Historia y leyenda de Nuestra Señora de La Antigua

Antonio María González Padrón

Historia y leyenda de Nuestra Señora de La Antigua
Barrio conventual de San Francisco/TA.
Antonio María González Padrón

En la Iglesia Conventual de San Francisco de Telde y, más concretamente en su nave colateral izquierda, existe un altar de cantería sobrepintada erigido para Gloria de Santo Domingo de Guzmán.

 

A algunos de nuestros lectores les sorprenderán la existencia de ese retablo profusamente decorado, en cuya hornacina principal se conserva, hasta el día de hoy, una imagen de vestir o candelero del insigne fundador de la Orden Dominica; creador entre otras cosas del Santo Rosario e iniciador de los más profundos estudios teológicos. La explicación la encontramos en el sueño compartido entre un fraile franciscano y otro dominico.

 

Dice la tradición católica que era de todos conocida la animadversión que se tenían los miembros de esas órdenes religiosas. Alguna vez llegaron a las manos, cuestión ésta nada ejemplarizante. Los dominicos, desde su creída autoridad intelectual, hacían continua mofa de la, para ellos, simpleza de los adquiridos conocimientos de los seguidores del Pobrecillo de Asís.

 

Una noche aquellos frailes, a los que ya hemos hecho mención, soñaron que se les abrían los Cielos y veían con toda nitidez que por una senda estrecha en medio de dos profundos abismos, circulaban uno en post del otro, San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán. Ambos monjes pensaron lo mismo ¿Quién de los dos echaría de la senda al otro? Para sorpresa de ellos los dos Santos se fundieron en un fraternal y profundo abrazo, dando lección de eterno compromiso para gloria de la Santa Iglesia Católica y honor de nuestro Señor Jesucristo, que no en vano dejo dicho aquello de Amaos los unos a los otros como yo os he amado y en ello conocerán que sois mis discípulos. Corrida la voz de tal visión mística, las cúpulas gobernadoras de franciscanos y dominicos decidieron que, desde entonces, no existiría iglesia alguna de ambas órdenes religiosas, que no tuvieran un altar dedicado al fundador de la otra orden. Así, todo templo franciscano tuvo un Santo Domingo de Guzmán y en reciprocidad todo templo dominico tenía otro dedicado a San Francisco de Asís.

 

Pues bien, en la hornacina superior de retablo teldense, anteriormente citado, podemos observar la existencia de una pequeña imagen (no más de 45 cm. de altura), que representa a la Siembre Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de La Antigua. Hoy luce ropajes rojos, tradicionalmente reservados a La Candelaria, pues desde siempre a las vírgenes de La Antigua se les ha vestido de colores claros, mayormente blancos como símbolos perennes de Pureza Inmácula. Es ésta una imagen de vestir, me explico: solamente su cabecilla y sus manos, están perfectamente acabadas, lo que hace de ella una pieza digna de todo elogio. El resto del cuerpo no es sino una cimbra o esqueleto formado por varios listones de madera con los que se les quieren dar el volumen necesario. Según don Pedro Hernández Benítez, nuestro recordado y admirado sacerdote e historiador, también Cronista Oficial de nuestra ciudad, tanto la cabeza como las manos no fueron ni talladas, ni esculpidas, sino moldeadas ya que se hicieron de barro o arcilla fresca para después de su secado, cocerlas en un horno.

 

¿Qué dice la Historia de su procedencia? Pues don Pedro, al comprobar que no había dato alguno en los libros parroquiales de San Juan Bautista de Telde, recurrió como otras tantas veces a la tradición oral, que es amiga muy cercana de la leyenda. Según contaban los más ancianos del lugar y, según se lo contara así a don Pedro su abuela, muy a principios del siglo XX, desde siempre se tenía por cierta esta narración: Un buen día, un pastor que merodeaba por la meseta de Taliarte, vio como se acercaban unas nubes negras que hacían prever una fuerte tormenta. Queriendo guarecerse de la misma, llevó a sus ovejas y cabras hasta un improvisado aprisco en una de las cuevas existentes en el lugar, casi al borde del mar. Y cuál sería su sorpresa cuando en el interior profundo de dicha oquedad volcánica encontró un pequeño reducto y en su interior, radiante, una pequeña imagen de la Siempre Virgen María. Gran impacto causó en la sencilla mente del buen cristiano. Tomó para sí la imagen sagrada y después de pasar la tormenta, acudió a ver al Cura Beneficiado de la Iglesia Matriz de San Juan Bautista.

 

Explicó emocionado como había encontrado de forma milagrosa a aquella virgencilla que ahora portaba entre sus manos. El sacerdote no lo sacaría de su errónea apreciación, diciéndole que el milagro se reducía a que alguien, tal vez algún fraile de los que acompañaban a los conquistadores o cualquier otro devoto había dejado allí, sino que fomentó y agrandó en lo que pudo la versión del pastor. Sigue don Pedro reseñando que al poco tiempo ese pastor y otros vecinos del Barrio del Altozano, pidieron permiso para levantar a sus costas, una pequeña ermita que fuera casa de oración y mostrara cotidianamente la Sagrada Imagen de Nuestra Señora, que ya por entonces (finales del siglo XV) recibía el título de Nuestra Señora de la Antigua. Así se hizo y hoy en día en la llamada Plaza del Convento podemos ver el edificio mariano, con alguna ligera modificación y añadido de etapas algo posteriores.

 

¿Cómo es actualmente la Ermita de Nuestra Señora de La Antigua? Ésta consta de tres habitáculos, con diferentes alturas. El central es el principal, de planta más o menos cuadrangular, se accede a su entrada de arco de medio punto por una amplia escalera de tres peldaños. Su techumbre es de teja árabe sobrepuesta a un artesonado muy sencillo fabricado en madera del país, formando todo él una superficie a cuatro aguas. A la derecha de dicha estancia se abre un vano o puerta que da a una pequeña y rectangular sacristía y en el lado opuesto o izquierdo sin conexión alguna con la ermita, a no ser su pared común, también levantaron una pequeña habitación que el pueblo siempre ha denominado casa o dormitorio del ermitaño.

 

En este último caso y dando a la plaza principal o Del Convento, existe un alargado y pequeño postigo, que hace de entrada de luz y respiradero. La puerta que da acceso a tal lugar se abre hacia la actual calle de San Francisco. En este caso como en el de la Sacristía los techos son simples azoteas planas, muy ligeramente inclinadas para evitar así el estancamiento de las aguas pluviales. Debemos hacer hincapié en un elemento realmente sorprendente y que se encuentra en plena fachada: es el popular limosnero. Oquedad conformada en cantería labrada y madera tallada, en donde el feligrés podía depositar las diferentes donaciones.

 

En 1610 Fray Juan Felipe, Cuidador del convento franciscano del barrio capitalino de Triana, recibe de las autoridades locales teldenses el permiso para erigir convento, formado éste por el Cenobio, la Iglesia y las tierras de cultivos adyacentes en forma de bancales. El 1 de mayo de ese mismo año, se celebra la Santa Misa Fundacional y comienzan todas las obras. La comunidad franciscana, con muy buen criterio, nominará a su nueva residencia como Convento Franciscano de Santa María de la Antigua, aunque también se le conoció por De la Caridad. Hoy, por desgracia, nadie recuerda esos antiguos calificativos y todo se ha simplificado por Convento de San Francisco.

 

Sirvan estas líneas para hacer revivir la tradición y la leyenda, ya que ambas forman parte de una bellísima historia de almas sencillas y profundamente creyentes. A nosotros, cosmopolitas del siglo XXI, nos queda una gran labor por hacer y ésta no es otra que volver a abrir a diario las antiguas dependencias eclesiásticas, tanto la ermita como su vecina la iglesia franciscana. Éstas deben ser musealizadas para que presten un servicio de atracción turística al Conjunto Histórico Artístico Nacional de nuestra Zona Fundacional.

 

A la vez que, los que somos católicos, podamos asistir a los diferentes actos religiosos que allí nos convoquen, a saber: festividades de : La Inmaculada Concepción de María, de San Francisco de Asís, de San Diego de Alcalá, de San Antonio de Padua, de Santo Domingo de Guzmán, de Santa Rita de Casia, de Santa Lucía y por supuesto la más importante y necesaria, la que conmemora esa ancestral advocación mariana, que no es otra que la dedicada a Nuestra Señora de La Antigua. A los sacerdotes, a la feligresía cristiana-católica y a la ciudadanía toda recordarles el viejo y sabio refranero español que reza: Obra son amores y no buenas razones.

 

Antonio María González Padrón es licenciado en Historia del Arte, cronista oficial de Telde, Hijo Predilecto de esta ciudad y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

 

Comentarios

  • Jesús Ruiz Mesa
    17/06/2021 - 16:13

    Andar por el barrio conventual de San Francisco de Telde, es un lujo recorrer las huellas iniciales de sus fundadores por el siglo XVII y posteriores legados religiosos, sociales y culturales de esta joya de nuestro patrimonio que, sin lugar a dudas, debe estar protegido , cuidado y conservado. Enhorabuena a don Antonio M.Gonzalez Padrón. Estas crónicas deben ser recopiladas y publicadas.

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  • M. Teresa
    17/06/2021 - 13:16

    Interesante y voto para que las Iglesias y ermitas ...se misealisen y estén abiertas, al público. Como indica el autor de la crónica.d.Antonio González.

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  • Marisa Rosa .
    17/06/2021 - 10:02

    Como siempre un placer leer a Don Antonio M. Gonzalez Padron mucho mas escucharle .Me pregunto todas estas intervenciones estan recogidas en algun libro? .Sera posible que patrimonio. Recoja el proposito de. Revalorizar este espacio.y la joya que constituye el barrio.

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