24/06/2022 - 08:53

En memoria del poeta Fernando González, en el 50 aniversario de su muerte

TA ofrece dos poesías escritas por el también catedrático con su puño y letra

En memoria del poeta Fernando González, en el 50 aniversario de su muerte
Dos de la poesías de Fernando González Rodríguez/TA.
TELDEACTUALIDAD/Telde

TELDEACTUALIDAD rescata dos poesías escritas con puño y letra por el poeta y profesor teldense Fernando González Rodríguez, en el 50 aniversario de su fallecimiento ocurrido en Valencia el 24 de junio de 1972.

 

Los textos ofrecidos por el periodista teldense José Luis Cruz González a este diario electrónico son Encargo lírico, del libro Reloj sin horas, cuya primera edición en Madrid data de 1929, y A mis padres, muertos, de la publicación Ofrendas a la nada, que se editó en Valladolid en 1949.

 

Nacido en Telde, en enero de 1901, en el seno de una humilde familia numerosa, Fernando González Rodríguez, aprendió las primeras letras en el hogar a través de su madre. El colegio y la biblioteca personal de Montiano Placeres completaron la formación del precoz poeta que, ya en 1916, veía publicados sus primeros versos en el diario La Provincia. Estos le ganaron las alabanzas y la atención del grupo de poetas de la revista Ecos, del que formaban parte Alonso Quesada, Saulo Torón y Tomás Morales. Con todos ellos tuvo una estrecha relación personal y no pocas similitudes estilísticas, pues su poesía se atuvo desde un principio al modernismo de tono menor, con evidentes influencias de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado.

 

En 1917 se instaló en la capital grancanaria, donde, además de ser redactor de La Provincia, simultaneó los estudios de Bachillerato y Magisterio. Sus primeros versos, dispersos en la prensa provincial, fueron recogidos en 1918 en Las canciones del alba. En 1921 inició en La Laguna, gracias a una beca, los estudios de Filosofía y Letras, que continuó en Sevilla y Madrid, donde estaba desde 1922.

 

En sus años madrileños fue el vínculo de los poetas isleños con revistas intelectuales como España y La Pluma, en las que colaboró asiduamente. Publicó cuatro libros más en la misma línea estética: Manantiales en la ruta (1923), Hogueras en la montaña (1924), Reloj sin horas (1929) y Piedras blancas (1933), estos dos últimos redactados en la década de 1920, aunque publicados más tarde.

 

En 1929 se encontraba trabajando como editor de clásicos españoles para la Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, y un año después ganó la oposición a la cátedra de Lengua y Literatura Españolas en Tortosa (Tarragona). Durante la década de 1930 sumó a su dedicación docente una creciente actividad política al lado de su viejo conocido Manuel Azaña, en cuyo partido, Izquierda Republicana, militaba y por el que fue en 1931 candidato a diputado.

 

Poco antes de julio de 1936 había ganado la cátedra del instituto Nebrija de Madrid, que no llegó a ocupar, pues marchó a Barcelona, donde trabajó durante la guerra como profesor. Concluida la contienda, fue depurado de su puesto, y marchó a Valladolid, donde estaba destinada su esposa, Rosario Fuentes, también catedrática de instituto. Allí fundó la revista y colección de poesía Halcón, donde apareció su último libro de poemas, Ofrendas a la nada (1949).

 

Posteriormente, se licenció en Derecho y ejerció como abogado hasta 1958, el mismo año en que fue repuesto en su cargo como catedrático con destino en Valladolid, dando por concluida su obra poética.

 

A principios de la década de 1970 el poeta gestionó la adquisición de su biblioteca y archivo por parte del Cabildo de Gran Canaria. Hoy la citada biblioteca y archivo se encuentran en las dependencias de la Biblioteca Insular del Cabildo de Gran Canaria.

 

Comentarios

  • Francisco Sancho
    24/06/2022 - 12:15

    He aprendido mucho sobre Fernando González con este artículo. Muchas gracias.

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