Las fiestas tradicionales en Telde y su comarca (II)

Antonio María González Padrón

Las fiestas tradicionales  en Telde y su comarca (II)
Procesión religiosa en Los Llanos de Telde en 1956/Archivo.
Antonio María González Padrón

El texto que a continuación publicamos es la parte complementaria del estudio, que hemos realizado sobre los múltiples festejos de la ciudad de Telde y su área de influencia.

 

El 17 de noviembre de cada año se presta la ciudad a celebrar la festividad de su copatrono San Gregorio Taumaturgo, es la fiesta en la que comienza oficialmente el invierno para los teldenses. Tradicionalmente siguen las mismas pautas que las de San Juan Bautista, pero por el carácter comercial y popular de la zona, solían ser más animadas con más vida de calle. El paseo se realizaba en parte de la antigua calle General Franco, hoy Avenida de la Constitución, Plaza de San Gregorio, Calle María Encarnación Navarro y Plaza de Arauz, también llamada Parque de León y Joven, hoy de Franchy Roca. Dicho deambular de jóvenes y no tan jóvenes, era amenizado por la Banda Municipal de Música, bien con un alegre pasacalle o desde el quiosco de la Plaza de la Parroquia.

 

A diferencia de San Juan Bautista, en la festividad del Santo Taumaturgo, se llevaban a cabo representaciones teatrales, ópera y zarzuela, protagonizadas por grupos de aficionados, entre los que destacaba la familia Falcón.

 

El público aplaudía a rabiar la escenificación del Ataque de Drake: Un castillo realizado a base de cartón-piedra y pintado imitando tapiales de cantería, iba a rivalizar con un barco de vela hecho del mismo material. La fortaleza de unos veinte metros de longitud y solo elevada en su frontal, estaba pertrechada con sendos cañones, también de cartón-piedra; a su lado hombres vestidos a la usanza de los tercios de Flandes del siglo XVI, con picas, espadas y relumbrantes cascos de latón.

 

Éstos gritaban sin cesar ¡Santiago y cierra España!¡Telde por Castilla! ¡Telde por el rey! ¡Telde por España! Los que venían en el barco, supuestos corsarios ingleses, lanzaban sus bocanadas de artillería a manera de confetis y humo sobre el castillo y, los castellanos hacían lo mismo contra ellos. Llegados unos a la cercanía de los otros, salían a su encuentro, chocando cuerpo a cuerpo en la improvisada batalla de la playa de Melenara, hoy trasladada por la fantasía a las inmediaciones de la Plaza de los Llanos. Batidos en encarnizado combate los ingleses, se oían los vítores de los teldenses y una voz sobresaliendo a aquellos recitaban el poema de Lope de Vega compuesto para gloria de los teldenses y vergüenza del pirata Drake. El secretario del Ayuntamiento recordaba la gesta y titulaba a la ciudad de noble, leal, invicta y hospitalaria para regocijo general de todos sus ciudadanos.

 

Esta escenificación de un hecho histórico tan relevante, que sepamos, se comenzó a realizar a principios del siglo XX y se mantuvo hasta el fin de la monarquía de Alfonso XIII (1931).

 

La procesión que acompañaba al Santo Patrono discurría desde la Iglesia Parroquial por las calles Juan Diego de la Fuente hasta llegar al lugar conocido por La Planta de la Luz, en recuerdo a la fábrica de electricidad que hacía años había fundado ahí Don Juan Rodríguez Quegles. Allí el trono del Santo paraba y, mirando a los campos de labor de pan llevar o pan traer (campos de trigo y cebada) del Caracol, lo levantaban de detrás, haciendo una especie de reverencia conocida como La Bendición de los Campos, tradición ésta que no se ha perdido con el tiempo, como tampoco se ha hecho con el llamado Arrojo, acción por la cual la feligresía lanza, desde azoteas y ventanas, flores o trigo al rostro de San Gregorio. Si el año ha experimentado la sequía de forma contundente la cara del Santo recibirá los puñados de trigo en acción de castigo, en cambio si las lluvias han sido abundantes un rocío de flores caerá sobre él. La marcha seguía por la calle Ruiz hasta el lugar que llamaban El Abrevadero, que estaba junto al colegio Labor, antigua calle General Franco, hoy Avenida de la Constitución, y desde ahí ascender hasta la Plaza y el Templo Parroquial.

 

Dos procesiones históricas marcaron el ritmo del calendario de la parroquia de Los Llanos de San Gregorio.

 

Dos procesiones históricas marcaron el ritmo del calendario de la parroquia de Los Llanos de San Gregorio. Una para la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, que salía en procesión gracias a los desvelos de esa excelsa dama que fue Dª Cristo Betencourt de la Coba, pero ya en los años setenta dejó de procesionar. No así María Auxiliadora, Patrona del Colegio de su nombre, regentado desde 1948 por las Salesianas. Cada 24 de mayo, desde la iglesia parroquial de Los Llanos a la capilla del centro escolar, transcurre la procesión en medio de los cientos de alumnas/os y exalumnas/os, acompañados por sus padres y simpatizantes de la Obra. Hasta los años setenta, la Virgen procesionaba, seguida de otros dos tronos, uno portaba a San Juan Bosco y el otro a Domingo Savio, referentes del sentir salesiano.

 

Las hermanas salesianas, nuestras Sores, preparaban con toda suerte de detalles dicho acto devocional. En el pasado las niñas y niños acompañantes iban de gala y también vestidos de primera Comunión. Fervorosamente unas pupilas/os minuciosamente elegidos, eran vestidos a la manera de ángeles con sedas rosas y celestes, sin faltarles sus alas de pluma y todo ello para dar mayor teatralidad a la manifestación sacra.

 

De la Semana Grande, también conocida como Semana Santa, solo reseñar que las procesiones comenzaban el miércoles y concluían el sábado santo. Eran varias las que marcaban esos días de recogimiento absoluto. En el interior de los templos, todas las imágenes se cubrían con paños de color morado para que no distrajeran a los feligreses que acudían a los llamados Cultos. También se realizaban los llamados Monumentos que entre creatividad y flores exaltaban la Eucaristía. Los más entregados devotos traían ingentes cantidades de las más variadas flores para adornar a éstos y a los tronos.

 

En la Parroquia Matriz de San Juan salían al menos cuatro procesiones. Comenzaban con la de La Burrita o Entrada Triunfante de Cristo en Jerusalén, que por aquí llamábamos de Los Ramos. En ésta los niños y niñas que habían hecho la comunión ese año acompañaban al asno que portaba a Jesús entre vítores de alegría. Al ser la talla en cuestión propiedad de las Parroquias de San Juan y San Gregorio, un año salía de arriba hacia abajo y otro año al contrario, hasta que a mitad de los años setenta se quedó definitivamente en la Parroquia Sanjuanera. La segunda era la del Cristo Predicador, la tercera la de La de Pasión y Muerte y, la cuarta la concurridísima de La Soledad o El Silencio. La segunda y tercera iban por las rúas del barrio de San Juan y la cuarta por las empedradas calles de San Francisco, en este último caso se apagaba el alumbrado público, y solo se iluminaban los pasos de las gentes con farolillos encendidos para la ocasión. Con la llegada de D. Teodoro Rodríguez y Rodríguez a la Basílica Menor se cambió de criterio a la hora de procesionar a dichas imágenes. Este sacerdote, con muy acertadamente, unificó las procesiones de Semana Santa en lo que se llamó Procesión Magna, en donde salían diez tronos, y la fecha elegida para ello fue cada Viernes Santo. La única procesión que siguió su ritmo y su individualidad es la de la Burrita o Cristo Triunfante entrando en Jerusalén.

 

En la Parroquial de San Gregorio se llevaba a cabo en pleno siglo XIX, al menos en su segunda mitad un Auto Sacramental, en donde se representaba La Última Cena, La Oración en el Huerto, El Prendimiento, El Encuentro entre María y San Juan Evangelista, El Viacrucis o Portación de la Cruz por Cristo y Simón Cirineo, El Encuentro de Cristo con la Verónica y La Crucifixión. En un primer momento, tenemos noticias que todo se desarrollaba en la Plaza delante mismo del Templo, pero a partir de los años diez del siglo XX, se fueron adquiriendo varias tallas que representaban a los distintos personajes de esos momentos históricos y éstos vinieron a sustituir a los actores y actrices amateurs. Esta procesión tuvo una gran difusión a nivel insular, llegando gentes de toda la isla para participar en ella. Su recorrido era idéntico con el Santo Patrono San Gregorio, pero las representaciones de los diferentes episodios se hacían en El Abrevadero, Calle General Franco a la altura del bar de Buenaventura, y delante mismo de la Plaza Parroquial.

 

En diciembre y concretamente el ocho de ese mes, la Inmaculada Concepción, en el pago teldense de Jinámar, festividad y procesión ésta de las primeras documentadas en la Diócesis Canariensis ya que, en las Sinodales de Muros en 1506, ya hay constancia de ella. Esta fiesta siempre estuvo unida a la recogida de la zafra de la caña de azúcar y a la recolección de las naranjas, de ahí que se una el mercado de estos productos con los actos religiosos a la Siempre Virgen María. En su procesión, miles de feligreses adultos portaban a manera de vara o bastón, cañas dulces y los niños atillos de naranjas, que luego serían degustados en sus domicilios.

 

En los años sesenta del siglo pasado, el matrimonio formado por D. Matías Vega Guerra y Dª Clara Sintes Rodríguez, en su finca de Tara, sufragaron los gastos de la fábrica de una nueva iglesia, hoy sede parroquial, bajo la advocación de Ntra. Sra. de Candelaria. La tradición señala como en épocas prehispánicas o tal vez paralelamente a la Conquista Castellana, en la parte baja de dicho promontorio, en la toba volcánica, se horadó una cueva de forma circular y bóveda, en cuyo fondo se realizó otra que, a diferente altura, presenta una forma rectangular. La anterior construcción troglodita es conocida, desde siempre como la Cueva de la Virgen, ya que sirvió como primer oratorio o ermita para los lugareños. La pequeña imagen fue llevada a las Palmas de Gran Canaria en los años veinte, y devuelta por el matrimonio antes aludido, para que ocupara un lugar preeminente en el nuevo templo.

 

En la víspera de su festividad, nada más iniciarse el mes de febrero, la Sagrada Imagen parte de su cueva primigenia hacia la iglesia de estilo neogótico, acompañada por cientos de feligreses que portan en sus manos farolillos y cirios, es la que se conoce por la Procesión de las Antorchas, rescatada a mitad de los años ochenta por el cura párroco de San Juan Bautista, D. Teodoro Rodríguez y Rodríguez, después de leer una pequeña investigación, del que ésto escribe realizada tras una conversación mantenida con algunos ancianos del lugar.

 

En los últimos cuarenta años, han proliferado las asociaciones de vecinos, y algunas de ellas han colocado en sus sedes sociales pequeños oratorios o altares, como el de La Primavera-Vista de Telde, dedicado a Santa Águeda. 

 

En los últimos cuarenta años, han proliferado las asociaciones de vecinos, y algunas de ellas han colocado en sus sedes sociales pequeños oratorios o altares, como el de La Primavera-Vista de Telde, dedicado a Santa Águeda. En otros casos los santos patronos de un lugar siguen siendo propiedad privada, como pasa en el cercano Caracol con San Ramón Nonato, que generosamente es prestado a la feligresía cada año por sus fiestas. En Caserones, por lo contrario, gracias a la fortaleza moral de sus pobladores, guiados por algunas personas de gran vocación social, se llevó a concluir una moderna iglesia dedicada al Santo Cristo y a Santa Bárbara, que depende de la parroquia de San Juan Bautista.

 

Con el tiempo otras manifestaciones festivas se fueron sumando a éstas más tradicionales, tales como las que se vienen desarrollaron en nuevos espacios habitados. De los sesenta y siete barrios y pagos, que aproximadamente tiene el municipio de Telde, todos ellos cuentan con fiestas propias, casi siempre de tipo religioso católico, entremezclando actividades lúdico-culturales y deportivas. Fenómeno aparte es el de algunos eventos cívicos con categoría de fiestas como son la Traída del Agua en El Lomo Magullo, la Fiesta de la Naranja en la Higuera Canaria, etc.

 

Algunos han querido ver en la primera de ellas una rememoración de tradiciones “supuestamente aborígenes”, aunque nada más lejos de la intención de sus creadores. Éstos, en los años sesenta pasados, se reunieron para recrear la traída del agua, desde las acequias o atajeas a las casas, por mujeres y niños principalmente. La liturgia del día de la traída hacía que las gentes fueran con recipientes de barro cocido, tallas en su mayoría, en la cabeza o sobre los hombros, hacia los cursos de agua y desde ahí regresaban a las inmediaciones de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de las Nieves, en cuya puerta colateral derecha esperaba el Señor Cura Párroco, quien bendecía el líquido y éste sería posteriormente lanzado sobre aceras, quicialeras de puertas y ventanas, y de paso sobre algún parroquiano.

 

Más tarde se le puso música con la activa participación de la Banda de Agaete u otra de parecido repertorio. Hay que lamentar que en los años ochenta y noventa se fuera desvirtuando con la afluencia masiva de foráneos portadores de recipientes de plástico, bañadores; todo ello adobado con buenas cantidades de ronetes. La sensación de despropósito festivo hizo que los organizadores y las autoridades municipales intentaran corregir tales situaciones, y en los últimos años se ha logrado, si no volver a los orígenes, sí que las traídas tengan mayor grado de urbanidad.

 

En la Fiesta de la Naranja, todo comenzó como una muestra o feria de ese cítrico, en un lugar en donde era tradicional su cultivo. Las gentes decían en Telde desde Cazadores a Las Salinetas, en marzo y abril azahares, en noviembre y diciembre naranjas, y todo el año alegría. En los mercados se oía ¡naranjalas usitas de la Higuera Canaria!

 

La Asociación de Vecinos de los Azahares, formada en su mayor parte por jóvenes de ese barrio teldense, crearon un día de fiesta en torno a la naranja, no solo exponían, degustaban y vendían naranjas, sino que hacían un mercadillo de artesanía, y como colofón entregaban el premio La Naranja, a personas de indudable prestigio social y cultural, para ello contaban con un jurado y con la muy estimable ayuda de la Joyería Esmeralda de la Calle Mayor de Triana, quienes de forma artesanal realizaban un pin de oro en forma de naranja, que sería colocado sobre la solapa del premiado de cada año.

 

Para finalizar el presente artículo que, a pesar de su tamaño, es solo una aproximación al hecho festivo en Telde y su comarca, tenemos que traer a colación las populares fiestas de la Playa de Melenara, que por sus características especiales pasamos a explicar con toda suerte de detalles.

 

Corría el año 1947, cuando el Obispo Pildain y Zapiain, haciendo caso al cura párroco de San Gregorio Taumaturgo de Los Llanos de Telde, toma la decisión de crear en breve, una nueva parroquia hijuela de la antes mentada. Con un territorio por definir, y sin tener muy claro bajo que advocación ponerla. Don Antonio, hombre de principios éticos y morales inamovibles, como príncipe de la Iglesia, sabía muy bien cuáles eran sus potestades, así que decidió todo lo concerniente a la nueva parroquia de la siguiente manera. Punto uno, la cabeza visible de la misma debía estar situada en las inmediaciones de la Playa de Melenara, la más popular entre las del litoral teldense. Para ello se habló con diferentes propietarios de la zona, a saber: Don Juan Gómez, Don Juan del Río y Don Eladio Betancor. El primero de ellos propietario de la Finca de Las Salinetas-Las Clavellinas-Melenara; el segundo de la Finca de Las Rubiesas-Melenara, y el tercero de la Finca de Las Rubiesas-Taliarte.

 

Fue Don Juan Gómez y con posterioridad sus herederos quienes dieron cumplida satisfacción a los sueños del Prelado, haciendo efectiva la donación de una amplísimo solar en la Meseta de Las Clavellinas, no sólo suficiente para levantar la primera iglesia, cuyas dimensiones eran de seis o siete metros de frontis por veinte/veintidós de fondo, sino para la posterior construcción de una iglesia de mucho mayor tamaño, así como casa parroquial, sacristías y un pequeño centro cívico. Un diáfano espacio junto a los edificios anteriormente definidos, darían lugar a una notable plaza para el recreo de los vecinos.

 

Los planos se encargaron al artista teldense José Arencibia Gil, quien se deja influenciar por cierto neocanarismo. La fachada principal era muy simple bajo arcos de medio punto se desarrollaba una entrada central y dos ventanas situadas a ambos lados de la puerta. La pared que se prolongaba por la parte derecha, al estar unida a una casa de construcción más antigua carecía de ventanales, pero la izquierda la desarrolló con cuatro vanos altos, reproduciendo las dimensiones y formas de los de la fachada. El tipo de techumbre era de las llamadas planas o de salón, soportadas por cuatro columnas, lo que hacía de su interior un templo de tres naves, siendo la central el doble de ancha que las colaterales. El pavimento era de lozas de cemento prensado en gris, blanco y negro, y el altar, modificado con posterioridad al Concilio Vaticano II, estaba compuesto por una mesa sobre pilastras, todo el de mármol blanco, en este caso los donantes fueron Doña Carmen Ramírez y Don Francisco Acosta, este último industrial del ramo.

 

El territorio parroquial resultó amplísimo, pues partiendo de Las Clavellinas y siguiendo la línea de costa iba a parar a la desembocadura del Barranco de Aguatona-El Draguillo, junto a la Torre de Gando, subiendo por el cauce central de dicho barranco hasta encontrarse con la antigua carretera de Telde- El Ingenio, desde ahí seguía por la parte alta de El Goro y Las Huesas, subiendo por el Barranco de las Bachilleras hasta lo que antiguamente se llamaba La Fonda y hoy se conoce como El Calero Alto, desde ahí partía hasta el Barranquillo de Marpequeña y por el hasta encontrarse con el mar y siguiendo la costa por Hoya del Pozo, Playa del Hombre, El Castellano, Las Cuevas de Taliarte, Taliarte y las arenas de Melenara, llegar de nuevo a la sede parroquial. Así se dividió la antigua parroquia de San Gregorio Taumaturgo, traspasando a la nueva el cuatro por ciento de su población y el setenta y cinco por ciento de su territorio.

 

El ajuar con que contaba la iglesia era bien sencillo, todo el formado por donaciones que poco a poco le realizaron a su favor algunos veraneantes de la zona. Llamativas fueron las de Don Juan Mayor Martín, quien fuera alcalde de Telde durante la Segunda República por el partido Republicano Federal de Franchy Roca, éste junto a su esposa entregaron al templo la imagen de quien sería su patrón el Santo Cura de Ars.

 

¿Por qué esa advocación para la nueva parroquia? Los deseos de Pildain, fue honrar por primera vez en España a San Juan María Vianney, patrono de los confesores, al que siempre había admirado profundamente.

 

Las fiestas de la playa, como popularmente se le conocen, siempre contaron con gran número de asistentes. Los actos en si variaron cada año, conservándose la Diana Floreada, los mojigangos, papahuevos o gigantes y cabezudos, las travesías a nado, competiciones varias entre las que destacaban los juegos de cartas y concretamente los de la zanga, el domino, la pesca en diferentes modalidades, etc. Y algún año que otro, se ha contado con la bella imagen de los botes de Vela Latina. Pero de todo lo que se lleva a cabo durante esos días, en el pasado lo que más atraía a las gentes era su procesión marítimo-terrestre, que, partiendo de la iglesia de Las Clavellinas, se acercaba a la zona conocida por los barquillos, junto al viejo espigón del muelle de Feiffer, para ahí en tres barcas previamente engalanadas y bajo arcos florales de palma, cobijar las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Carmen y el Santo Cura de Ars. Embarcados con destreza, son llevadas a la costa de Taliarte y después atravesando las aguas de Melenara y Las Clavellinas llegar a las arenas de Las Salinetas. Desembarcados los santos, y mientras las naves regresan al punto de partida, estos son llevados a hombros del extremo norte al sur de dicha cala. Para después de un periplo terrestre llegar de nuevo a la parroquial. Los fuegos de artificio, las campanas, los bucios o caracolas, la Salve Marinera, las oraciones, los vivas, los aplausos, los devotos vestidos según sus promesas y otros descalzos, así como las numerosas barcas desde donde se lanzan baldes de agua, unos a otros, forman parte de una liturgia religioso-profana que triunfa cada año.

 

En los últimos veinte años, cada vez adquiere mayor entidad y prestigio entre propios y extraños la noche previa a la procesión, pues son los fuegos artificiales lanzados desde el mar lo que hacen las delicias de las más de 10.000 personas que se congregan en las arenas de Melenara y en los riscos de Taliarte y Las Clavellinas. Estruendos y colores crean la magia de un espectáculo de gran atractivo y poco usual en este Archipiélago.

 

Cuando ya iba a dar por concluido el presente artículo, tuve una muy fructuosa conversación con mi colega y amigo el Ilustre Cronista Oficial de Santa Brígida, don Pedro Socorro Santana, el cual me remite una serie de noticias sobre la fiesta de la catumba que según parece se llevaba a cabo en las negras arenas de Melenara en los últimos años del siglo XIX, así al menos queda recogido el día 19 de mayo de 1899 por el rotativo grancanario las efemérides. Todo hace pensar que esta fiesta de la catumba fue muy popular al menos entre veraneantes y amistades, ya que el poeta y dramaturgo teldense Montiano Placeres Torón, habla de ella de pasada en alguno de sus escritos. En ellos evoca las noches de parranda amenizadas con sonoras habaneras y no pocos tragos de ron. Larga vida tuvo tal celebración, pues en 1933 el 21 de mayo, en el periódico insular El Tribuno, se vuelve a hacer mención de la misma. Tenemos que indagar sobre esta fiesta porque también se llevó a cabo en torno a la iglesia de San Telmo en Las Palmas de Gran Canaria y no está muy delimitado su sentido religioso o pagano. Quede constancia aquí de su existencia con el agradecimiento al investigador antes aludido.

 

Así concluimos el presente artículo, con la intención que no se pierda en la desmemoria colectiva algunas de nuestras fiestas más tradicionales. La ciudad de Telde y su comarca, hoy en día, supera con creces los 110.000 habitantes, buena parte de ellos son teldenses de primera generación, pues sus padres y abuelos llegaron a éstas desde los más diversos lugares, tanto de esta isla como más allá del mar y, por lo tanto, no son correa de transmisión de nuestras tradiciones, sino de aquellas que formaban su acervo cultural natal. De ahí que este cronista haya sentido la necesidad de dejar por escrito lo poco o mucho que sabía de nuestras fiestas más tradicionales, aunque repito, de cada una de ellas podríamos hacer un estudio mucho más profundo que seguramente daría como resultado un voluminoso tomo de antropología, historia, arte y folclore. No obstante, sirva este artículo como adelanto de otros que en el futuro nos hará recalar de nuevo en las fiestas tradicionales de nuestra ciudad y su municipio.

 

Antonio María González Padrón es licenciado en Historia del Arte, cronista oficial de Telde, Hijo Predilecto de esta ciudad y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

 

Comentarios

  • ARNALDO OJEDA CRUZ
    12/04/2021 - 23:43

    Grato recordar nuestras fiestas religiosas y populares. En la foto que ilustra el relato el trono de Domingo Sabio y en el lateral derecho el antiguo cinema Telde decirado su frontis con paneles pintados con alusion a la celebre pelicula Tirma rodada en la isla en 1954

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