16/04/2017 - 07:24

Saldar una deuda

Marisol Ayala

Marisol Ayala

Una noche se escucharon gritos. Salían de un piso cercano. A los gritos le sucedieron golpes, carreras y portazos. Era de madrugada. Poco a poco los vecinos, alertados, aparecieron por las ventanas. Los insultos tenían voz de un hombre, eran alarmantes.

 

Se miraban unos a otros. No sabían si llamar a la Policía o si callar y mañana será otro día. Y en eso estaban cuando sonó el portal. Alguien salía. Era una mujer. Llevaba de la mano a una niña de unos ocho años con un jersey y un pañuelo de esos que coges a la carrera. Ambas cruzaron la calle aquella noche y pararon en una cabina telefónica. Era evidente que mamá huía de las amenazas y protegía a su niña. Con las prisas olvidó el móvil. En la casa no se volvió a escuchar ruido alguno; ni gritos, ni insultos ni portazos. El animal estaba manso.

 

Como sabemos hoy nadie usa una cabina telefónica si no es por una necesidad imperiosa, pedir ayuda, por ejemplo. De pronto de un edificio cercano salió una mujer a quien el pijama le asomaba por debajo de la bata y se dirigió a la mamá mientras giraba la cabeza hacia la vivienda de la que poco antes habían salido los gritos que despertaron al vecindario. Madre y vecina cruzaron unas breves palabras. La segunda agarró la mano de la pequeña, la cubrió con una manta y la subió a su casa. Allí durmieron. Al día siguiente la abuela de la pequeña vino a por ellas. Palabras de gratitud eterna pero en esas horas algún vecino se interesó por la vida de las amenazadas y supo que son venezolanos y que carecen  de familia en Canarias salvo la abuela que comparte casa con una amiga en el sur de isla. Todas en mala situación económica.

 

Esa noche nadie supo ni quién era el amenazador, ni qué papel jugaba en la vida de la mujer. Al día siguiente contó que hacía seis meses que mantenían una relación. Cada cual siguió su camino y nadie pensó que las piruetas de la vida forman parte de la existencia misma. Un empresario conoció la historia y al mes la mujer tenía trabajo y la niña techo de alquiler que abona él mismo. Dijo estar en deuda con Venezuela y quiso saldarla ayudando a quienes ahora necesitan de Canarias como cuando él emigró a la octava isla.

 

Tal vez cuente su historia de emigración. Se lo he pedido.

 

Marisol Ayala es periodista. Artículo publicado en su blog.

 

Comentarios

  • Maria
    17/05/2017 - 02:34

    Siempre. Siempre hay que llamar a la policía si se viven situaciones como la que usted relata. O al 016. La unidad de intervención de violencia de género acudirá de inmediatez más si se comunica que se ve a una mujer y una menor despavorida de una vivienda. Me alegro que su protagonista haya salido de esa lacra y en un mes conseguido trabajo. Por desgracia miles de mujeres no tienen esa misma suerte y se ven ir a las casas de acogidas con sus niños. Bien por ese empresario y su gesto solidario. Pero por favor siempre siempre llamar a la policía. Porqué tristemente no todos los casos acaban así.......016.

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  • florencio
    26/04/2017 - 07:49

    megusta k aygan periodistas con 2 ¡¡¡¡¡¡ k sean de opinion libre y una condena al maltrato ala mujer ese ser k nos da bida y condena tanbien ala mujer k se aprobecha de las leyes para aser daño asu s pareja ese es mi caso k la justicia in bestigue gracias marisol fartan periodistas como usted

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