28/03/2010 - 07:46

Naufragios en la costa de Telde (VIII): El 'Emma'

Rafael Sánchez Valerón

Naufragios en la costa de Telde (VIII): El 'Emma'
Playa de Las Burras. Lugar donde encalló el Emma (Foto cedida)
Rafael Sánchez Valerón
Sin ser el más trágico, podemos afirmar que si fue el más rocambolesco de cuantos naufragios se produjeron en la Baja de Gando y del cual podría escribirse perfectamente una novela o realizar una gran película de aventuras a tenor de todo lo acontecido, tanto el naufragio como posteriormente su reflotamiento y reparación.

Las primeras noticias publicadas al día siguiente del naufragio por el periódico “La Provincia” no fueron acordes con lo sucedido al afirmar que después de un golpe que estremeció todo el vapor y se abrió una gran vía de agua fue arrastrado por la corriente y sepultándose entre las olas en el mismo sitio que el Alfonso XII.

El buque: características y carga
El Emma era un vapor mercante inglés de 2.539 toneladas. Fue construido en Whitby (Inglaterra) en 1898. Pertenecía a la Compañía Inbul Bros, de la matrícula de Cardiff. Procedente de Río Plata, traía un cargamento completo de tres mil toneladas de maíz de Rosario, navegando en tránsito para el Havre. Estaba al mando del Capitán Storn y llevaba 24 tripulantes. Siempre hacía escala en Las Palmas en sus viajes de ida y vuelta a América para carbonear. La última vez cuando fue a Rosario para traer la carga que llevaba en el momento del naufragio.

El naufragio
Sobre las 6 de la tarde de un domingo día 3 de Mayo de 1914 y cuando navegaba con dirección al puerto de la Luz chocó contra la baja de Gando, sintiéndose un golpe que estremeció todo el vapor abriéndosele un vía de agua que lo hundió por la proa. Al chocar el buque y penetrar el agua por el boquete abierto, en el acto el oleaje lo levantó de nuevo dando lugar a una más fuerte cabezada; el barco comenzó a inclinarse de proa rápidamente, determinando un pánico irrefrenable y contagioso en la oficialidad y tripulantes. Se hacía imposible achicar el agua con el funcionamiento de las bombas. Poco a poco fue arrastrado por la corriente, escorándose con gran rapidez. Ante el temor que el buque se hundiera totalmente el capitán ordenó lanzar al agua las lanchas para salvar a los tripulantes. El temporal era tan grande que les impedía su propósito. En dos botes capitaneados por el Capitán y 1º Oficial pudieron por fin embarcar los 25 hombres con el fin de ganar tierra, quedando el barco totalmente abandonado y a la deriva.

Salvamento de los náufragos
Al observar las incidencias los pescadores de la playa lanzaron “barquillos” al agua. Los botes se dirigieron hacia la playa, pero la corriente los arrastraba. Los pescadores advertidos por el bote del primer Oficial y siguiéndoles lograron después de bastante esfuerzo que la embarcación llegara a la playa desembarcando de noche; la que guiaba el Capitán no pudo dominar la corriente y se fue a tomar tierra por Arinaga mucho más tarde. Ya en tierra se dirigieron a pie a Telde. A la una de la madrugada llegaron el Capitán y sus compañeros de lancha.

En el salvamento se distinguieron notablemente los vecinos de Gando: Leocadio Artiles Peña, Antonio Moreno Peña, Dámaso Vega Artiles, Domingo Trujillo Betancor y los hermanos Manuel, Antonio y José Peña Suárez.
 
Aterrados, y dando por seguro que el buque naufragaba, los marinos no pensaron en otra cosa que en ponerse a salvo, como lo hicieron. Ya en tierra observaron la situación del Emma que les pareció continuaba hundiéndose. Con la caída de la noche, el buque desapareció entre las sombras y lo dieron por hundido en las aguas, sin volverse a ocupar más del Emma al que suponían en el fondo del mar.

De la totalidad de la tripulación quince marcharon inmediatamente para Telde y desde allí en “coche de hora” a Las Palmas y los trece restantes lo efectuaron el día 4 a primera hora, sin volverse a ocupar más del Emma al que suponían en el fondo del mar. No se imaginaban que la consistencia de los compartimientos del buque hiciera que continuara a flote; y lo que no pudo hacer la “Baja” con sus rompientes y las olas con su empuje poderoso fue realizado por la rapacidad de los hombres.

Actuación de la Guardia Civil de Telde
El la mañana del día 5 de Mayo, en el cuartel de la Guardia Civil de Telde se recibió la noticia del naufragio de un vapor la noche anterior en las costas de Gando en el que “habían perecido ahogados” varios tripulantes y que el resto de la tripulación se hallaba abandonada en tierra.

El Comandante del puesto de la Guardia Civil de Telde envió un telegrama al Gobernador Civil con sede en Tenerife el día 4 a las 11,40: “Acabo recibir noticias que anoche naufragó Punta Gando vapor mercante extranjero. Se dice han ocurrido desgracias personales. Salgo con fuerza este puesto a prestar auxilios".

El cabo del puesto salió para Gando con el objetivo de comprobar la noticia y en su caso proteger a los náufragos y recoger los efectos del vapor que las aguas arrastrasen a la orilla. Le acompañaban los guardias segundos, Jaime Tur Ferrer y José Nogueras Rivas, llegando a la playa de Gando a las doce, procediendo a interrogar a los vecinos que presenciaron el siniestro, quedando desvanecido el rumor de que habían ocurrido desgracias personales. Pertenecientes al vapor fueron recogidos por la Benemérita de Telde, 17 salvavidas de lona y corcho, dos velas para lanchas, un saco embreado y un farol, cuyos efectos fueron depositados en poder del conserje del Lazareto D. Enrique Baquero, a disposición del Comandante de Marina, a cuya autoridad se remitió el correspondiente atestado. También se remitió ese día un oficio al Delegado del Gobierno detallando lo relacionado al naufragio del vapor Emma.

El misterio
Se había recibido la noticia que en las playas del Burrero (la prensa de la época la señala como “Burreras”) y Vargas fueron vistas dos lanchas pertenecientes al buque naufragado que no fue posible recoger, por efecto del temporal.

A pesar del reconocimiento que se practicó por aquellas costas, no fue visto el vapor que, llegándose a pensar que el Emma se hundió totalmente.

La búsqueda en la extensa bahía de Gando fue inútil y presagiaba lo peor. Como se comprobó después, la Guardia Civil se engañó como todo el mundo.

De todas las versiones recogidas acerca del particular, se deduce que el motivo de que se creyera totalmente perdido el buque, dando lugar a las informaciones oficiales y extraoficiales hechas en tal sentido, fue origen de cuchufletas y burlas, repitiéndose de nuevo las opiniones más controvertidas con posterioridad al naufragio.

Embarrancado en Maspalomas
Ante tanta confusión el buque malherido fue arrastrado por la corriente hacia Maspalomas, quedando embarrancado en una playa de arena en el lugar conocido por Las Burras (en la prensa de la época “los Burros”).
 
Fue un buque de la casa Blandy que venía hacia Las Palmas el día 4 el que dio noticias de haber visto un vapor abandonado en aquella costa sureña. Al pasar por el lugar y observar al barco en situación anómala hicieron insistentes señales, sin obtener resultado alguno.
 
Esta casa consignataria envió un remolcador en busca del Emma dando órdenes al personal que tripulaba para que izase en el vapor la bandera de la Casa, anticipándose a la Gran Canary, que también tuvo noticia de lo que sucedía y procediendo en idéntica forma. Ambas Casas se entendieron después para organizar el salvamento que se llevó a cabo con relativa facilidad y acierto y en el que también tomaron parte muy activa los cabos de matrícula de la Comandancia de Marina D. Cristóbal Abelleira y D. Agustín Rodríguez. También se encontraban en el remolcador Gran Canaria funcionarios de la Sanidad Marítima. Enviados por la primera autoridad de Marina fueron estos funcionarios a Maspalomas a encargarse de la vigilancia a bordo del vapor.

El saqueo
Durante el tiempo que estuvo el Emma embarrancado en Maspalomas y antes que fuera sometido a vigilancia desde el día 5 que llegaron al lugar los cabos de matrícula enviados por la Comandancia de Marina para que se hiciesen cargo de la vigilancia, el barco fue invadido por una multitud que se entregó al pillaje. El millo de la bodega inundada y el de las número 2 y 4, fue saqueado, lo mismo que los víveres, acción hasta cierto punto disculpable; pero lo que resultó más vergonzoso fue el destrozo hecho a bordo saqueando las prendas del ajuar de los marinos, los lechos de los camarotes, utensilios de cocina, cuerdas, drizas de las banderas, cuerdas de la sirena.
 
Los tres compases que tenía el barco, fueron arrancados destrozando las tablas a las que estaban adheridos; sólo uno fue encontrado por la Guardia Civil. Las tablas del rancho de la tripulación, los camarotes de los maquinistas; las piezas que revestían del buque fueron arrancadas a hachazos. Hasta varias cadenas, las más fáciles de transportar, fueron pilladas. Las cámaras del capitán y los oficiales y los tabiques fueron destruidos y los efectos que se guardaban en los muebles, robados. Se encendió fuego en la cámara del capitán quedando un trozo de piso quemado. La provisión del pañol, todas las pinturas, niveles y algunos aparatos reguladores de las máquinas fueron destruidos o saqueados. Sólo se salvó la bodega numero 4. Los dos botes que quedaron a bordo, también fueron llevados a tierra por los saqueadores, por cuya impericia se destrozó uno casi completamente.

Negociantes sin escrúpulos fueron a Maspalomas a realizar cambalaches con el millo.

La Guardia Civil del puesto de Santa Lucía llevó a cabo la detención y puesta a disposición del contramaestre don Cristóbal Abelleira, por encontrarse ausente el Ayudante de Marina, a dos pescadores de Telde y uno de San Bartolomé, en cuyo poder fueron hallados los objetos sustraídos del vapor Emma, en la playa de los "Burros", contabilizándose: una caja de madera con una fotografía, un termómetro grande y útiles de a bordo, dos cajas de herramientas de carpintería, una caja con herramientas para la máquina del vapor, un compás, dos faroles de las luces de los costados, dos cajones de cómoda, una varilla de cortina de camarote de metal dorado, un aparejo de cordaje con poleas de barca grande, un aparejo pequeño de los llamados de rabiza, una caja de hierro pequeña conteniendo dos sombreros, cuatro corbatas y algunos enseres de farmacia, un barril de cien kilos de aceite para la máquina, una luz de las llamadas de bombilla, una sierra grande, dos rollos grandes de cabos de cordaje para vapores, varias latas y un impermeable de seda y goma.

El traslado al puerto de la Luz
Con gran marejada, utilizando su propia máquina, ayudado por el remolque del Britania, siendo puesto a flote después de grandes esfuerzos, recobrado con la potente bomba de la casa “Grang Canary Coaling”, salió el Emma del punto donde estaba encallado a la una y media de la tarde del día 9 llegando a la ensenada de Gando a las siete de la tarde del mismo día. Desde allí salió el buque con rumbo al Puerto de la Luz el día 12 a las siete de la mañana, recalando en el punto de destino a las 10,15. La travesía se hizo también con el remolcador Gran Canaria y poniendo a media energía las máquinas del Emma. En todas las operaciones tomaron parte los remolcadores Gran Canaria y Britania.

A las diez y media de la mañana del día 12 entró en el puerto, remolcado por el remolcador de la casa Blandy, Britannia, el vapor Emma. El remolcador de la casa Gran Canary Coaling Co, Gran Canaria, conducía también de remolque para el mismo puerto las gabarras donde venían los elementos de salvamento.

El estado del 'Emma'
La popa que estaba totalmente sumergida y la proa levantada sobre el agua algunos pies, habían sido corregidas para facilitar la entrada del Emma al Puerto de la Luz.

De la banda de babor faltaban tres planchas del casco, rotas al chocar el Emma con las rocas de la baja de Gando, enorme boquete por donde penetró el agua inundando la bodega número 1, junto al escobén del ancla se veía el agua embarcada por la rotura, con una altura de braza y media sobre la que flotaban tablones y trozos de cuerda. A babor y estribor de la amplia boca de escotilla hallábase colocadas las bombas de salvamento de las casas de Blandy y Gran Canaria en las sucias y pestilentes aguas en las cuales sobrenadan el grano y los sacos reventados al hincharse el millo. De las bombas sólo funcionó la de la casa Blandy. El agua no había pasado a la bodega número 2. Sin que las máquinas, ni otros departamentos del buque, padecieran absolutamente nada por la acción de las aguas.

Ya en la dársena, las casas Blandy y Gran Canary, dispusieron que dos buques realizaran los trabajos necesarios para poner el buque en condiciones de hacerse a la mar, operación que se llevó a cabo desde el primer momento, consistente en colocar una camisa de goma y un prisma en el sitio de la avería para hacer el traslado del Emma hacia Inglaterra. El día 13 se trató de colocar en el boquete abierto por el choque, una camisa de lona para achicar el agua embarcada.

Por disposición de la Sanidad y la Comandancia de Marina fue desalojada la bodega número 1, única inundada conduciéndose su contenido fuera del puerto, siendo arrojado al mar.

Sobre el casco intacto en su mayor parte, el barco no presentaba ningún tipo de inclinación. Para lograr su estabilidad se había colocado en popa la carga que aún quedaba en la bodega número 1 consistente en algunos de miles de sacos de millo.

El Capitán y la tripulación
Los náufragos se hospedaron en el hotel “Rayo”. Allí fueron visitados por un redactor del periódico “La Provincia”, sobre las tres de la tarde acompañado del oficial de la estación sanitaria D. Andrés Macías que medió en la conversación. El Capitán quedó en su cuarto en cama y en otro el 1º Oficial. El Capitán de unos 45 años, rostro tostado por el aire con tristeza contestó a las preguntas del Sr. Macías, comentando que navegaba con tiempo claro y brisa fuerte con la confianza con la que siempre había pasado por aquel lugar, estando en el puente cuando ocurrió, después de sentirse un estremecimiento del buque, se hundió de proa y retrocedió haciendo agua que daba miedo, disponiendo el salvamento, porque el barco se hundió rápidamente por momentos, en las lanchas, muchos marineros se encontraban descalzos, no se pudo salvar la documentación. Se arrebujó a la manta con síntomas de malestar. Más tarde fue hospitalizado en el Hospital Inglés “Queen Victoria”. Llevaba al servicio de la Compañía propietaria del Emma treinta y dos años. Acaso sufrió un error, velando con exceso por la seguridad de los hombres bajo su mando.

En el tiempo que el barco estuvo en aguas del puerto de la Luz fue visitado por sus tripulantes que quedaron asombrados de los destrozos efectuados en el navío. El contramaestre y uno de los pilotos limpiaron su camarote para poder instalarse. Uno de los maquinistas, encontró en su camarote los retratos de su esposa y de sus hijos que fueron respetados por los saqueadores, pensando quizá que de no haber abandonado el barco muchas cosas se hubieran salvado.

Los tripulantes no embarcaron para Cardiff hasta que no se ventiló la sumaria instruida con motivo del naufragio.

El mismo día que el Emma chocó con la baja de Gando, varios barcos se vieron implicados al producirse choques en la entrada del puerto de la Luz. Por la mañana, un vapor frutero alemán que salía y otro que entraba. El buque alemán sufrió averías de importancia, haciendo agua tuvo que entrar de nuevo en el puerto. Por la tarde, encontronazo entre el velero Sensat de D. José Bosch y Sintes y un vapor inglés de la casa Elder sin mayor importancia.

Al naufragio del Emma el mismo año del inicio de la “Gran Guerra”, le seguiría 32 años después, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, en 1946, el hundimiento del último de los barcos de gran tonelaje producidos como consecuencia de choques en la temida, misteriosa y enigmática baja de Gando; nos referimos al Monte Isabela que comentaremos en el último relato de esta serie.

Rafael Sánchez Valerón es maestro y cronista oficial de Ingenio.