Crónica apresurada de una saeta

Antonio María González Padrón

Crónica apresurada de una saeta
Iglesia conventual de San Francisco de Telde/Jesús Ruiz Mesa.
Antonio María González Padrón

Era viernes 30 de julio de 2021 cuando nos encontrábamos en el interior de la Iglesia Conventual de San Francisco de Asís, en la ciudad de Telde, Gran Canaria.

 

Días antes, el Sr. Cura Párroco de la Matriz de San Juan Bautista me había llamado por teléfono para pedirme un favor: Debía acudir al antiguo templo franciscano, pues una empresa de desinfección iría a evaluar la perentoria situación del mismo, como lo había hecho con anterioridad otra empresa del mismo ramo. El Cabildo de Gran Canaria estaba seriamente preocupado y no menos alarmado ante la situación que presentaban los techos y demás elementos de madera, debido a la continua acción destructora de los xilófagos.

 

Después del pormenorizado análisis de la situación, despedí a los operarios. Cuando ya estaba dispuesto a bajar las palancas de la luz eléctrica y dar por concluida nuestra estancia en el lugar, cerrando la enorme puerta de su entrada, vi como dos parejas de notoria diferencia de edad entraban y, no exentos de asombro, miraban y remiraban cada uno de los detalles que conforman el bellísimo legado histórico-artístico de los herederos del Pobrecillo de Asís.

 

Como sé lo frustrante que es llegar a un sitio y verlo cerrado o a punto de cerrarse, me dirigí a ellos de manera hospitalaria, diciéndoles con la mejor de mis sonrisas que me esperaría unos minutos con tal que ellos pudieran ver todo aquello que se les apeteciera. Mi vocación de Cronista de la Ciudad pronto se adueñó de mi voluntad y empecé a explicarles éstos y otros detalles, que a mi parecer, podría interesarles. Y mientras esto hacía con tres de nuestros visitantes, de reojo miré al cuarto, que parado frente al Santo Cristo de la Agonía, extasiado ante la imagen lacerante, movía sus labios a manera de oración. Llegué a él y le pregunté si le gustaba la bella talla del Crucificado, la cual había llegado a nuestra ciudad en pleno siglo XVII.

 

De pronto, ya estaba puntualmente informado de quienes eran: el matrimonio mayor, padres de la joven que los acompañaba, procedían de Sevilla. El otro, también joven, era un aruquense. Después de hablar unos instantes, el de más edad me dijo a manera de petición ¿podría cantar una saeta? Y yo, emocionado de antemano por lo que iba a ser una de las experiencias más bellas de mis treinta y tantos años de Cronista Oficial de Telde, contesté rápidamente ¡Claro que sí, por supuesto!

 

Se hizo el silencio. Todos quedamos como petrificados mientras de la profunda garganta del intérprete de la saeta, salían los primeros quejidos, fruto de un alma penitente que, por medio de este canto hondo y desgarrado, deseaba expresar sus más profundos sentimientos ante ese Hombre-Dios entregado en muerte ignominiosa por los pecados de la Humanidad. A ciencia cierta no sabemos cuanto duró la saeta ¿Acaso tienen medidas de tiempo los gestos inmortales? No, claro que no.

 

El templo vibró gracias a esa acústica ya valorada sobremanera por tantos músicos y cantantes líricos y folclóricos.

 

En un arrobamiento total, don Antonio Pérez Benito, miraba al Cristo centenario y con natural devoción le decía cuanto su alma le dictaba.

 

Más allá, cerca de la puerta de entrada, una pareja de extranjeros miraba atónitos. Tal vez se preguntaban qué era lo que estaba pasando. Ellos, nórdicos y luteranos como supe algo después, no sabían de la existencia de la saeta, pero en un español chapurreado y lleno de infinitivos, me dijeron que les había llegado muy hondo. Pues, aunque no entendieron ni una sola palabra, sí se quedaron prendados del rostro compungido y con ojos llorosos de aquel cantador natural de Utrera, que supo cantar a ese Jesús de Nazaret crucificado entre los ladrones, una saeta por seguidilla y toná.

 

Antes de mi parlamento con los guiris hablé unos instantes con esa familia andaluza-canaria y supe de ellos y el por qué de la afición de don Antonio a cantar saetas.

 

Les expliqué que en Telde era tradición celebrar la Semana Santa por todo lo alto. Y que, si bien hoy no había tantas procesiones como antes, se seguía manteniendo la llamada Magna o de los Diez Tronos. Al recorrer ésta las calles de la Zona Fundacional, desde azoteas, balcones y ventanas se lanzaban multitud de pétalos de flores. Y desde muy antiguo se alquilaban las voces de las mujeres de los guardias civiles, en su mayoría andaluzas, para que le cantasen saetas a éste mismo Cristo y a Nuestra Señora de la Soledad, imagen de vestir, salida de la magistral gubia del escultor guiense José Luján Pérez.

 

Más recientemente, aunque ya la tradición cumple algo más de cuarenta años, son voces canarias de mujeres y hombres las que cantan por malagueñas la injusticia de ver morir a un inocente, así como la tristeza suprema de una madre que es testigo de ese horrendo crimen del Monte Calvario.

 

Este Cronista no quiso pasar por alto esta mística experiencia, porque en ella se refleja el sentimiento profundo de los católicos de a pie, aquellos que no sabrán de altas teologías, pero sí de entregarse en cuerpo y alma a su Dios.

 

¡Qué pena! ¿Saben ustedes, queridos lectores, que el escenario de esta muestra devocional permanece cerrado los 365 días del año? ¿Y que, hasta aquí llegan centenares de personas a las que se les deja sin ver su interior?

 

En cualquier lugar de nuestra bendita España, un templo de las características de éste teldense, con mucho menos Patrimonio Artístico, sería de visita obligada para propios y foráneos. Tal vez se hubiese convertido en un museo de Arte Religioso, que a través de sus entradas, podría mantener el buen estado del inmueble y de cuanto en su interior se nos muestra, al mismo tiempo que sufragar el empleo de sus vigilantes. Mientras no logremos ésto, nuestro fracaso como católicos y teldenses seguirá siendo motivo de vergüenza individual y colectiva.

 

Aquí sobran los folletos y vídeos promocionales, los estand individuales o colectivos de ferias nacionales e internacionales de turismo. Una vez más, lo que se necesita es la voluntad de quienes gobierna lo eclesiástico y lo público para comprometerse en salvar del olvido esta joya de nuestro pasado.

 

 

Antonio María González Padrón es licenciado en Historia del Arte, cronista oficial de Telde, Hijo Predilecto de esta ciudad y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

 

Comentarios

  • Gloria Gómez-Pamo
    06/08/2021 - 21:35

    Conmovedor artículo. Cada vez que nos acercamos a la verja del convento, nos quedamos pegados a ella, deseando poder traspasarla. Me uno a todos ustedes en el deseo de que se llegue a un acuerdo y poder disfrutar de esta maravilla. ¡¡ Qué Dios nos escuche!!

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  • Rosario Martin
    06/08/2021 - 13:17

    Totalmente de acuerdo con nuestro Cronista Oficial y vecino de San Francisco. Antonio no has podido describir mejor la situación , cuanta gente que visita el barrio no ha podido nunca visitar esta joya, y me uno al llamamiento para que las autoridades eclesiásticas y políticas tomen las medidas necesarias para su conservación y pueda permanecer abierto durante todo el año.

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  • Auri Vega
    06/08/2021 - 12:59

    Bravo Antonío!!! Totalmente de acuerdo con lo que transmites en tu crónica. Son muchísimos los visitantes que vienen preguntando por el hermoso Barrio de San Francisco y poder visitar su magnífico templo sería el mejor colofón a su visita Desidia y tristeza

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  • Juan Ramón
    05/08/2021 - 17:16

    buenas tardes, yó soy un vecino del bárrio histórico de san francisco, y estoy totalmente de acuerdo con lo expuesto por doña clara López, yó estoy indignado con lo que está pasando en el bárrio de san francisco, la iglesia convento de san francisco está totalmente abandonada, deberían abrirla durante todo el año, también deberían abrir la casa de los sall, yá está bien de mentiras.

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  • Antonio Pérez Alonso
    05/08/2021 - 16:17

    Me llena de orgullo doblemente. Primero por ser hijo de este saetero aficionado y segundo por la calidad de la escritura de este artículo. En una reflexión sobre la saeta, diré que aún no siendo creyente en las deidades que propone el cristianismo, la repercusión en todas las disciplinas son de gran valor. La saeta es una delicia. Género difícil al ser acapella y carecer de referencias de tono.

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  • Ana María Florido
    05/08/2021 - 14:35

    Precioso relato y totalmente de acuerdo con usted. Solemos visitar San Francisco con frecuencia y mis hijas aún no han tenido la dicha de conocer el interior de la iglesia conventual. Me uno a usted para solicitar que este patrimonio artístico sea conocido por sus ciudadanos y foráneos y para que Telde deje de ser la ciudad vacía en la que se ha convertido.

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  • Francisco Sancho
    05/08/2021 - 12:22

    Precioso relato.

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  • Carlos Gonzalez
    05/08/2021 - 10:36

    Muy buena refkexion por parte del Cronista. Aprendamos de nuestros vecinos Chicharreros. No hay sino que pasear por La Laguna y ver como han puesto en valor su patrimonio historico. Poner en valor nuestro pasado para darle a Telde la categoria que se merece como.una gran ciudad que somos

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  • Clara López
    04/08/2021 - 22:41

    Otro artículo impecable. Completamente de acuerdo con la decisión de que nuestra iglesia de San Francisco esté abierta al público todo el año. No entiendo por qué dejamos que las joyas más bonitas de nuestra ciudad se abandonen de esta manera. Es una lástima.

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  • Paco morales
    04/08/2021 - 20:45

    Fenomenal nuestro cronista.en ese bello barrio que debería ser la puerta turística de nuestro municipio por histórico,por su hermosa iglesia y por el aún cerrado museo los sall.sigue al abandono de nuestros gobernantes.para que va nuestro concejal de turismo a fitur?es una muestra más del abandono de nuestra ciudad.

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