10/09/2017 - 08:48

Que se separen ellos

María Mir-Rocafort

María Mir-Rocafort

Quien empiece a leer esto buscando un sesudo análisis político sobre la situación de Cataluña, se ha equivocado de sitio. Que se vaya a uno de los periódicos con nombre y apellidos; están llenos del asunto. Aquí voy a contar una experiencia personal, personalísima, del estado en que ha quedado mi masa cerebral después de ver un vídeo en el que se promociona el Sí en el referéndum del 1 de octubre; ese fantasma que nadie ha visto ni verá, pero del que todos hablan.

 

Llego a mi despacho, abro el ordenador y el primer aviso que me encuentro es de El Independiente. Lo abro porque hoy se me hizo tarde y todavía estoy con la taza de café con leche en la mano y ya es hora de ponerme a leer.

 

Lo abro y me encuentro un vídeo de campaña por el Sí de la CUP, el partido antisistema e independentista que gobierna en Cataluña con el PdCat.

 

Creo que me ha dado un pasmo. No me atrevo a hablar en voz alta por si me he quedado sin voz. Tengo miedo a que se me vaya a quedar para siempre la cara de estúpida que se me ha puesto. Miro el café con leche y me pregunto, ¿podré cerrar la boca para tomarme un sorbito?

 

Decido contarlo a ver si me vuelve a subir la sangre de los pies al cerebro. Así que, lo cuento.

 

Sale una especie de tribu del desierto, pero vestidos a lo guarrindongo moderno, empujando una furgoneta por un yermo de rocas y polvo. Unos de la tribu dicen que llevan dos años empujando y que eso es el "procés". Finalmente logran empujar la furgo hasta la cima de un risco, y con otro empujón, la despeñan.

 

Ahí es donde me quedo yo como un témpano. ¿Querrá eso decir que no van a parar hasta que nos zumben por un precipicio y nos descacharren?

 

Asoman las caras de unos de la tribu para ver el estropicio de la furgoneta. Uno de ellos pregunta si eso es Itaca. Imagino que va a salir Lluis Llach con su gorrito cantando la canción, pero no. Sale una casi anciana de la tribu y dice en tono declamatorio contenido que Itaca la hace el pueblo. Otro, más práctico, pregunta que ahora qué. Y entonces aparece por detrás una chica que sale mucho en medios porque es diputada y portavoz, y anuncia, sonriente, que ahora empieza el mambo.

 

Y sí. Empieza la música de Pérez Prado, tan cubana, y por eso, tan catalana. Sale uno muy sucio, tan sucio como todos los demás, revienta un huevo, lo echa en un bolito y empieza a batirlo mientras a su alrededor la tribu baila. Mambo, empieza el mambo, la alegría descocada, la rauxa sin fin.

 

¿Qué nos están diciendo? ¿Que Itaca, la Cataluña en utópico, va a empezar de la nada en medio de ninguna parte, con el pueblo vestido a lo buen salvaje 2.0, comiendo tortilla, pero bailando contentos al son de lo que toquen?

 

Ay. madre, ¿y ahora qué?, me digo yo. Yo, que después del susto de la enfermedad que casi se me lleva a la otra dimensión, con la secreta esperanza de que la vida me diera otra oportunidad, me propuse y cumplí no salir de mi habitación por la mañana sin haberme maquillado y vestido muy combinada y muy elegante; yo, que hago encaje de bolillos con las cuentas para poderme pagar la peluquería porque decía mi padre que el pelo realza todo lo demás, ¿qué hago yo cuando resulta que ahora hay que hacer Itaca en chanclas, con cualquier cosa para taparse las partes de abajo y cualquier camiseta para taparse las de arriba? Yo que me compré una body milk para estar perfumadita y suavecita después de la ducha, porque la esperanza es lo último que se pierde, ¿qué hago yo entre las caras sucias y los pelos despeinados o rapados de los constructores de la nueva Itaca; sentirme para los restos como modelo de las revistas de los tiempos de mi madre?

 

Cuando las sacudidas de la vida me desbordan, vuelvo mis ojos y mi pensamiento a las fotos de un mueble que tengo junto a mi escritorio. En ellas, las caras de mi abuela, de mis padres, de mi tía que iba para santa y del hermanito que se fue de esta dimensión a los cinco años, me recuerdan que, por obra y gracia de mi fe, no estoy sola. Hoy les he mirado buscando alivio a mi desasosiego y he visto una cara más, otra cara que vi en otra parte.

 

Allá en el pueblo de Peramea, un hombre hizo pintar su cara en la piedra que corona la fachada de una casa. Bajo su cara, un nombre: Ian Rocafort, y una fecha, 1516. Es una cara tosca, pelo largo y flequillo. Seguramente no se parecía al dueño. Debía ser más bien un modelo de las caras de entonces. Caras de hombres duros, curtidos por el trabajo, por una vida sin blanduras. Esos hombres, machos y hembras, vivieron construyendo un país. Es muy probable que no hubieran oído hablar de Itaca ni supieran lo que era una utopía. Vivían inmersos en la naturaleza, en una realidad que exigía todo su esfuerzo sin darles tiempo a ignorarla imaginando mundos imposibles.

 

La cara de Ian Rocafort me ha devuelto la cara de mi abuela, una cara que parece tallada en piedra. La cara de una mujer que no dejó de trabajar por su casa hasta el mismo día en que se fue a los 92 años. Y su cara me ha devuelto la de mi padre, tan parecida a la suya. La cara de un hombre que salió de su última clase cojeando, a los 83 años, cuando el cáncer ya no le dejó seguir trabajando. Y esas caras me hacen verme a mí, trabajando a los 68 porque unos buenos amigos me dicen que mi trabajo sirve para algo.

 

¿Y ahora vienen unos niñatos y no tan niñatos a decirnos que el pueblo tiene que empezar a construir Itaca?

 

Y una mierda.

 

Hemos construido Cataluña, una Cataluña seria, formal, que no ha dejado de luchar en las circunstancias más adversas para seguir siendo Cataluña; la Cataluña de los catalanes que hablan en catalán y en castellano y muchos en otra lengua más; de la Cataluña que ha crecido con la ayuda de las gentes de toda España que vinieron aquí a trabajar con y como nosotros; de la Cataluña abierta al mundo que llevó por el mundo comerciantes, empresarios, artistas que enriquecieron el mundo, y que del mundo se trajo todo cuanto pudiera enriquecerla. ¿Y ahora nos dicen que tenemos que construir otro país con nuevas reglas que pisotean a las que hasta ahora nos han regido?

 

Y una mierda.

 

Búsquense un desierto. Vivan en furgonetas o despéñenlas. Coman tortilla si es que saben cómo criar gallinas. Bailen mambo o reggae o lo que les roti. Pero no intenten destruir la realidad de un país que ha costado siglos de esfuerzo y sufrimiento ir transformando hasta convertirlo en la Cataluña que hoy sigue luchando para no retroceder ante el empuje de los políticos que quieren arrancarla del mundo civilizado para convertirla en un yermo donde habría que empezar a construir nadie sabe el qué.

Quien se quiera separar que se separe y se vaya con sus banderas y sus mambos a otra parte.

 

María Mir-Rocafort es analista sociopolítico y columnista.

 

Comentarios

  • Francisco Javier Sánchez
    10/09/2017 - 11:18

    El gobierno Catalán y los nacionalista tiene que respetar la constitución del 78 es nuestra constitución , respetar la ley ante todo si no se respeta la ley hay una anarquía , los principios democráticos de los pactos de la moncloa que se reunieron en secreto se va al garete .

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