11/04/2010 - 07:39

Naufragios en la costa de Telde (X): El 'Sud número 6'

Rafael Sánchez Valerón

Naufragios en la costa de Telde (X): El 'Sud número 6'
Bahía de Gando (Foto Archivo Fedac)
Rafael Sánchez Valerón
La más apacible de todas las bahías que se conforman en torno a cada una de las islas de nuestro archipiélago, es, sin duda alguna, para el que estos relatos escribe, la de Gando, donde al decir de los “mareantes” el mar siempre se encuentra como un “plato” gracias a sus situación a sotavento de la pequeña península que lleva su nombre, y por tanto resguardada de los vientos de N.E que son los que soplan la mayor parte del año.
 
Ha sido desde siempre un puerto natural y no faltaron iniciativas para dotarla de un puerto artificial a raíz de la construcción del llamado “Lazareto sucio” de Gando a finales del siglo XIX. La existencia de su famosa “torre” construida desde tiempo anterior a la conquista y vuelta a reconstruir en épocas posteriores, constituye un referente para el desolado paraje del “jable” de Gando, hoy antropizado por la existencia del la Base Aérea y Aeropuerto.
 
Su pequeña y acogedora playa con sus transparentes aguas fue en otro tiempo un pequeño poblado marinero y lugar de veraneo de los habitantes de los municipios de Telde e Ingenio. Su reducida población marinera fue protagonista en gran parte del salvamento de náufragos. A la bucólica existencia de este casi incomunicado lugar por tierra, (el núcleo más cercano, El Carrizal, se encontraba a varios kilómetros de distancia) se opone el otro gran referente, la siniestra “Baja”, que en el barlovento atrapaba irremisiblemente a los barcos entre sus garras en un abrazo mortal, perforando sus entrañas con sus rompientes y que nos trae a la memoria extrañas aventuras de bucaneros y piratas que contemplábamos en las películas durante nuestra niñez, convirtiendo sus arenosos fondos en cementerios de navíos que durante años surcaron nuestros mares y que traían vida y esperanza a las islas.
 
Su nombre ha estado desde siempre en la mente de los marinos desde que se acercaban a las aguas de Gran Canaria, al pasar por las costas de Gando.

Esta evocación de Gando nos sirve para ilustrar uno más de los naufragios provocados por la dichosa “baja”, cuando en España se desarrollaba la sangrienta Guerra Civil.

La flota ballenera alemana
En la época que ocurrió nuestro relato, la flota ballenera alemana era una de las más importantes con más de medio centenar de barcos cazadores y buques factoría. Su industria de transformación producía sustanciosos beneficios. De las ballenas se extraían distintos productos (aceite, lubricantes, margarina, jabones, productos alimenticios y otros derivados). Alemania había realizado varias expediciones a la Antártida con el fin establecer una estación ballenera y a la que animaba el deseo de poseer una parte de este amplio y desconocido territorio.
 
Una de estas expediciones a la Antártida compuesta de una flota ballenera había partido en 1937 regresando en la primavera de 1938. En ella se elaboró un plan para una tercera que partió el 17 de Diciembre de 1938 que a través del buque Schabenland realizó estudios en la Zona Antártica. La Guerra Mundial que se inició en 1939 hizo desistir a Alemania de sus pretensiones territoriales. La coincidencia del regreso de la expedición en la primavera de 1938 con el hundimiento de una de sus unidades en aguas canarias nos hace suponer que procedía del Antártico, pudiendo ser la misma, si bien, eso nos conduciría a otro tipo de investigación ajeno al objetivo de la presente serie.

El naufragio del Sud número 6
Era una mañana de un 12 de Abril de 1938 cuando se dirigía en arribada al puerto de la Luz, después de una larga estancia en los mares árticos dedicado a las operaciones de la pesca de ballenas el buque madre ballenero Sudmeer, alemán, a la consignación de los señores Woermann Linie para repostarse y esperar a seis balleneros que vendrían también para tomar provisiones. Sobre las cuatro y media de la tarde, uno de los esperados, el Sud número 6, cuando navegaba en aproximación por aguas de Gando chocó con uno de los “bajos que existen en Gando”, produciéndose graves averías que determinaron el hundimiento total del barco cuando solo habían transcurrido seis minutos del choque.

El salvamento
Los pescadores que por aquellas inmediaciones presenciaron el accidente se hicieron inmediatamente al mar no obstante el temporal que reinaba en aquellos momentos, logrando salvar a la tripulación que luchaba con el mar embravecido excepto un marinero de nacionalidad noruega que desapareció en medio de las olas sin que los esfuerzos que los heroicos marineros de Gando hicieron por encontrarlo dieran resultado alguno. Tan pronto como el comandante de Marina tuvo conocimiento del naufragio salió para el lugar del accidente así como un remolcador de la Casa Miller y Co. que conducía personal de la misma y de la Capitanía del Puerto que tuvo que luchar con la tempestad reinante hasta llegar a Gando, encontrando que el barco ballenero estaba totalmente perdido.
 
Por orden del Comandante de Marina, los tripulantes salvados fueron conducidos a un pabellón de la Penitenciaría de Gando, donde fueron debidamente atendidos, recibiendo alimentos y ropas para ser trasladados al puerto al buque madre. Destacada fue la abnegada conducta de nuestros marineros de las playas del Sur que heroicamente expusieron sus vidas por salvar a la tripulación del buque náufrago.

Transcurrirían ocho años para que se produjera en el mismo lugar el que sería el último de los naufragios de barcos de gran tonelaje, el curtido y veterano de los océanos Monte Isabela, si bien, otros barcos de pequeño y mediano tonelaje seguirían cayendo posteriormente atrapados y heridos de muerte por la tenebrosa “Baja”, hasta hace muy pocos años. 

Rafael Sánchez Valerón es maestro y cronista oficial de Ingenio.