viernes, 22 de septiembre de 2017Director: Carmelo J. OjedaISSN 1885-5636
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Opinión -10/09/2017 - Actualizada a las 08:24
Colaboración

Papas, perras de vino y filosofías

Nicolás Guerra

El Cabildo Insular grancanario celebró el pasado sábado la Cata de Papas. Examinadas sus características, el jurado dictó sentencia: la variedad “valor” vence como la perfecta para arrugar. Por tanto, ninguna relación con los teniques que les sirven a aborígenes y chonis en bares o restaurantes pues, cuanto más grandes sean, peor salen.

 

No olvidemos su nacimiento: con agua de mar (no siempre había potable), sal gorda y algunos callaos (“para asustarlas”, decían en Sardina de Gáldar) se arrugaban las papas pequeñas, inservibles para freír… o las únicas al alcance del caldero en determinados sectores sociales. Otras servían de alimento para los animales. (Por cierto: tal variedad no figura entre las quince que recoge el Diccionario Básico de Canarismos, DBC.)

 

La segunda, la manitou (tipo de papa tampoco registrado por el DBC), es la ideal para sancochar (o guisar). Si obviamos su identificación nominal con determinada maquinaria al igual que con un tipo de tabaco y un clan de los chamanes, ¿tiene alguna relación –a pesar de la apariencia francesa- con el restaurante de cocina exótica Manitou, en Fráncfort del Meno, Alemania? (Son celebérrimas sus bolitas de papa rebozadas y fritas.)

 

La papa excelente para freír, según el jurado, es la HZA 08. ¿Trátase, quizás, de ingeniería genética, nomenclatura tecnológica o clave secreta? La HZA 08 freirá muy bien, no lo discuto. Pero me identifico más con nombres como papa quinegua, bonita, negra, rosada, atodate… Con ellas sé que tengo papas en la boca, pues ¿qué saldrá de la HZ 08 cuando la masque? ¿Acaso conexión intergaláctica?

 

Se preguntará usted, estimado lector, por qué el Cabildo celebró la Cata de Papas. Inicialmente, por sentido de la grancanariedad (vísperas de El Pino) a juego con el escaparate actual del edificio insular. Pero, sobre todo, lo hace en gratitud y reconocimiento universal al estudio sociológico que sobre el ser canario propagó la Excma. señora Oramas, doña Ana, virtuoso ejemplo de análisis en torno a fundamentos, estructura y funcionamiento de nuestra sociedad. La Señora deja para el mañana -escrita en lápida mortuoria- la más científica y rigurosa de las definiciones sobre el isleño: “No somos de discotecas. Somos de disfrutar el día. Una playa con una chuleta, unas papas, una guitarra, unas garrafas de vino y dejar pasar el tiempo”.

 

Por tanto, la Señora nos identifica con playa, chuleta, papas, guitarra y vino en lo material y visible. Ya en lo psicológico, vislumbramos el inexorable paso del tiempo: es nuestra suerte filosófica. Así, entre contemplaciones del devenir, esplendideces vinícolas, burgaos, lapas negras, asaderos y la variedad “valor” de papa, no meditaremos sobre variados temas: las razones sociales –por ejemplo- de por qué Canarias es una comunidad con altísimo índice de abandono escolar; o el Informe PISA (2016), el cual sitúa a nuestros alumnos en la cola del aprendizaje; ni plantearemos las causas del grandísimo retraso en comprensión lectora, matemáticas y ciencias... (La Señora, no lo olvidemos, es miembro destacado del conglomerado que gobierna Canarias.)

 

Pero resulta que en el simplón Estudio 2123 (Estereotipos Regionales) realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas en 1994 ya se define a los canarios. Así, una de sus nobelísimas iluminaciones: los isleños [de 1994] son personas aplatanadas que se pasan todo el día en la playa y se toman las cosas con excesiva calma. (¿Influyó en la Señora o, por el contrario, la caracterización que esta hace obedece a años de investigación a pie de calle, pueblo por pueblo, isla por isla?)

 

Tal vez la Señora quiso recordar a Miguel de Unamuno –artículo “La Laguna de Tenerife”-, de quien entresaco este párrafo: “Nada he de deciros de Santa Cruz de Tenerife. Sólo que ya allí empezó a impacientarme la lentitud de los hijos de esta tierra. Ya allí empecé a sentir los efectos de la soñarrera [‘somnolencia. Pereza, falta de actividad’], de la dulce modorra del aislamiento”. (Han pasado cien años, pero las palabras del pensador vasco despertaron la curiosidad intelectual de la Señora, deduzco.)

 

Caben algunas ampliaciones al magistral planteamiento doctoral de La Señora, santacrucera y exalcaldesa de La Laguna. Son minucias; chorraditas, incluso. Pero, a fin de cuentas, elementos marcadores como, por ejemplo, la incapacidad absoluta para concienciarnos de que somos Región, fracasado empeño de la revista Sansofé allá por los años setenta. O el torpe comportamiento que lleva a desprecios entre gentes de Tenerife y Gran Canaria, interesada intención de quienes se benefician con tales machangadas. O, acaso, la apatía de los canarios mientras la tercera fuerza política domina el terrero en solitario y a su antojo.

 

Así, sobre el vino: la Señora juega con ventaja. Su condición de tinerfeña la sitúa como preferente. A fin de cuentas, para perras de vino o medias cuartas hay por el Norte muchísimos guachinches, plácidos néctares. Pero, con todos mis respetos, la playa (‘ribera del mar formada por arenales’) no es propiamente el lugar recomendado para humos, garrafas de vino, papas, rasgueos de guitarras… Me parece medieval. Además, no he visto en Las Teresitas o Los Cristianos tales despilfarros. ¿Se referirá, entonces, a veriles puramente pétreos mas, a la vez, bellezas naturales, recónditos parajes, antesalas del Olimpo?

 

La Señora, en fin, pudo haber dicho otra cosa con menos carga intelectual. También tuvo la oportunidad de callar la boquita, pero la entrevistaban para un periódico español. Y ya se sabe... Por tanto, Canarias será Paraíso renacentista mientras gobierne CoATIción. Sin ella vendrán tasas de pobreza, situaciones de desamparo, interminables listas de espera (la peor sanidad pública española), podredumbres, contaminaciones, destructiva Ley del Suelo (denunciada ante el Parlamento Europeo por el concejal lagunero don Santiago Pérez), aniquilación del medio natural, huida de jóvenes universitarios, servidumbre a las multinacionales… El caos, en definitiva, tal como don Agustín Millares Torres describe (1860) la formación de las Islas: “[…] Espesas lluvias de hirvientes arenas, […] arroyos líquidos de fundida lava, […] dislocaciones titánicas…”.

 

Por tanto, que Achamán nos dé buenas cosechas. Y buena mar para que no nos ajoguemos en ella mientras filosofamos.

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.