jueves, 17 de agosto de 2017Director: Carmelo J. OjedaISSN 1885-5636
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Opinión -06/08/2017 - Actualizada a las 08:24
Colaboración

La 'grandeza' de Francisco Franco

Jorge García

Esta semana, la figura de Francisco Franco volvía a acaparar la atención mediática. La Fundación Francisco Franco, encargada de la difusión de la figura del dictador,

desde hace un par de meses ha pasado también a ocuparse de administrar las visitas al Pazo de Meirás.

 

Según ha anunciado la fundación franquista, empleará el Pazo para dar a conocer y mostrar la “grandeza” del dictador. Nada más conocer la noticia, la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica interpuso una denuncia contra la fundación del dictador, cuya presidencia de honor recae en su hija, Carmen Franco Polo.

 

El Pazo de Meirás ha sido siempre un foco de polémicas. La propiedad, pese a pertenecer a la familia Franco, fue declarada durante la época del bipartito (PSOE-BNG), Bien de Interés Cultural. Esta decisión tomada por la Xunta, no fue bien recibida por la familia del dictador. Posteriormente a la declaración de la propiedad como Bien de Interés Cultural, una sentencia judicial ratificó lo anunciado por la Xunta, obligando a la familia Franco a abrir el Pazo durante al menos cuatro días al mes para recibir visitas turísticas.

 

En la práctica, los herederos del tirano han estado incumpliendo la sentencia. Existen pruebas evidentes, como denuncian los vecinos del Concejo de Sada (lugar de ubicación del Pazo), de la nula colaboración por parte de “los Franco”, llegando a tener días inoperativo el teléfono con el que se solicita su visita. Lo que resulta realmente kafkiano es que mientras que a la ciudadanía se le niega la posibilidad de visitar la propiedad, declarada Bien de Interés Cultural, algunos de los herederos del dictador acaparan las portadas de la prensa rosa, como no, presumiendo de palacio.

 

Desde su declaración como Bien de Interés Cultural, la gestión de sus visitas ha ido variando. En un primer momento, fue la Xunta la encargada; tras ello, el Presidente de la Xunta, el popular Alberto Feijóo decidió que la familia Franco se ocupase de ello, ésta, finalmente ha delegado su responsabilidades en la Fundación Francisco Franco.

 

El famoso Pazo, antes de ser usurpado por el dictador, había sido propiedad de la familia de la escritora gallega, Emilia Pardo Bazán. Franco, se hizo con él durante la Guerra Civil, para justificar la incautación, el tirano argumentó una supuesta donación por parte del pueblo gallego. Pero, existen pruebas y testimonios que demuestran que el dictador empleó la represión y coacción contra los vecinos del concejo de Meirás. El expolio también pasó por el descuento en la nómina de los funcionarios, que financiaron las reformas llevadas a cabo en la propiedad.

 

Igualmente, los vecinos de Meirás se vieron presionados y observaron cómo Franco les arrebataba sus pertenencias para el aumento de las dimensiones del Pazo. En otro país, esto puede parecer imposible, pero como reza el famoso slogan ideado durante la etapa de Manuel Fraga al frente del Ministerio de Información y Turismo de España, “Spain is different!”. En cualquier otro lugar del mundo, a nadie se le ocurriría pensar que la familia de un golpista, con tantas muertes a sus espaldas, disfrutaría tras la llegada de la democracia tras 40 años de dictadura, de todos los bienes arrebatados a la ciudadanía durante años. Como bien sabemos, en 1936 existía en España un sistema democrático que Franco, junto a otros, se encargaron de hacer desaparecer.

 

En España, es preciso que de una vez por todas a las víctimas del franquismo se les otorgue el derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación. Hace un par de meses, se conmemoraba el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas tras 40 años de dictadura franquista, y todavía ningún gobierno ha tenido la valentía de devolver la dignidad que las víctimas merecen. El ex-Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, fue el primero en interesarse por ellas, con la famosa “Ley de Memoria Histórica”, para muchas personas fue una norma necesaria pero insuficiente.

 

Desde la llegada del Partido Popular a La Moncloa, la asignación económica a la memoria histórica ha ido disminuyendo, hasta desaparecer. El Presidente Rajoy se ha jactado en reiteradas ocasiones de su nulo interés por “asuntos del pasado”, llegando a afirmar “¿a quién le importa eso de la memoria histórica?”.

 

Usted, ¿se imagina a la familia de Mussolini o Hitler acaparando las portadas de las revistas de la “prensa del corazón”? ¿cree igualmente que en esos países se puede crear una fundación que rinda culto a la figura de un dictador?

 

Quizás no sea tan descabellada la idea y sea cierto eso de que “Spain is different!”.

 

Jorge García Cuesta es politólogo.