    En el año 2019 si se celebró la Bajada y Procesión del Santo Cristo de Telde

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  • José Sosa
    22/09/2022 - 11:02

    Bellísima descripción histórica y artística de la iconografía e imaginería de nuestra querida ciudad de Telde a cargo de nuestro señor ilustre y cronista D. Antonio María González Padrón. Muchas gracias por refrescarnos a través de sus estudios y conocimientos las vivencias de nuestros antepasados alrededor de la imagen del Santo Cristo. Una señora escultura de Gran Valor Patrimonial. Saludos.

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  • Manuel Ojeda.
    22/09/2022 - 09:59

    Felicidades, D. Antonio María González Padrón. Le agradezco los interesantes artículos de Historia y Tradiciones que nos regala, son verdaderas joyas. Gracias por su labor, por su tiempo, por sus esfuerzos y, sobre todo, por compartir sus conocimientos. Nos entrega usted el tesoro y valor más preciado que una persona puede poseer: el conocimiento. Gracias.

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  • María Castro.
    22/09/2022 - 09:50

    A Antonio Galván. No comparto su comentario, es una falta de respeto enorme lo que ha escrito, solo superada por el nulo interés que usted tiene por la historia y el arte, reflejo de una gran incultura. Pero nunca es tarde para emprender el camino del conocimiento, tenga la edad que se tenga, así que hágase el favor de leer, estudiar y conocer la Historia de Telde, de Canarias, y de España.

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  • Benito Benítez P.
    22/09/2022 - 00:00

    Muy buen artículo !! Y mucho dedo para arriba. Se me ocurre decir aquí, que los testamentos no siempre hay que aceptarlos, ( comentario 21.09.22/20:59). aún así parece que si, que se lo leyó.

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  • Antonio galvan
    21/09/2022 - 20:59

    Con todo mis respeto. todo esto que ha puesto aquí parecere más un testamento .que otra cosa todas las religiones tiene razón pero cual es la verdadera la suya.????y me disculpa si no le gusta mi comentario . espero que lo publique y claro mucho dedo para abajo saludos

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