13/04/2018 - 07:11

'La revolución que cambió el mundo', tema de la cuarta jornada del curso de historia en Telde

Fue impartida este jueves por el catedrático Ricardo Martín de la Guardia

'La revolución que cambió el mundo', tema de la cuarta jornada del curso de historia en Telde
El catedrático Ricardo Martín (i) con el director del curso, el profesor Javier Ponce de la ULPGC (Foto Antonio Alí)

TELDEACTUALIDAD

Telde.- La revolución que cambió el mundo, a cargo del Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, Ricardo Martín de la Guardia, marcó este jueves en Telde la cuarta jornada del X Curso de Historia de las Relaciones que se celebra en la Casa-Museo León y Castillo.

 

El curso, organizado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), a través de su Facultad de Geografía e Historia, y el Servicio de Museos de la Consejería de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, trata sobre el centenario de la Revolución Rusa (1917-2017) y este viernes (19.00 horas) llega a su fin con la ponencia sobre su legado, cien años después, a cargo del doctor Francisco Veiga Rodríguez, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona.


Crónica de la conferencia

por Jesús Ruiz Mesa

Con la cuarta ponencia impartida la tarde del jueves 12 de abril pasado el ecuador del ciclo de conferencias del XI Curso de Historia de las Relaciones Internacionales en la Casa Museo León y Castillo, Centro de Estudios de Historia Contemporánea, en el programa que conmemora el Centenario de la Revolución Rusa 1917-2017, impartidas desde el lunes 9 al viernes 13 de abril, por destacadas personalidades, especialistas en las materias históricas que en esta edición se han centrado en uno de los hitos históricos que influenciaron la política, sociedad, economía y relaciones internacionales en el pasado siglo XX, la Revolución Rusa de 1917 y sus consecuencias mundiales.

 

Presentado por el Director del Curso Dr. Javier Ponce Marrero, Profesor Titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que da la bienvenida al ponente y público asistente que continúa siendo numeroso por el interés general de los diversos temas tratados en referencia al hito histórico del surgimiento de la Revolución Rusa (1917). El profesor Dr. D. Ricardo Martín de la Guardia (Madrid, 1964) que ya ha asistido a estos Cursos así como el profesor Dr. D. Guillermo Á. Pérez Sánchez, excelentes especialistas como todos los que afortunadamente hemos tenido la oportunidad de escuchar sus documentadas disertaciones en los diferentes campos de la Historia Contemporánea y que nos han acercado a un conocimiento más amplio de cada materia seleccionada específica de cada ciclo y edición.

 

El profesor Dr. D. Ricardo Martín de la Guardia, Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Historia por la Universidad de Valladolid. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología en la sección de Ciencias Políticas de la Administración por la Universidad Complutense de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Valladolid con Premio Extraordinario. Diploma de Estudios Avanzados dentro del Programa de Doctorado del Departamento de Ciencias Políticas y de la Administración de la UNED. Profesor Titular desde 1996 en Historia Contemporánea en la Universidad de Valladolid, y desde el 2006 Catedrático de Historia Contemporánea en la misma Universidad.

 

Desde el 2009 al 2013 dirigió el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid, que ahora dirige, precisamente, el Dr. D. Guillermo Á. Pérez Sánchez, que participa en este ciclo. Becario del Instituto de Cooperación Iberoamericana, del Deutscher Akademischer Austauschdienst y del Ministerio de Asuntos Exteriores, ambos de la República Federal de Alemania, y de los Ministerios de Asuntos Exteriores austriaco e italiano. Senior Visitor y Senior Associated Member del Centro de Estudios Europeos de Saint Anthony College, de la Universidad de Oxford, y Salvador de Madariaga Fellow del Ministerio de Educación y Cultura en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. Profesor estable de la Maestría de Relaciones Internacionales del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), Profesor de Doctorado en las Universidades de Valladolid y Salamanca. Ha sido profesor de la Maestría de Historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en la Universidad de la República de Montevideo. Profesor invitado en Polonia, en Hungría, y otras universidades Argentina, Centroamericanas y Centroeuropeas, también del Este de Europa.

 

Sobre las relaciones internacionales y la Unión Soviética es autor, coautor o coordinador de una treintena de libros y varias decenas de artículos y capítulos de libros; por ejemplo, entre los libros se encuentran La Unión Soviética: de la Perestroika a la Desintegración (Madrid, 1995). Historia de la Integración Europea (2001), coordinado con el profesor Guillermo Pérez Sánchez. La Unión Europea y España (Madrid, 2002). La Batalla de Budapest Historia de la Insurrección Húngara de 1956, coautor Guillermo Pérez Sánchez (2006). Los Derechos Humanos 60 Años Después 1948-2008 (2009). Chechenia, el infierno balcánico (Valencia, 2012). 1989, El Año que Cambió el Mundo (Madrid, 2012). La Europa Báltica. De Repúblicas Soviéticas a la Integración en la Unión Europea (1994-2004) (Madrid, 2010). El Europeísmo, un Reto Permanente para España (Madrid, 2015). Konrad Adenauer Artífice de una Nueva Alemania, impulsor de una Europa Unida (Madrid, 2015). Conflictos postsoviéticos. De la Secesión de Transnistria a la Desmembración de Ucrania (Madrid, 2017). La Unión Soviética ante el espejo de la Comunidades Europeas. De la Europa Sovietizada a la “Casa Común” Europea (1957-1988) (Valladolid, 2017).

 

Ha participado en más de diez proyectos de investigación, nacionales e internacionales, sobre temas de su especialidad. Algunos de los artículos que ha escrito se han publicado en inglés, francés, polaco, ruso o húngaro. En la actualidad es Secretario de la Asociación de Historia Contemporánea y Miembro del Consejo de Redacción de Revistas de la especialidad como Ayer, Historia y Política e Historia del Presente.

 

El profesor Ricardo Martín de la Guardia expone: “La Revolución de Octubre tuvo una influencia determinante en la configuración posterior de las relaciones internacionales. En la configuración de esos nuevos mundos a partir de la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial y también la Segunda Guerra Mundial. La irrupción del socialismo realmente existente, el comunismo en su encarnación en un país concreto en la configuración de la República Socialista Soviética, y luego, esa expansión mundial, puso en evidencia que a partir al menso después de la Revolución de Octubre y del triunfo del socialismo leninista en amplios espacios de Asia y de Europa y, posteriormente, en todo el mundo, supuso verdaderamente una alternativa real, no ya una alternativa política, social o económica, sino una alternativa concepto diferente de entender el mundo, diferenciado en lo que había sido esa evolución del liberalismo en un sentido amplio, o del liberal capitalismo desde las revoluciones atlánticas. De ahí que el impacto internacional de la Revolución de Octubre y su continuidad configuraran mundos que han tenido y continúan teniendo, por supuesto, una importancia de dimensión mundial.

 

La teoría leninista al respecto pudo ponerse en práctica con el nacimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como Estado soberano una vez superada la guerra civil rusa. La intervención de la potencias occidentales en contra de los bolcheviques en la guerra civil y la alternativa al sistema liberal capitalista que encarnaban estos, trajeron como consecuencia el establecimiento, durante los años veinte, de unas relaciones muy difíciles entre el nuevo Estado y las potencias occidentales. Sin llegar a un enfrentamiento abierto con el mundo occidental, los estrategas de la política exterior soviética, dirigidos primero por Lenin y luego por Stalin, trataron de romper el aislamiento del país de los soviets a través de una serie de instrumentos que, con el tiempo, tendrían una gran repercusión. La identificación de socialismo y anticolonialismo causó una fuerte conmoción en el mundo extraeuropeo sometido a los imperios coloniales tradicionales; y el nacimiento y desarrollo de la Tercera Internacional puso de manifiesto la voluntad soviética de convertir a la URSS en el punto de referencia del comunismo internacional. En definitiva, estos primeros años en la historia de la Unión Soviética fueron convulsos porque supusieron el nacimiento de una nueva potencia a la búsqueda de un lugar de privilegio en las relaciones internacionales de posguerra.

 

A finales de septiembre de 1917 Lenin publicaba El imperialismo fase suprema del capitalismo, donde hacía explícitos una serie de planteamientos, ofrecía una interpretación de la Gran Guerra que iba a tener una repercusión importante en esa primera gran expansión de la Revolución hacia fuera. Lenin insistía en que el avance de esa dominación colonial había generado entre las propias potencias capitalistas luchas o pugnas por encontrar mejores territorios, por lograr mayores áreas de influencia, y si el conflicto se había salvado hasta el momento de la guerra o manifestaciones más violentas, había sido fundamentalmente gracias a esos tratados bilaterales o multilaterales entre las potencias capitalistas que, según Lenin, a la altura de aquellas fechas ya habían saltado por los aires y se habían mostrado precarias e inestables en función de que esos intereses salvajes y egoístas de los países capitalistas imperialistas inevitablemente habían chocado entre ellos.

 

Por tanto, Lenin siempre pensó que Rusia, tenía que salir cuanto antes de la Guerra, tratado de Brets-Livtovks, con la consiguiente pérdida de influencia soviética sobre una gran extensión territorial, ricas en hulla y grano, heredadas del antiguo imperio zarista. Al tratarse de un momento tan delicado al salirse de la guerra, fue interpretada como un abandono por los aliados occidentales.

 

Así el imperio alemán no tendría que posicionarse ante ese gran frente del Este y centrarse en la lucha de la zona occidental, donde preocupaba la influencia de los movimientos revolucionarios de la lucha bolchevique. Entre 1918 y 1921 Rusia soportó una cruenta guerra civil que impidió una estabilización rápida del régimen soviético y cuyas dimensiones se agrandaron a partir del otoño de 1918 al intervenir los aliados en esa guerra civil. Estos aliados, Francia y Gran Bretaña, tenían la posibilidad del contagio revolucionario entre las fuerzas izquierdistas que formaban parte de las organizaciones, y que canalizaran la apelación bolchevique a dejar las armas, buscar la paz y a luchar en contra del verdadero enemigo de clase, poniendo en evidencia la cohesión interna social de los países aliados para alentar revoluciones y empeorar la situación respecto al conflicto con los imperios centrales.

 

La retirada de los ejércitos aliados, Francia y Gran Bretaña y la victoria bolchevique en 1920 sobre las fuerzas polacas en ayuda al Ejército Blanco, crea una conciencia de triunfo sobre los enemigos internos y externos, una vez prácticamente ya alcanzada la unidad territorial en peligro durante la guerra. Era necesario, y así lo vio Lenin, mantener cierta cautela, para llevar a buen puerto un proceso revolucionario global inmediato capaz de afectar por igual a los países más desarrollados de Europa donde el capitalismo estaba implantado desde hacía décadas, a la reflexión más modesta de cómo organizar la revolución en un solo país. Había que partir de la solidez en el establecimiento de las propias instituciones revolucionarias en el ideal del socialismo soviético ante el cerco capitalista internacional, para dar el paso y apoyo más directo a los movimientos de ideologías similares en China, India, Europa.

 

Rusia en una hábil estrategia por parte de los dirigentes bolcheviques crean una política de buena vecindad, firma tratados con países limítrofes y occidentales para crear contactos fluidos en un espacio intermedio y evitar rechazos, gracias a la debilidad de los aliados franco británicos, impidiendo ese aislamiento como un “cordón sanitario” en torno a la Rusia Revolucionaria.

 

Con el final de la guerra, comienza el proceso de la creación de la URSS en diciembre del 1922. Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Transcaucasia, Georgia, Armenia, y Azerbaiján, constituían la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, mediante un acuerdo diplomático reunidos en el Primer Congreso de los Soviets de la URSS, redactando un texto constitucional que se aprobaría en el Segundo Congreso de los Soviets en enero de 1924. En ese mismo año Uzbequistán y Turkmenistán se sumaban a la Unión Soviética como nuevas repúblicas y cinco años después Tayikistán. A la altura de 1929 el proceso revolucionario se había extendido hasta lograr la creación de un inmenso espacio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

 

Esta era para los dirigentes soviéticos de aquel momento la manifestación más evidente de que el internacionalismo proletario, fundamento de la ideología bolchevique y por tanto de su política exterior continuaba operando a pesar de los conatos de acercamiento a los países occidentales de Rusia, por supuesto, mucho más coyuntural e interesado. Finalmente los antiguos aliados Francia e Inglaterra optan por iniciar relaciones con la Unión Soviética en llevar a cabo una política pragmática. En 1925 tras un período de altibajos de las relaciones exteriores, la Unión Soviética ya es reconocida por Francia, Italia, Austria, Polonia, Turquía, Alemania, Japón, China, así como por Suecia. Estados Unidos era en ese momento el país que más reacio se había mostrado al reconocer a la URSS o tener cualquier tipo de relación.

 

A partir de la muerte de Lenin, y después de 1924, para Stalin la principal preocupación fue asegurar militar y diplomáticamente la estabilidad de la Unión Soviética, y mantener esa teoría internacionalista que pretendía que la URSS fuera el faro o guía de la revolución mundial, sin rehuir de concesiones practicas con las potencias capitalistas para fortalecer los propios flujos comerciales de la URSS. Según las previsiones de Stalin la revolución a lo largo de su expansión tendría flujos y reflujos en el tiempo. Hubo un importante elemento para exportar las ideas revolucionarias a los territorios extra coloniales europeos, fruto del compromiso de los comunistas con los países explotados por el imperialismo en esa línea. Esto va a ser importante después para esa identificación que los comunistas van a tratar de hacer entre comunismo y movimiento descolonizador con su importantísima repercusión internacional”.

 

El profesor en su amplia disertación expone la expansión de la ideología y movimientos revolucionarios por China, Asia, Indochina, Socialismo Árabe, y la irrupción de líderes del tercer mundo con tendencias anti imperialistas, en la ideología de la URSS. Finaliza el acto con una rueda de preguntas. Enhorabuena y muchas gracias.

 

Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.

 

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