14/08/2017 - 15:56

¡Vivas al 15 de agosto!

Francisco Martel

Francisco Martel

Amigos, el próximo martes es 15 y es un día especial para millones de cristianos que celebran la fiesta de la Virgen que subió a los Cielos en cuerpo y alma. Les confieso que todos los años celebro con alegría este día por ser aniversario del sacerdocio que recibí con mis 8 compañeros en Agaete en el año 1965 de manos del obispo Antonio Pildain, siendo rector del Seminario D. Manuel Alemán Álamo.

 

Les puedo decir que, de aquel grupo que nos ordenamos, hoy seguimos 3 remando en el Sacerdocio a todo pulmón, teniendo a estas alturas que visitar con más frecuencia a los médicos para poner pilas a la salud en el desgaste de los años.

 

Desde este minuto hoy felicito a mis compañeros Vicente Santana y Diego Monzón que seguimos remando y también envío un gran abrazo a los compañeros que no pudieron seguir la vida sacerdotal, asegurando que los 9 siempre fuimos unos compañeros unidos como una piña a pesar de las trastadas que hacíamos a nuestros profesores.

 

Desde este escrito doy vivas a la Virgen María de la Asunción a quien en estos días invocamos millones de cristianos. Les pido que recen a ella para que eche una mano y nos dé fuerzas a obispos, a curas y a muchos cristianos que están adormilados ya que todos necesitamos de un despertar para ayudar con hechos vivos a todo el que está a nuestro lado.

 

Con más de 50 años de vida sacerdotal, les aseguro que todo este tiempo me ha ido enseñando muchas cosas, no faltando anécdotas como aquella en la que, visitando Roma en el 1971, me puse en cola en la Iglesia de Sta. María la Mayor para confesar mis pecados, encontrando que aquel Cura con quien me confesé puso cara de policía al oír mis fallos pudiendo afirmar que él no olía a Pastor lleno de misericordia, sino a hombre leguleyo. Sí, aun recuerdo que, estando yo de rodillas, él se puso de mala uva porque le dije que a veces yo no rezaba el Breviario como debía hacerlo al terminar el día. Sí, el hombre con su tono subido y enfadado me dijo que yo no era buen pastor de la Iglesia y que con mis pecados me estaba preparando para ir al mismo infierno. Amigos, les aseguro que aquel día me encontré en aquel dichoso Confesionario más a un guardia civil que a un buen sacerdote confesor.

 

Acabando este escrito les animo a que no olviden de rezar a la madre de Dios por su gran fiesta de la Asunción pidiéndole que bendiga a los que hacemos 52 años de sacerdocio y que mande a toda prisa vocaciones porque hay mucho que sembrar en la viña del Señor.

 

Francisco Martel es sacerdote y párroco.

 

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