14/02/2010 - 08:31

Naufragios en la costa de Telde: 'El Ville de Pará'

Rafael Sánchez Valerón

Naufragios en la costa de Telde: 'El Ville de Pará'
Roque de Gando (Foto TELDEACTUALIDAD)
Rafael Sánchez Valerón
Siguiendo en orden cronológico los naufragios provocados por la llamada Baja o Bajo de Gando, continuamos con la narración del naufragio del buque francés Ville de Pará en el año 1884 y al igual que lo expuesto con el Senegal, lo hacemos en forma de simple relato, manifestando después del tiempo transcurrido el interrogante de como un pequeño accidente marino en las costas de Gran Canaria, conocido y señalizado, ha provocado tantos hundimientos y consecuentemente, pérdida de vidas.

Características y ruta
El vapor Ville de Pará era propiedad de la empresa Chargeurs Reunis (Cargadores Reunidos), cargaba 1.699 toneladas y hacía su tercer viaje del Havre a Pernambuco, encontrándose al mando del capitán Laperdrix. Conducía sacos de correspondencia y llevaba como cargamento en su mayor parte vino, así como un gran número de pasajeros; entre ellos se encontraba el cónsul francés en Pernambuco. Partió del Havre el día 2 de Octubre de 1884, habiendo hecho escala previamente en Lisboa.

El naufragio
Amanecía un sábado 10 de Octubre, cuando el vapor Ville de Pará navegaba tan cerca del muelle de Las Palmas, casi junto a las embarcaciones allí ancladas, que el práctico salió en su busca en la creencia que iba a fondear. Sin embargo el buque siguió para el Sur siempre a corta distancia de la costa. Cuando pasaba por las cercanías de la Península de Gando, siendo aproximadamente la nueve de la mañana, tropezó en la fatídica Baja de Gando, situada apenas a una milla de la costa, a pesar de estar universalmente reconocida en las cartas de navegación y en la tranquilidad de un mar en calma. Unos marineros que pescaban en el Ancón escucharon el descomunal ruido que produjo el choque, después del cual vieron echar los botes y pasar a ellos gente muy deprisa. Como consecuencia del encontronazo el barco estuvo embarrancado sobre el escollo marino y aprisionado entre sus rocas unos tres cuartos de hora dando grandes vaivenes. Ante tal circunstancia se procedió a su desalojo. En este espacio de tiempo dio lugar a que se salvara casi todo el pasaje que iba a bordo, incluso las señoras aparecieron expresamente vestidas para embarcar en los botes del buque.

De tierra habían salido precipitadamente para prestar auxilios, los botes de Francisco Morán, José Toribio Negrín, José Agustín, José Peña Suárez, Antonio Medina, Antonio Flores, Manuel Jerez y Francisco Martín Sanjuán. Estos botes recogieron a varias personas que habían caído al agua, entre ellas la camarera de a bordo que luchó largo rato con la corriente, salvándose sin más ropas que unas enaguas y un saco.
Desde tierra se dio la voz de alarma y salieron algunos barquillos de pescadores de la zona lográndose poner a salvo casi todos, contabilizándose 67 personas entre pasajeros y tripulantes de los cuales 18 eran de primera clase, 5 de tercera y 44 tripulantes.

El Capitán, en su afán de conseguir que su barco siguiera a flote forzó la máquina, logrando arrancar el buque y salir de la roca, pero debido al golpe y por haber sufrido graves averías durante el tiempo que permaneció embarrancado, penetró en el interior del vapor gran cantidad de agua; resbaló sobre el banco, sufriendo una inclinación de proa sumergiéndose rompiendo el palo mayor, y levantándose de popa hasta quedar casi en posición vertical desapareciendo instantáneamente en el fondo de las aguas a una profundidad de 20 brazas. Al producirse el hundimiento estalló la máquina del vapor, lanzando a gran altura varios bultos del cargamento con una masa enorme de agua.

En el momento de hundirse se encontraban a bordo el Capitán, el médico Mr. Parfait y el panadero Mr. Mandoi, estos últimos habían vuelto después de haber sido recogidos por las lanchas, con objeto de salvar el botiquín y recoger papeles, pereciendo ahogados cuando el buque se hundió, siendo las dos únicas víctimas del trágico suceso. Sus cadáveres buscados posteriormente no pudieron ser encontrados. El capitán Laperdrix logró salvarse después de luchar mucho tiempo con las olas al ser avistado por la tripulación del bote del marinero Manuel Jerez, cuando el tripulante, un muchacho llamado José Santana Negrín, lo asió por una mano en un momento en que subió a la superficie.

La atención a los náufragos
El alcalde de Telde, D. Rafael Zumbado, que había bajado a la Playa de Gando al conocer la noticia, en unión de uno de los facultativos de aquella ciudad, D. Antonio Calderín, como era preceptivo detuvo el desembarco de los náufragos hasta recibir las órdenes del Delegado del Gobierno, toda vez que el Ville de Pará venía de un puerto de Francia cuyas procedencias estaban sujetas a tratamiento sanitario, para evitar así posibles contagios. También llegó a conocimiento de la autoridad gubernativa, ordenando salir para el sitio de la catástrofe al Secretario de la Delegación D. Arturo López y el Director de Sanidad Sr. Grau, los cuales fueron acompañados por un oficial y cinco guardias provinciales, llegando a Gando alas 5 de la tarde.
 
En el acto se ordenó el desembarco de los náufragos con las oportunas precauciones, aislándolos completamente, lo mismo a los marineros de tierra que habían ido a salvarlos, formándose un cordón sanitario por los guardias provinciales y por agentes del Ayuntamiento de Telde. La distancia a que se encuentra la Playa de Gando y la carencia de medios dado lo avanzado de la hora, a punto de caer de la noche, impidió que se le prestasen los auxilios de camas y aparatos para levantar algunas tiendas de campaña apelando en tales circunstancias a las lanchas y velas de buques para resguardarse de la intemperie de aquella noche. El Director de Sanidad y Médico de Telde facilitaron a las señoras las ropas que llevaban. También había llegado al lugar D. Juan B. Carló, representante de de la aseguradora Lloyd`s, acompañado de otras personas. Se repartió entre los náufragos: pan, leche, queso, vino, tabaco y otros. Los náufragos no pudieron salvar nada de sus equipajes, ni tan siquiera los documentos más indispensables de a bordo, y sólo cuando reventaron las calderas salieron algunos equipajes y otros efectos del cargamento que llevaba el vapor. De la correspondencia pudo salvarse cinco sacos pequeños, tres de ellos fueron hallados por los pescadores, uno de ellos de nombre de José Toribio, y los dos restantes los encontró en el agua el Director de Sanidad, Sr. Grau, en uno de los reconocimientos que practicó en busca de los náufragos que habían desaparecido. Una vez en tierra los cinco sacos se abrieron, fumigándose y ventilándose la correspondencia durante un día y encerrándose luego en tres sacos impermeables.

El Secretario de la Delegación que había llegado a Gando sobre las 11 de la noche, al tener conocimiento que el buque era francés indicó a la familia del Vice-Cónsul que se hallaba en Arucas, le avisasen inmediatamente para que bajara a Las Palmas y tomara las disposiciones oportunas; éste, fletó la goleta Inés surta en la bahía con las provisiones necesarias para la conducción de los náufragos al Lazareto del Puerto de la Luz donde habían de completar los siete días de cuarentena impuestos por la ley, después de descartarse su alojamiento en la casa de D. José Naranjo, previo su permiso en las costas de Melenara. El comandante del buque de guerra francés Talismán que se hallaba fondeado en Puerto de la Luz, al enterarse del suceso salió para Gando a las 11 de la mañana casi a la misma hora en que lo hizo el Inés, no sin antes haber escrito a la autoridad gubernativa pidiéndole autorización para ir al expresado punto a comunicar con los náufragos.
 
El Talismán llegó a Gando a las 3 del domingo y en la misma tarde recogió a los náufragos en completa incomunicación, en presencia del Vice-Cónsul, del Alcalde de Telde y del Director de Sanidad, que aún permanecían en las Playas de Gando, regresando por la noche al Puerto de la Luz. El Inés condujo algunos tripulantes y los botes del vapor Ville de Pará. Dispuesto con anterioridad el lazareto de observación, por el dueño del Hotel Europa para el alojamiento de los náufragos. En presencia de los funcionarios de sanidad, se verificó a las 11 de la mañana del día 13 en el Puerto de la Luz el desembarque y traslado al Lazareto; despejado previamente el muelle de la Luz y escoltados por la falúa de Sanidad se dirigieron en cuatro botes al último desembarcadero, donde se encontraba el Director de Sanidad y el médico D. Antonio Jiménez en funciones de auxiliar de la citada Dirección. El ingreso en el Lazareto del Puerto de la Luz se realizó con el mayor orden. De los 64 náufragos internados, el tercer oficial se hallaba con una grave contusión en un costado.

Sorprendió en la opinión pública la actitud de la goleta de guerra española Ceres, que encontrándose fondeada en el Puerto de la Luz no salió a prestar los auxilios necesarios, a pesar de que su capitán ofreció su ayuda a las autoridades civiles y de marina.

Los sufridos marineros de Gando
Los marineros de Gando en número de unos 23 que socorrieron a los náufragos y los condujeron a la playa, quedaron en Gando incomunicados en un lazareto provisional, cumpliendo cuarentena, vigilados por la fuerza de la guardia provincial, y a cargo del Facultativo de Telde, Sr. Calderín. El Delegado del Gobierno encargó al Alcalde de Telde que les enviase cuanto fuera preciso para su sostenimiento. Lamentables fueron las penalidades que sufrieron todo el día 11 en los botes sin poder desembarcar en virtud de precauciones sanitarias, extremándose la noche del 11 al 12, No encontrando donde albergarse por el aislamiento de la playa de Gando y careciendo absolutamente de recursos. Las mujeres la pasaron en una tienda que se formó con la vela de un bote y los hombres alrededor de una gran hoguera. Por si esto no fuera bastante y apenas entrada la noche comenzó a llover hasta las 4 de la mañana, cesando a esta hora para reproducirse con algunos intervalos durante el día siguiente.

No termina aquí el calvario de los infelices marineros, pues a los dos meses y medio del naufragio se encontraban presos varios y algunas mujeres por haber tomado efectos del vapor arrojados a las playas, habiéndose instruido causa por la Comandancia de Marina.

La noticia en el Ingenio
A los dos días de ocurrir el naufragio se celebra sesión plenaria en el Ayuntamiento vecino del Ingenio bajo la presidencia de su Alcalde D. José Pérez Pérez, y la Junta de Sanidad, con motivo de haberse pedido socorros alimenticios para los náufragos del vapor que se embarrancó en la baja de cuchilla que existe entre el Roque y la montaña llamada de Gando, donde se habló sobre que algunos bultos de su cargamento flotaban por el mar, y estaban pronto que salir a las playas. Ante la sospecha que el vapor procediera de algún punto infestado por el cólera morbo y para impedir que ninguna persona tuviera contacto con objetos procedentes del barco naufragado al salir por las playas de la jurisdicción, acordaron poner vigilantes en la costa, mandando para ello ocho hombres del pueblo y cuatro del Carrizal, los cuales serían relevados cada 24 hora, con la misión la vigilar y evitar el contacto con los efectos procedentes del vapor. El día 19 se suspendió el retén.

Los objetos depositados en la costa
El 27 de Diciembre fueron entregados por Sebastián Herrera Vega en la Fiscalía de Marina objetos hallados en la Playa de Mogán y que se supone procedían de naufragio del Ville de Pará: una leontina de oro con guardapelo con una C. y una S. enlazadas; un reloj de oro remontoire con las mismas iniciales; una sortija con dos perlas y seis diamantes montados en plata; cuatro botones de oro para camisa; un par de gemelos de carei para camisas con dos coronas de oro incrustadas; tres coronas de plata sobredorada para Santos; dos diademas de la misma clase y metal que las anteriores; un reloj de plata remontoire; un par de gemelos de cobre para camisa; cinco botones de condecoraciones, inútiles; 192 francos en distintas monedas; un libro en octavo, escrito en portugués de Víctor Hugo titulado Homen que re; un diccionario portugués en mal estado; tres cepillos para dientes, dos nuevos y uno usado; un cepillo para el pelo.

Las consecuencias
Después de este naufragio y con el precedente del Senegal se levantaron muchas voces en demandando la colocación de una boya de campana en el bajo de Gando, dirigiéndose quejas al ministro de Marina y a la Dirección de Hidrografía.

…A los cuatro meses, en el mismo lugar y por la misma causa se hundió el buque español Alfonso XII. Pero eso lo dejamos para otro capítulo. 

Rafael Sánchez Valerón es maestro y cronista oficial de Ingenio.