28/01/2018 - 10:04

La exhibición del fracaso

Marisol Ayala

Marisol Ayala

Hermano mayor, hijos malvados. Cuando soy capaz de ver el reality que tiene como protagonistas a padres, abuelos o hermanos acorralados por quien se supone nació para ser querido y para querer, me horrorizo. Reconozco que durante el rato que aguanto enmudezco y me hago mil preguntas, un vaivén mental e incomprensible me sacude. Como a todos, supongo.

 

Viendo a la fiera enjaulada agrediendo a los que tanto les quieren recuerdo a los hijos que criamos con mimo, desvelo y adoración. La interrogación mental que se repite es ¿cuándo comenzó todo?, ¿por qué aquel niño que te han mostrado feliz, abrazado a su madre, comenzó a deslizarse por la rampa de la violencia? ¿cuándo eligió a sus padres para saciar su violencia?, ¿qué coño hay detrás de quien es capaz de agredir a unos ancianos, a unos padres? En algunos casos son las escenas más duras que he visto, seguramente por saber que ocurren; que ocurre en nuestro país, en nuestra ciudad y en la vida cotidiana mucho más de lo que nos creemos.

 

En la pelotera doméstica donde el miedo se palpa siempre escucho la frase que tal vez encierre parte del problema: “Ha tenido de todo, le hemos dado todo”, dicen las madres mientras los padres asienten en silencio.

 

En ése escenario llega el hijo maltratador cuya sola presencia pone sus vidas patas arriba. Odio, rencor, drogas, frustración, desarraigo. Me impacta tanto el ambiente de terror familiar que nos muestran que anoto frases y observo escenas.

 

El nivel de humillación al que el hijo cruel somete a su madre paraliza. Una escena me impresionó especialmente. En la cocina una madre trata de evitar la agresividad de su hijo pero éste no solo la golpea y destroza la casa, no, ese día se dio el “capricho” de volcar sobre la cabeza de la mujer que lo trajo al mundo litros de leche y Cola-Cao y hacerla prisionera en casa.

 

Me he preocupado por saber si “Hermano Mayor” como producto televisivo tiene un componente de mentira, de manipulación. No lo creo. No olviden que los golfos que presumen de sus fechorías existen. Cuesta creerlo, pero así es. Y más, son ellos y sus padres los que solicitan salir en el programa para que España entera vea el fracaso de sus vidas, ¿por qué?, porque en ese programa ven única posibilidad de poner fin al infierno. Ellos ya no pueden.

 

Es la exhibición de la crueldad, la crueldad de una parte de la juventud que disfruta maltratando.

 

Marisol Ayala es periodista. Artículo publicado en su blog.

 

Comentarios

  • Docente
    01/02/2018 - 14:40

    Esas miles de preguntas me las hago yo también. Y las respuestas como docente es lo que dicen algunas madres o familiares:"Han tenido de todo, le hemos dado de todo" Ahí radica el problema. Todo, todo le han dado, le han hecho, le han permitido y han educado a tiranos, déspotas, que no toleran la frustración, que no toleran un no por respuesta. Y como maestra la violencia la he vivido en mis carnes. Con apenas siete años, les tiene que repetir las cosas muchísimas veces y no se te ocurra decir no o que lo ha hecho mal, no permiten que les pongan una nota en la agenda, que se la guarde en su mochila. Y como resultado quitársela y ponerla en mi bolso y meter la mano en él y para evitar que lo haga arañarme y empujarme para conseguir su objetivo. Sus padres sin saber que hacer, para que no pataleen, les dan móvil desde la cuna, tablet, y lo que se les antoja. Educación permisiva, resultados, hijos desmotivados, desorientados y tiranos. No lo digo yo, lo dice los diferentes pedagogos.

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  • dolores
    30/01/2018 - 10:00

    No he sido nunca capaz de ver entero ese programa. Me sobrepasa. Me corta la respiración y me deja un nudo horrible en el estómago. Juro por Dios que no exagero. Es así. Esas preguntas que se hace Marisol en el artículo, me las hago también yo. ¿Cuando comenzó esa agresividad sin límites?, ¿Que ocasionó el principio de la formación de esos monstruos? , ¿Como es posible que la justicia no interceda para ayudar a esos padres a salir del infierno? Hay que pensar que si someten a una madre a las barbaridades que se ven el programa, son capaces de las mayores crueldades con otros seres humanos con los que no les unen lazos familiares... ¿Que estamos creando? Todos debiamos pensar que si volvemos a los tiempos en los que se les aplicaba disciplina y enseñanzas buenas a los hijos, desde chiquititos, tal vez cortemos de raíz estos males. Decía mi padre que a los arbolitos hay que enderezarlos desde chicos, porque si no, siguen cambados para siempre...

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