07/03/2010 - 07:47

Naufragios en la costa de Telde (V): 'El Kennet'

Rafael Sánchez Valerón

Naufragios en la costa de Telde (V): 'El Kennet'
Carta batimétrica de la zona de la “Baja” y ensenada de Gando de 1947
Rafael Sánchez Valerón
Tres años después del naufragio y hundimiento del navío Alfonso XII, un nuevo buque con el mismo nombre de 426 pies de eslora, 47 pies y 6 pulgadas de manga y 36 pies de puntal fue construido en Newcastle y botado el 30 de Marzo de 1888; en cierta manera hacía olvidar al antiguo y la tragedia que lo envolvió en aguas canarias.
 
Posiblemente el recuerdo de la fatal Baja cual misteriosa premonición hacía presagiar que un nuevo siniestro se iba a producir en el mismo lugar pocos días después de botado el nuevo buque, donde se unía en fatal coincidencia todo lo relacionado con la archiconocida Baja. Al nacimiento del nuevo Alfonso XII se contrapone la pérdida de un veterano de los mares: el Kennet. Gando volvió a ser de nuevo protagonista de un siniestro marino cuando 18 días después de bautizado el Alfonso XII, el Kennet se hundió a consecuencia de haber chocado contra la misteriosa Baja, atraído no sabemos por qué misterioso sino.

El Kennet
El Kennet era un barco de vapor inglés que desplazaba 1.456 toneladas. Tenía ya prestados a la navegación dilatados años de servicios y probablemente estaría asegurado. Se encontraba fondeado en el puerto de Refugio de Las Palmas y había sido despachado con destino a Montevideo -algunas fuentes apuntan también que tenía como destino Río de la Plata, y al mismo tiempo un desplazamiento de 1.150 toneladas-, llevando a bordo 24 tripulantes y cuatro pasajeros. Transportaba un cargamento con tejidos, productos manufacturados y artículos varios. Desde el Puerto de la Luz y con destino a América partió una primaveral tarde al mando del Capitán Mr. Pearce.

El naufragio
El vapor inglés Kennet partió del puerto de Las Palmas aproximadamente a las tres de la tarde de un miércoles 18 de Abril de 1888, maniobrando hacia una ruta alejada de la costa, pero a la altura del punto de Melenara puso rumbo excesivamente abierto a tierra. Se dejó venir hacia la costa hasta que irremediablemente chocó con la “siniestra” Baja de Gando. El mar se encontraba “picado” pero con suficiente visibilidad que permitía notar la presencia del escollo. La historia del Senegal, Ville de Pará, Alfonso XII y Spider, se repetía con extraordinaria semejanza como si estuvieran predestinados a la búsqueda de su fatal destino. Inmediatamente corre la voz y se empieza a hablar de un vapor inglés perdido en la Baja de Gando.

Sobre las seis, poco más o menos, el vigía de la Isleta con la lección aprendida anunciaba que el buque que había salido hacia el sur de la Isla se hallaba en peligro. Más tarde se supo que encalló en la Baja de Gando, dando lugar a que salieran del puerto de Las Palmas tres remolcadores para prestar auxilio a la vez que se trasladaba a Telde el Inspector de vigilancia Sr. Inglot y algunos agentes.

El choque se efectuó por la parte interior. El barco se mantuvo una hora escasa parado sobre el arrecife, después que se hubiera producido el encontronazo, para hundirse irremediablemente y de forma apacible. Tripulantes y pasajeros fueron recogidos por las lanchas de los sufridos, intrépidos y abnegados pescadores de aquellas costas en sus pequeñas embarcaciones llevándolos a tierra a pesar de los sinsabores y la maledicencia sobre actuaciones anteriores. El Capitán y el piloto fueron los últimos en abandonar el barco.

Autoridades y tropa salieron de Las Palmas por tierra, mientras por mar acudían vapores remolcadores. La tripulación salvada, una vez desembarcada en la playa volvió a reembarcar por la noche con rumbo a Las Palmas en los remolcadores que acudieron al lugar del siniestro.

Se debe considerar que ese día el mar estaba “algo duro” (expresión de la época) levantando brisa del N.E., normal en esa situación, formando el mar rompientes que hacían a la Baja perfectamente visible desde cierta distancia, planteándose, que estudios iba a hacer la oficialidad de aquel buque en aquellos parajes. Días después, un domingo por la noche todos los náufragos partieron para Liverpool en el buque inglés Níger (solía navegar de Inglaterra para la Costa de África).

La noticia que circuló con gran rapidez, si bien tuvo eco no causó impresión ni sorpresa de ningún género si se tiene en cuenta que la Baja y su peligrosidad estaban de actualidad en todos los mentideros marinos, puesto que los capitanes que tenían conocimiento del lugar ya se habían familiarizado con las noticias de los naufragios anteriores del peligro de acercarse a la baja de Gando, de tal manera, que bien podía decirse que se “hallaba de moda” aquel montículo marino que la naturaleza nunca dejó que aflorara a la superficie, siendo la principal observación que estos siniestros no ocurrían cuando el escollo estaba envuelto en las negras cortinas de la noche, sino de día y bien claro.
 
Dentro de la normalidad, el infortunio se celebraba porque no ocurrían desgracias personales, si se excluye a los dos fallecidos del Ville de Pará por tratar de recoger objetos, el pasajero del Senegal o el infortunado buzo británico. De nuevo la ironía macabra salta a las columnas de la prensa apuntando que se podría evitar que las maletas se fueran al fondo del mar si se ordenara que al cruzar las aguas de Gando, los pasajeros las colocan sobre sus hombros, a todo evento.
 
Si se toma como referencia que la baja de Gando queda dentro de una amplia rada entre las puntas de Melenara y Gando no tiene ninguna explicación que un barco que se dirige a Montevideo choque contra ese escollo, a lo que podría añadirse los informes de naufragios anteriores. De nuevo el interrogante de las casas aseguradoras…

La eterna reivindicación de balizar la zona. Era de imperiosa necesidad balizar Gando, parte de los puertos y otros lugares difíciles para prevenir accidentes fatales, imprudencias y descuidos. Se hacían propuestas a la Dirección General de Obras Públicas para el proyecto de balizamiento formado por la Oficina del Ramo de Las Palmas y que inmediatamente se pusiera en ejecución.

Uno más y ya eran cinco, que por la impericia o no se sabe qué extraña circunstancia habían sufrido consecuencias trágicas y era un motivo para que se volvieran a ocupar de Gran Canaria todos los periódicos del mundo. Se tomaba incluso a “mofa”, dándose a estos acontecimientos un toque de humor y sarcasmo llegándose a comentar en tono de escarnio que unos cuantos ciudadanos, dada la gran expectación que provocaban los siniestros querían establecer en Gando un gran hotel, y que sus acciones no tardarían en venderse, considerando que el espectáculo estaba justificado, puesto que no hubo desgracias y las casas aseguradoras pagarían religiosamente el descanso eterno del Kennet.
 
Algunos periódicos de Tenerife magnificaron el hecho con el epígrafe de “Terrible catástrofe” y naturalmente la réplica de los de Las Palmas argumentando que escollos había en todas partes como en los puertos de Cádiz y Algeciras y que se podía evitar tomando las medidas necesarias, y se consideraba la pena impuesta por el almirantazgo inglés al Capitán del Spider porque no encontró justificado que se acercara el buque tanto a la costa y con riesgo que se estrellara entre sus rocas, haciendo hincapié en prevención de confusiones.
 
Se trataba de evidenciar que afortunadamente en el Puerto de la Luz no existía ningún arrecife ni obstáculo que impidiera la entrada de buques y que ni siquiera el práctico era indispensable para entrar en la bahía. Se insistía que la Baja se encontraba a más de diez millas de distancia hacia el Sur. Se trataba de suavizar las consecuencias redundando en que el pasaje salió ileso. La desgracia de los naufragios se convirtió en caldo de cultivo para la controversia y el descrédito mutuo entre dos islas que querían alcanzar el protagonismo de sus respectivos puertos como punto de escala de viajes transoceánicos. La prensa de Las Palmas comentaba que el morbo por los acontecimientos relacionados con la Baja lo que hacía era aumentar el movimiento marítimo en Gran Canaria.
 
Se insistía en la cantidad de vapores que visitaban el Puerto de la Luz (unos setenta cada mes) en 1877, teniendo su procedencia la mitad de América o de la costa de África, hacían su recalada por el sur pasando frente a Gando y que además con frecuencia entraban de noche sin el menor inconveniente.
 
Con el Kennet acababa una “racha” de cinco buques siniestrados en Gando en un periodo de ocho años (1880-1888). Transcurrirían 11 años y con los acontecimientos casi olvidados, cuando en 1899 el trasatlántico alemán Lavinia corrió la misma suerte que sus hermanos, aunque esta vez la Baja fue más generosa, produciéndose solamente heridas leves, pudiéndose salvar.
…La aventura continúa. 

Rafael Sánchez Valerón es maestro y cronista oficial de Ingenio.