14/03/2017 - 14:01

Telde descubre los encantos de la Villa satauteña

Más de un centenar de personas disfrutaron de la visita organizada por la Casa-Museo León y Castillo

Telde descubre los encantos de la Villa satauteña
A la visita se sumaron 138 personas (Foto Jesús Ruiz Mesa)

TELDEACTUALIDAD
Telde.- La Casa-Museo León y Castillo sigue llevando a la ciudadanía de Telde a descubrir la historia de los otros municipios de Gran Canaria. En esta ocasión fue la Villa de Santa Brígida el destino elegido para una disfrutar, el pasado sábado 11 de marzo, de otra nueva visita enmarcada en el programa Encantado de Conocerte.

 

TELDEACTUALIDAD ofrece a sus lectores una crónica y un reportaje gráfico realizados por el colaborador Jesús Ruiz Mesa sobre dicha actividad cultural.

 

Encantado de conocerte, Santa Brígida
por Jesús Ruiz

La Casa Museo León y Castillo de Telde dependiente de la Red de Casas Museo del Cabildo de Gran Canaria en su programa cultural “Encantado de Conocerte”, continua con el éxito de asistencia de público obtenido en las anteriores visitas a las ciudades de Valsequillo, Gáldar, Agüimes, Arucas e Ingenio. Esta vez con la asistencia de 138 personas, la mañana del sábado 11 de marzo se realizó la visita cultural programada a la Villa de Santa Brígida. Recorrido que se inició a las puertas de la Iglesia Parroquial recibidos por el Cronista Oficial de la Villa, D. Pedro Socorro Santana, y desde la salida de Telde con la asistencia del Cronista Oficial de Telde D. Antonio María González Padrón, director de la Casa Museo León y Castillo. 


Pedro Socorro en su intervención expone los inicios donde se ubicaron los primeros asentamientos del municipio, un antiguo montañón rocoso sobre el lugar donde se asentó la primera ermita en honor a una santa de lejana procedencia, Santa Brígida Irlandesa, fiesta que se celebraba el 1 de febrero, fecha de la onomástica irlandesa, pero que en 1864 se acordó pasarla al primer sábado de agosto. Los conquistadores se asientan en los mismos lugares que antiguamente ocupaban los antiguos canarios. A esta zona se le conoció como Tasaute, como toponimia prehispánica, y que se transformó posteriormente como Sataute, que según la tradición oral significa “pequeño barranco de palmeras”, porque estos árboles primaban en el territorio de Santa Brígida. De hecho, un barrio del municipio se denomina Satautejo.


Desde esta esquina llegaban los plantíos ocupados por un ingenio azucarero, base de la agricultura y economía en la isla desde el siglo XV y XVI. Y puede apreciarse, tal balcón natural, una magnífica vista panorámica del antiguo lugar de La Vega cuando Santa Brígida y San Mateo formaban un único municipio. Después de los repartimientos de tierras y aguas, la primera ermita se construye hacia 1525 por Isabel Guerra procedente de la Baja Andalucía y su esposo el conquistador Juan de Sanlúcar, que muere por la peste en 1520. Isabel Guerra prosigue el proyecto de edificar la ermita en honor de Santa Brígida, con Juan de Maluenda, dueño del ingenio azucarero. La actual iglesia ocupa el tercer edificio ya que la pequeña ermita necesitó aumentar su espacio por el crecimiento de la población, en 1697 el sacerdote Francisco Martín Naranjo, construye la segunda iglesia de Santa Brígida, con tres naves, tejados a cuatro aguas, construyéndose en la siguiente centuria después la torre campanario, donde figura sobre sus paredes las fechas de su construcción con piedras de canterías locales. Alrededor, como el pueblo necesita una plaza como expansión y para celebración de los más importantes actos, se terminó una obra de ampliación en 1768.


Coincidiendo en el tiempo con la guerra de Cuba 1897, la noche del 29 de octubre ocurre un suceso catastrófico para la historia de Santa Brígida, un incendio en la parroquia, intentando apagar el fuego con la ayuda de los vecinos y en cuestión de horas terminó con todo el edificio religioso. El techo se vino abajo, perdiéndose la mayoría de las imágenes. Sólo se salvaron, entre otras,  la imagen de La Dolorosa, talla de Luján Pérez; San Antonio de Padua, al que se le dedica una fiesta, y un Niño Jesús conocido como el Niño Jesús Indiano. Todas estas imágenes se trasladaron a la casa donde nació el gran historiador, investigador, americanista D. Francisco Morales Padrón. 


En 1897 Santa Brígida un pueblo agrícola sin medios para levantar una obra piden ayuda a don Fernando León y Castillo, entonces Embajador en París, para la reconstrucción de la iglesia, proyecto que duerme eternamente, por lo que el pueblo consideró que ellos mismos sacarían adelante el edificio sacro. Con mucho sacrificio, aunando esfuerzos y limosnas se comienza la reconstrucción en 1904, que finaliza en 1911. Al quedar la iglesia vacía fue necesario adquirir imágenes, el sacerdote de San Francisco de Asís en Las Palmas, don Antonio Artiles, que hacía una reforma en esa parroquia, vende patrimonio de aquel templo y se logra para Santa Brígida el retablo del Altar Mayor de estilo Luis XV, del siglo XVIII, la pila bautismal donde fue bautizado don Benito Pérez Galdós.


También un Cuadro de Ánimas que es el más antiguo de Gran Canaria, es un bien traído del antiguo convento de San Francisco de Asís de Las Palmas de Gran Canaria, obra del siglo XVII, representación de las almas en el infierno tratando de ser salvadas y llevadas al cielo, el cuadro está presidido en la parte superior por el arcángel San Miguel, y en él se observan las imágenes de cuatro santos: Santo Domingo de Guzmán, de la Orden de Predicadores; San Agustín, con ropas de obispo como lo fue; San Lorenzo con la parrilla donde fue martirizado y San Francisco de Asís. La Virgen de los Dolores es obra de Luján Pérez, imaginero que pasaba temporadas en la zona de La Atalaya de San Brígida. Luján Pérez trabajó mucho para La Vega ya que tenía ascendientes, por vía materna, de San Mateo, donde dejó un importante legado de imágenes. 


Santa Brígida en su historia siempre fue un lugar de reposo y salud ya que decían que por su enclave el clima se hacía más mediterráneo, por eso con las epidemias como el cólera morbo de 1851, la peste de 1525, la fiebre amarilla de 1838, la gente de la ciudad venía al campo, a ciudades como Telde, Teror, primando las grandes haciendas de los potentados, que venían a curar sus enfermedades, sobre todo las de origen pulmonar. Benito Pérez Galdós tuvo su casa en el campo en El Monte, que aún se conserva, donde pasó su niñez.


La imagen de San Antonio traída en el siglo XVIII de unos talleres sevillanos, por el presbítero Blas Marrero Bethencourt, hombre con dinero, propiedades en tierras y el santo con fama de casamentero, en Santa Brígida tiene una razón de ser ya que el cura trae la imagen en 1751,  para casar a su sobrina  heredera de sus bienes, y así se refleja en el testamento con la condición de que se casara con alguien de su mismo nivel. Esta sobrina se casa con el propio alcalde de La Vega y el milagro quedó en el imaginario de La Vega, no siempre aún pidiendo rogativas ocurría el mismo milagro. Al fondo del templo el Sepulcro de madera, talla arropada con sábana bordada en oro por las monjas del Cister de Teror, sepulcro obra del escultor gallego, Maximino Magariños, quien en 1927 trabajaba para algunas iglesias de la isla. 


El interior del templo arquitectónicamente es muy parecido al templo parroquial de La Candelaria de la Villa de Ingenio, pues ambas son obra del mismo autor, Laureano Arroyo, arquitecto diocesano catalán, llegado a Gran Canaria por la salud de su mujer, el mismo que diseñó las dos torres neogóticas de la Basílica Menor de San Juan Bautista de Telde, entre 1915-1925. Arroyo trabajó en la reconstrucción de la Parroquia de Santa Brígida, terminada por el arquitecto diocesano, Francisco Navarro. Una imagen de San José obra del escultor Rafael Bello, hijo del escultor teldense Silvestre Bello, seguidor de Luján Pérez,  que regaló a la iglesia de San Gregorio de Telde, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores. Los católicos tienen dos devociones para salvar las almas del purgatorio, a Santo Domingo de Guzmán y devotos de la Virgen del Carmen. 
Santa Brígida y Santa Lucía son las dos advocaciones que se encontraban en la primitiva ermita cuando Isabel Guerra la construye, y aún hoy presiden el altar mayor, aunque éstas son de  nueva factura, adquiridas tras el incendio. Isabel Guerra cuando muere tras dictar su testamento en 1545 en su casa de El Gamonal, y en él dice hacer las fiestas dedicadas a Santa Brígida a cuya advocación se ha seguido en el tiempo. 


En la Plaza de la iglesia existe un monumento al juego de la piola erigido en 1998 dedicado al hijo ilustre de esta Villa, historiador americanista D. Francisco Morales Padrón, con más de 200 publicaciones. Le quisieron dedicar un busto pero su modestia no lo permitió, eso sí como un homenaje a un juego que él practicó de niño. La Villa cuenta con su casa, tiene una calle nominada con su nombre, una importante parte de sus fondos están cedidos a la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria, dependiente del Cabildo grancanario. 


Ya en el exterior del templo tres campanas, una especie de monumento sonoro de la historia de la Villa, que antes colgaban de la torre campanario, pero que hoy figuran en la Plaza como recuerdo de aquella catástrofe, luciendo sus nombres: La Grande de 1870,  La Chica y La Ronca de 1763. Sobre una placa conmemorativa se lee: Desde hace muchos años estas campanas han llamado al pueblo satauteño a servir a Dios. Desde el año 1999 lo hacen cuatro campanas nuevas conseguidas por el mismo pueblo impulsado por la Asociación Cultural y Social “El Repique”.


Las campanas nuevas traídas de Palencia en 1999. Sobre el lateral de la iglesia una placa conmemora la memoria de los fallecidos en la batalla del Batan. En el verano de 1599 el mayor ejército jamás visto en Las Palmas de Gran Canaria, el que componía la flota de 73 barcos, mandada por el almirante holandés Pieter van der Does, no solo atacó la ciudad sino logró entrar en la isla. 


Las autoridades de la isla se refugiaron en la Casa del Galeón. Existe un documento, carta de dos folios en los que los habitantes de Santa Brígida  informan al Rey Felipe III que “nosotros vamos a defender el territorio aunque nos cueste la vida”. En la placa aparecen todas las compañías de milicianos de la isla que participaron, La Vega luchó junto con Santa Brígida y San Mateo. Unos 500 milicianos que se enfrentaron a un ejército de 4.000 hombres bien armados que subieron al Monte, fueron derrotados por las características del terreno y sus bosques, estrategia de la emboscada y envenenamiento del agua. Se escondieron en la montaña cercana al Molino del Batán, a la salida del bosque, y entrando desde el Monte Lentiscal en la zona de Tafira, atacaron los milicianos, haciendo caer a los soldados holandeses por el Barranco del Dragonal, de La Angostura, y según las crónicas hubieron más de mil soldados muertos, y milicianos apenas cien que son en parte los que aparecen en la placa.


En la Cruz del Inglés, en Tafira, se hace referencia a esa batalla, un poco más abajo en el camino de Tafira sobre una cancha de tenis, con el historiador Pedro Quintana y el cronista de Santa Brígida, se trata de hacer, mediante la ayuda del Patrimonio del Cabildo, una cata, pues se considera que en ese lugar está el cementerio de los holandeses, que podría ser un descubrimiento histórico muy interesante. 


De aquella gesta se celebra aquí la fiesta de La Naval, se hizo cuatro años después de que se empezara en Las Palmas, con la advocación de la Virgen del Rosario porque en la Guerra de Lepanto utilizaron el signo del Rosario. La fiesta se celebraba el segundo domingo de octubre. Lamentablemente en la década de los sesenta la fiesta como tal desapareció, pero actualmente se hace un encuentro militar para conmemorar el gran acontecimiento. Santa Brígida se siente muy orgullosa de esta victoria ya que fue de vital importancia para toda Gran Canaria, de que los holandeses no invadieran la isla, por lo que en el escudo heráldico de la Villa existe el lema: Por España y por la Fe vencimos al holandés.


Una casa de arquitectura canaria con balcón, que fue Juzgado Municipal, donde nace don Francisco Morales Padrón, y casa donde se llevaron las imágenes después del incendio y la construcción. San Mateo decidió separarse de Santa Brígida, por una cuestión de reparto de aguas, en La Vega Alta o de San Mateo, la del Medio o del Madroñal,  y la de Abajo de Santa Brígida.  El pueblo fue creciendo y los cultivos también, en 1799 hubo un gran enfrentamiento entre los dos pueblos, los de San Mateo se opusieron a quebrar los nacientes, dos importantes nacientes, importantes desde la conquista, la Fuente de Los Chorros y  de La Higuera, hoy se han secado, pero son los que llevaban las aguas junto con los de La Mina a las huertas de Las Palmas, en Triana y Vegueta.


San Mateo entendió que ellos debían ser dueños de su propio destino y pidieron permiso al Obispo Verdugo para conseguir en 1800, el decreto de erección como parroquia de San Mateo, firmado por el Obispo Verdugo, que estaba entonces en Teror. Por influencias de grandes terratenientes, cabezas visibles de La Vega Alta, lograron la parroquia y un año después la separación de los dos pueblos. La Vega de Abajo y la del Medio en Santa Brígida convertida en Santa Brígida, y La Vega Alta como titular la de San Mateo.


En la calle central de La Villa la Casa que fue el primer consultorio médico, anteriormente había sido la fonda Europa; en el año 1888, Santa Brígida como muchos de los pueblos en la isla no había servicio médico, Isidro Ezquerra Corregüela, un medico que había estudiado la carrera de medicina en Zaragoza y se embarca en viaje a las Américas. En una parada en el puerto para repostar carbón, ese día  traen de paseo al médico a la Villa y conoce a la joven que atendía aquella fonda, donde se hospeda,  se queda prendado de la joven y se convierte en el primer médico de la historia de Santa Brígida, compartida con San Mateo. Muere con 43 años y como era masón el cura se niega a darle entierro eclesiástico, y por un acuerdo formal de la quema de los libros de masonería del médico en el centro de la plaza se permite su enterramiento. Un bisnieto de este médico, escritor, Luis Junco Ezquerra escribió la novela “Una carta a Santa Teresa” basada en la interesante historia de su bisabuelo. 


Continuando el recorrido urbano cruzamos las calles, Castelar, Real, El Calvario, donde placas informan de las casas o residencias que fueron de personajes destacados de la sociedad de Santa Brígida, la Casa del Poeta dedicada a la memoria de don Francisco Lezcano, la casa de exposiciones que lleva el nombre de doña Dolores Massieu, Lola Massieu. 


La casa natal del gran historiador hispanista americanista, don Francisco Morales Padrón, como se ha indicado, la casa que hoy ocupa el Juzgado de Paz y Registro Civil, una cruz en piedra incrustada en su fachada recuerda que fue lugar de culto y celebraciones litúrgicas durante el tiempo de reconstrucción de la iglesia matriz de Santa Brígida entre 1904 y 1910. Poco después pasamos ante la casa que ocupó durante la guerra el Cuartel de la Guardia Civil. 


Llegando al sitio de El Calvario, o Calvarito que en Santa Brígida surgen dos construidos después del siglo XVI, se construían a la entrada y salida de los cascos históricos, éste que visitamos situado en el camino de salida a la parte baja,  hacia La Angostura y Pino Santo, existe otro Calvarito saliendo hacia San Mateo. Estos Calvarios tenían tres funciones principales: marcar el territorio de lo que es el casco histórico; pero la función primordial consistía en el descansadero del muerto para ofrecer ritos funerarios,  es decir, antiguamente con la clasificación de los entierros, de primera, de segunda y de tercera y hasta de quinta, cobrándose un impuesto y dependiendo de las paradas para dedicarles un responso. Otra misión era la llegada y parada, por la significación del Paso de la Pasión y Muerte de Jesús, en el transcurso de la Semana Santa, regresando a la iglesia.


El cronista Socorro nos guía hacia la parte exterior del casco histórico, y allí nos comenta que entramos en la calle Nueva, nombrada así porque era la primera calle que se abría hacía el sur, en esta zona se empezaron las primeras edificaciones urbanas y de ampliación, ocupadas anteriormente por fincas, huertos, y uno de los primeros edificios levantados fue el del Cine Santa Brígida, en el año 1943, obra de un empresario, proyectándose la película “El precio de un beso”. 


El Cronista de Telde, Antonio María González Padrón, puntualiza sobre el estilo arquitectónico propiamente canario, que surge en aquellos años, con fachadas con arcos, terrazas y celosías, que siguen las directrices de la arquitectura neo canaria. Néstor Martín Fernández de la Torre y su hermano Miguel fueron los primeros en diseñar este estilo arquitectónico netamente de inspiración basada en la construcción canaria, estilo que comienza en los años 30 y se extiende hasta los años 80. Recordando los magníficos ejemplos arquitectónicos del Pueblo Canario, en el entorno del Hotel Santa Catalina, el Parador de Turismo de Tejeda, magníficas edificaciones de este estilo en la zona urbana capitalina de Ciudad Jardín, creada por los primeros ingleses residentes en la ciudad. 


El recorrido finaliza ante la fachada del edificio del Ilustre Ayuntamiento de la Villa de Santa Brígida. La Villa que en principio crecía en torno a su iglesia, con el devenir de los años se desarrolla hacia el sur. Se compra el solar para edificar el nuevo Consistorio, y en torno a 1950 se construye el edificio, de estilo puro neoclásico, obra del arquitecto Rafael Massanet, que también diseñó los kioscos del Parque San Telmo de Las Palmas de Gran Canaria, y otras edificaciones. Hacia el año 2000 se añadió el edificio anexo a esta Casa Consistorial.  En lo alto del pórtico figura el escudo heráldico de La Villa, con la cruz y la palmera, símbolo por excelencia de Santa Brígida, y bordeando los dos cuarteles del escudo un rosario, con el significado del recuerdo en la oración puesta por las mujeres rezando por los milicianos que luchaban frente al holandés en la batalla de 1599. 


Aquí concluye el recorrido histórico artístico a la Villa de Santa Brígida. Después de pasar por el Mercadillo de Santa Brígida y antes de tomar las guaguas de regreso, una parada en el camino, un refresco para mitigar el calor no propio de este mes, y aunque a las puertas de la primavera, un poco inoportuno se hizo bastante soportable, regresamos a la ciudad de los Faycanes, en ruta hacia Telde, bajo un cielo de espléndido azul, disfrutando el paisaje que envuelve a esta hermosa y verde Villa de Santa Brígida, de fértiles huertas, profundos barrancos, tapizados de arboledas y palmerales de ensueño.


En definitiva, un extraordinario acercamiento a la historiografía de la Villa de Santa Brígida que en su intervención, el cronista y anfitrión de esta visita, don Pedro Socorro Santana, al que agradezco personalmente la información contenida en este reportaje, y la del cronista de Telde, don Antonio María González Padrón, que hicieron las delicias informativas y culturales de la voluntad general de los visitantes, en conocer más y mejor el devenir histórico y social de los pueblos de nuestra isla, en un abrazo y saludo, con la satisfacción de llevarnos el mejor de los recuerdos que personas documentadas como los cronistas, en esta ocasión la de don Pedro Socorro, han depositado este legado enriquecedor en nuestra memoria para salvaguarda, y regresar con el agradecimiento de permanecer “Encantados de Conocerte”. 

 

Jesús Ruis Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.

 

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