Telde: Tradiciones que no deberían perderse

Antonio María González Padrón

Telde: Tradiciones que no deberían perderse
Imagen de la venerada imagen de la Inmaculada Concepción de Jinámar (Foto Antonio Alí)
Antonio María González Padrón

Llegado el mes de diciembre parece que nos volvemos más sensibles a cuanto conforma nuestro pasado, más o menos lejano. Llegados a este punto algunos creerán que voy a rememorar las fechas navideñas de antaño, cuando los nacimientos y belenes se imponían a la moda anglosajona de los árboles de Navidad y nuestros queridos Reyes Magos campaban por nuestros respetos y nada tenían que envidiar al viejo barbudo cargado de colesterol que según nos dijeron venía de Laponia.

 

Nosotros avanzados en el tiempo y en las formas, teníamos un rey blanco, uno cobrizo y otro negro, interracialidad, que se dice. Pero no, eso en todo caso será motivo de otro artículo. Hoy les quiero hablar de algo mucho más cercano, y que viene ocurriendo desde finales del siglo XV hasta el día de hoy en un municipio de Gran Canaria llamado Telde y concretamente en su pago mariano de Jinámar.

 

Los primeros Cronistas e historiadores de la Isla, dejan reseñados en sus numerosos escritos como la caña de azúcar, por estos lares denominada caña dulce, fue el primer monocultivo que vieron nuestros campos, tras la conquista castellana ocurrida entre 1478 y 1483. Así tanto Tomás Arias de Marín y Cubas como Pedro Hernández Benítez nos recuerdan cómo el Gobernador General de la Isla envió a varios capitanes de la Real Hermandad de Caballeros de Andalucía a la Vega Mayor de Telde, ordenándoles que levantaran ciudad en torno a la torre que años atrás se había erigido en el lugar para defensa frente a los canarii.

 

En documentos de muy principios del siglo XVI los Obispos y demás visitadores eclesiásticos hablan con orgullo y fervor de la importante devoción que en Telde toda y muy especialmente en su barrio de Jinámar, se le tiene a la Bienaventurada Virgen María, bajo la advocación de Inmaculada Concepción.

 

Cuando saludamos, una vez más al último mes del año nos preparamos a celebrar la festividad de la Señora que, como todos sabemos se lleva a cabo el 8 de diciembre. La tradición en Telde nos une irremediablemente a la imagen de la Inmaculada Concepción con la caña dulce.

 

Según la misma los abuelos, tíos, padrinos, padres o hermanos mayores acompañados de la chiquillería familiar se acercaban hasta el Templo Concepcionista y después de rezarle una Salve a su Celestial Moradora, se precipitaban sobre los diferentes puestos en donde se vendían cañas dulces de toda altura y grosor. Cortadas en trozos eran cedidas a los pequeños que pronto degustaban tan rico manjar. Y la moraleja venía muy poco después: al niño o a la niña se le preguntaba por el sabor de la caña y estos respondían que era dulcísima a lo que el mayor sentenciaba tan dulce como el amor que la Siempre Virgen siente por todos nosotros.

 

Al final del recorrido en torno a la Iglesia se volvía a comprar caña dulce, naranjas y turrones de gofio, bizcocho molido o azúcar y con estos manjares más una vela de cera bendecida se retomaba el camino hacia los hogares.

 

Antonio María González Padrón es historiadora y cronista oficial de Telde, ciudad de la que Hijo Adoptivo.

 
X