25/04/2010 - 07:46

Naufragios en la costa de Telde (XII): EL 'Aloyon'

Rafael Sánchez Valerón

Naufragios en la costa de Telde  (XII):  EL 'Aloyon'
El Lazareto de Gando a principios del siglo XX (Foto archivo FEDAC)
Rafael Sánchez Valerón
En el desarrollo cíclico de los trágicos acontecimientos históricos relacionados con la Baja de Gando, este extraño y caprichoso escollo costero parece como si estuviera dotado de vida y cual si fuera monstruo mitológico marino, guardián oceánico anclado al fondo en las aguas de Gando, cuando quiere permanece aletargado, después de haber devorado algún incauto navío, pero a veces despierta con hambre insaciable y sin haber digerido su primer alimento se apresta insatisfecho a buscar una nueva presa. Al suculento Monte Isabela iba a servir de postre el pequeño y apetitoso Aloyon con un intervalo de solo un mes.

El hundimiento del Aloyon se produce cuando aún no se habían apagado los ecos que produjo en toda la sociedad canaria la lamentable desaparición del reconocido y familiar Monte Isabela, hecho ocurrido en aguas de Gando el 20 de Septiembre de 1946 y que hemos relatado en el capítulo anterior, con su marinera estampa y su peculiar chimenea, reconocido cuando se divisaba en lontananza en sus múltiples arribadas al puerto de la Luz para repostar o para descargar el tan esperado grano que procedente de América saciaba el hambre a que se hallaba sometida toda la población canaria por efecto de la recién terminada Guerra Civil y el desarrollo de la Guerra Mundial.

Gando, depósito de barcos abandonados
El relato que sirve de preámbulo para ilustrar el capítulo de hoy nos hace caminar hacia atrás en el tiempo, mucho antes de comenzar la serie que estamos tratando, 23 años antes de producirse el naufragio del Senegal, el día 14 de Julio 1857.

Había sido avistado por el atalayero de la ciudad de Las Palmas un barco náufrago de regular porte, totalmente inútil por haber sufrido un incendio al que le faltaba la cubierta, sin arboladura, popa ni timón y sus costados hasta los portalones estaban completamente destrozados por las llamas. En tan lamentable estado fue conducido a la playa de Gando, al remanso de su bahía, testigo impasible de naufragios y buques inservibles. El buque había perdido la carga que pudiera haber contenido en la parte superior de la bodega, y solo tenía debajo de las latas del entrepuente madera en tablones de pinsapo, flotando en el agua que lo había inundado. Al no tener popa, costado ni cámara, había sido imposible por dicha razón encontrar su nombre o algún documento que pudiera indicar su nación, propiedad o procedencia, por lo cual, las autoridades de marina hacían un llamamiento a los dueños del navío para que se acreditaran y si no aparecieran declararlo “mostrenco”, para lo cual el Juez de arribadas de naufragios lo hacía saber a la población en el Boletín Oficial de Canarias.

Sirva este anecdótico relato de precedente para la introducción al hundimiento que 89 años después se produciría en las mismas aguas de Gando.

El hundimiento del Aloyon
El Aloyon era un barco pesquero a motor de nacionalidad portuguesa con matrícula de Lisboa. El barco siniestrado tenía 125 toneladas de desplazamiento y sus consignatarios en Las Palmas eran los Sres. Miller. Siendo su capitán el Sr. Ferreira.

Había llegado al puerto de la Luz para abastecerse de combustible. Una vez ultimada su estancia en el puerto partió para sus faenas pesqueras en el sur en las últimas horas de la tarde de un sábado 12 de Octubre de 1946.

Al llegar la embarcación a Gando, cerca de las inmediaciones donde hacía poco tiempo se hundió el vapor Monte Isabela, debido a chocar su quilla con la baja allí existente, muy cerca de tierra, se fue inmediatamente a pique, quedando la proa y el palo de la proa a ocho brazas del agua. Sus tripulantes, en número de 22 y el perro mascota de a bordo pudieron salvarse, unos a nado y otros utilizando los botes de salvamento.

Submarinos
Cuando en 1946 se producen los hundimientos del Monte Isabela y Aloyon, se encontraba varado a pocas millas del suceso, en la playa del Burrero en el municipio de Ingenio, desde hacía tres años, el submarino alemán U-37 que había tenido una larga trayectoria bélica en la llamada “Batalla del Atlántico”.

Por las singulares circunstancias que rodearon este acontecimiento y por no tener ninguna relación con la Baja de Gando, eje central de la serie que relatamos, le dedicaremos un capítulo especial.

Rafael Sánchez Valerón es maestro y cronista oficial de Ingenio.
 
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