Un sentimiento que nada ni nadie nos puede separar

TA ofrece crónica y reportaje gráfico de la solemne Bajada del Santo Cristo de Telde

Un sentimiento que nada ni nadie nos puede separar
Momento de la Bajada de este año (Foto Jesús Ruiz Mesa)

TELDEACTUALIDAD

Telde.- TELDEACTUALIDAD ofrece crónica y reportaje gráfico del solemne acto de la Bajada del Santo Cristo de Telde desde el prisma del colaborador cultural de este diario digital, Jesús Ruiz Mesa.

 

Bajada del Santo Cristo de Telde

por Jesús Ruiz Mesa

El martes 12 septiembre, la tarde noche de un año más, el pueblo de Telde, los visitantes y peregrinos que se acercan hasta este santuario de la Basílica Menor de San Juan Bautista del siempre recordado y celebrado municipio del faycanato teldense, llegamos a los actos religiosos centrales dedicados a la Bajada del Santísimo Cristo, que se iniciaron el lunes 11, con el Pregón de una extraordinaria disertación religiosa, documental e histórica, como referencia del culto al Santo Cristo, impartida por el sacerdote don Juan Carlos Arencibia, doctor en Historia del Arte, profesor del Instituto Superior de Teología de Canarias, director espiritual del Seminario Diocesano y sacerdote de la parroquia de San José Artesano del barrio capitalino de Lomo Blanco.

 

Previa a la bajada de la venerada imagen, se celebró la solemne Eucaristía presidida por el sacerdote granadino, don José María Bolívar Malina, del Sagrado Corazón de María de Las Palmas de Gran Canaria, que impartió la homilía dedicada a la imagen del Santo Cristo de Telde y la significación del hecho de su bajada, símbolo de acercamiento y cariño de una devoción y fe que el pueblo generoso atiende a la llamada de un Jesús crucificado que desciende de su hornacina del Altar Mayor, que corona la gran obra del retablo gótico flamenco de esta Basílica.

 

Unas palabras de agradecimiento, de amor por el Cristo hombre que se acerca hasta las gentes para ser acariciado, besado, abrazado, y como bien expresa don José María

Bolívar en su homilía:

 

“Estar al lado del amigo, estar junto a quien con su amor nos brinda compasión, generosidad, caridad, perdón, el Cristo Jesús que nunca nos va a olvidar, aún después de ser crucificado venció a la muerte para estar eternamente entre nosotros y devolvernos a la vida, y ese amor es lo mejor que tenemos, es nuestra gran dignidad, un sentimiento que nada ni nadie nos puede separar, alejar, quitar el amor de Dios manifestado en Cristo, y sentirnos amados, perdonados en nuestras personas tan frágiles, tan pequeñas, llenos de heridas, sufrimientos. Él viene a nosotros y nos dice que nos ama, y desde la Eucaristía, desde cualquier rincón en la soledad o en la luz, escuchamos siempre la voz que nos vuelve a decir sois mis hijos amados y me alegro de que estéis aquí porque mi amor estará siempre con vosotros.

 

Con un acento lírico el recitado de un profundo soneto a Jesús crucificado, para expresar a modo de ejemplo la experiencia cercana de un familiar que encontró en Jesús, el Cristo que hoy estará entre nosotros, en medio del dolor, del cáncer y después de la muerte, el amor. Alguien que gritó a Jesús, y le preguntaba muchas veces porqué, y por qué lo que sucede, y le sucede a él. Más hondo que el dolor de mi costado:

 

¿Por qué dices: Mi Dios me ha abandonado./ Se ausentó. Se marchó. ¡Ya está! Se ha ido/ dejándome deshecho y desvalido/ en este valle en llanto, y desolado?/ Nunca te sientas huérfano, olvidado./ Yo no puedo olvidarte. No te olvido/ Vas tan dentro de mí, clavado, herido,/ más hondo que el dolor de mi costado./ Tú eres mi cielo, el paraíso mío./ Por ti subí a la cruz, por ti he bajado/ al tajo del abismo más sombrío./ Te busqué, te seguí. ¡Te he encontrado!/ No dejes que se muera por tu frío/ tanta Pasión de un Dios crucificado./

 

En esta Cruz está crucificado nuestro Dios y Señor y lo bajamos para contemplarlo durante diez días muy cerquita de nosotros. El párroco don José María Cabrera, informa de las celebraciones del programa de actos religiosos en estas jornadas dedicadas a las Bajadas y Subidas del Santo Cristo de Telde, y desde este emotivo acto, dirigir unas palabras y rogativas llenas de sentimientos, fervores, con un templo abarrotado de público para pedir al Cristo que se acerca a rezar, reflexionar, cumplir promesas en el agradecimiento de peticiones concedidas, especialmente dedicada a las personas mayores, con graves problemas, con enfermedades o problemas existenciales, víctimas de atentados terroristas, de catástrofes naturales, pedir por el mundo. José María Cabrera agradece a todo el público su asistencia al acto de la Bajada del Cristo 2017 y el programa religioso. Despide a los fieles después de la bendición con la emotiva ovación unánime dirigida al Santo Cristo de Telde:

 

¡Viva el Santo Cristo de Telde!

 

Una multitud que con los brazos en alto, quiere tocar el cuerpo sagrado del crucificado, permanecer por unos instantes en torno a la sagrada talla realizada por los indios tarascos de Michoacán, en Méjico, que un día llegó a nuestras costas para ya permanecer siempre entre los teldenses y canarios. La imagen que los sacerdotes celebrantes recibieron al pie del altar mayor depositada por los mayordomos que lucen orgullosos en sus camisetas el rostro y nombre del Santo Cristo de Telde, descenso que realizan con la sensibilidad, tacto, esmerando el cuidado y atención en cada paso, por mantener su seguridad y la de la talla, bajo la atenta mirada de los sacerdotes que aguardan tomar esa Cruz de un Cristo que, cada año por estas fechas, nos viene a saludar tan próximo que podemos sentir su cimbreado cuerpo recostado a lo largo del madero.

 

Se suceden los continuos aplausos de agradecimiento y reconocimiento por tan servicial ayuda de los colaboradores, vivas y ovaciones al Cristo que es llevado para ser depositado en la urna acristalada ante cuya presencia acuden los fieles a besar, acariciar, presentar sus recuerdos, plegarias, rogativas, entre lágrimas, unas a flor de piel otras contenidas, pasar sus estampas, relicarios, rosarios, objetos de devoción por el pie del madero que asoma desde la urna, o simplemente admirar la imagen con más detalle, que el resto del año permanece en las alturas de su hornacina.

 

Noche, en torno a su cuerpo y su cruz todo el pueblo quiere estar cerca, muy cerca, de su Santísimo Cristo de Telde. Las escaleras que prestaron su servicio para bajar del madero al Cristo crucificado, señalan la hornacina vacía porque el Cristo ha bajado y como el mejor amigo está entre su pueblo. Estampa de gran emotividad, sobre un escenario y desarrollo plástico que llena las almas y corazones en un abrazo de solidaridad, esperanza y credo católico colectivo ante este Cristo, que nos llena de misericordia, perdón y nueva vida, como su propio rostro de serenidad, paz y resignación ante el sueño de lo eterno, va dando ejemplo a medida que desciende, y se confunde con el público en la urna ya ocupada por el sagrado cuerpo yacente sobre la cruz. Los medios de comunicación que acuden a la cita anual dan excepcional testimonio gráfico de este acto religioso de gran importancia histórica, religiosa y cultural en Telde, Gran Canaria y resto del Archipiélago.

 

Desde la mañana del miércoles 13, el Santo Cristo ya permanecía en su trono para seguir siendo venerado por todos los fieles que en estos días se acercan hasta la Basílica de San Juan Bautista de Telde. El recogimiento, silencio y admiración por la belleza plástica, cromática y escénica de la imagen alzada en su trono temporal de estos días es impresionante. Ante el conjunto arquitectónico de la propia basílica, bajo sus naves y crucero, el patrimonio artístico religioso que rodea y guarda este magnífico templo, en la más absoluta intimidad de sus espacios vacíos de gentes, en contraste con la noche anterior, nos conduce a la reflexión de la fe por el arte o viceversa, la devoción, fe y admiración humanas para llegar a crear estas obras sacras, que nos acercan a los pasos de quien como hombre dejó su profunda huella capaz de ahondar en el corazón e inspirar obras como las que ante nuestros ojos contemplamos y veneramos.

 

El jueves 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz, después de la solemne concelebración eucarística, a las 19:00 horas, el Santo Cristo saldrá en procesión por el casco histórico de San Juan de Telde para retornar a la Basílica donde permanecerá hasta el viernes 22 de septiembre, en que celebrada la Eucaristía se procederá a la subida de la imagen a su hornacina definitiva del Altar Mayor. Muchas gracias.

 

Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.

 

Santísimo Cristo de Telde Cristo del Altar Mayor

Manos indígenas moldearon tu cuerpo

cimbreado en caña, encarnado en materia

de pulpa, mazorca de millo y madera.

 

Tu cabeza inclinada con voluntad resignada,

Santísimo Cristo de Telde, en tu Altar Mayor,

mira este pueblo, que en tu presencia,

suplica tu perdón e indulgencia.

 

Cristo de las Aguas

Llegado del otro lado del océano infinito,

por corrientes atlánticas, en largo viaje

a esta costa isleña, perdido, arribaste peregrino,

tu puerto en esta isla fijaste, misterioso destino.

 

Te pedimos el agua de lluvia que del cielo cae,

bendice a estas gentes que con fe te imploran, y

en las calles ante tu presencia te lloran.

 

Cristo de la Misericordia

Invocan tu aliento, Hijo del Altísimo,

la misericordia divina que tu faz emana,

la preciosa ofrenda de tu sangre al Padre,

en estos valles se oyen los lamentos,

afligidos por el mal, el dolor y la pena,

de los que de ti esperan clemencia

ante tanto sufrimiento.

 

Cristo de la Consolación

Ayúdanos a seguir el camino,

danos el valor para levantarnos,

y en la soledad, la aflicción y

desesperación, sé nuestra consolación.

Mira tus hijos, cansados, errantes

por este valle de lágrimas, te claman

consuelo como penitentes.

 

Amparo del Navegante

Tú que anduviste las aguas del mar,

refúgianos al abrigo de tempestades,

guíanos en nuestro periplo marino,

líbranos de las crueles galernas,

sé la luz lejana del faro,

que nos avisa del rumbo seguro

y siempre arribar bajo tu amparo.

 

Consuelo del Agricultor

Extiende tu huella sobre estos campos

y al paso de tus heridos pies,

elevamos nuestras miradas al cielo,

imploramos tu gracia y derrames los dones

del agua, el aire, el sol, fecunda

esta tierra, que espera sedienta

el milagro de tu divina complacencia.

 

Venerado por tus hijos,

tu cuerpo en la Cruz inmolado,

protege a tu pueblo, a tus islas,

y a los que con devoción llegamos

desde otras latitudes,

a tus pies postrados,

suplicando derrames la paz

que nos anunciaste,

sobre este mundo difícil,

sobre este mundo en conflicto,

sobre la humanidad, tus hijos

que en Ti confiamos.

 

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