09/10/2011 - 06:22

Las Remudas inmortaliza en su callejero al concejal comunista Francisco Casimiro Brito

Su nominación data de 1981

Luis A. López Sosa

Las Remudas inmortaliza en su callejero al concejal comunista Francisco Casimiro Brito
Calle de Francisco Casimiro Brito (Foto Luis A. López Sosa)
Luis A. López Sosa
Hay días en los que no se te apetece mucho hacer la caminata, días en los que tal vez tu estado de ánimo se vea influenciado por el personaje a tratar o las circunstancias que se dieron en su entorno, pero hemos de cumplir con la palabra dada hace unos años, cuando empezamos con la programación de este periódico digital y a ello nos debemos.
 
Hoy nos hemos ido al barrio de Las Remudas, donde buscamos la calle nominada a Francisco Casimiro Brito, cuyo inicio lo encontramos en la calle José de San Martín, desde la cual con orientación Poniente-Naciente y, tras recorrer unos 150 metros, finaliza en un lugar sin salida.
 
Tiene paralela por el Norte la calle Las Remudas y por el Sur la calle Segundo Montés.
 
Esta nominación fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno, en sesión celebrada el día 27 de marzo de 1981, perteneciendo desde entonces al Callejero Municipal del Distrito 5º, Sección 1ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.
 
Sinopsis de la nominación
Francisco Casimiro Brito, era natural de Telde, nacido en la primera década del siglo XX. Era militante del Partido Comunista, que en tiempos de la II República movía la vida política y laboral en el barrio de Los Llanos.
 
Resultó electo como Concejal, para formar parte de la Gestora que actuó después de las elecciones del Frente Popular en el mes de febrero de 1936.
 
Persona muy activa y participativa en el mundo laboral y sindical, así como, en el deportivo donde fue directivo de un equipo de Lucha Canaria. Participó en casi todas las manifestaciones y huelgas que derivaron del malestar socio-político de entonces.
 
Al estallar la Guerra Civil se vio obligado a huir, hasta que tiempo después fue hecho prisionero y encarcelado en el Campo de Concentración de la Isleta y posteriormente en el de Gando, concretamente en las instalaciones del Lazareto.
 
Tras cumplir la condena de prisión por espacio de diez años, fue puesto en libertad, no volviéndose a integrar más en acciones sindicales, políticas o deportivas, ausentándose por un largo espacio de tiempo de la vida de nuestra Ciudad.
 
El Sr. Casimiro Brito, falleció a mediados de la década de 1970, cuando contaba poco más de 60 años de edad.
 
Su nombre correcto era Francisco Santana Brito, aunque siempre se le conoció como Francisco Casimiro Brito. El apellido Casimiro le venía de su abuela paterna, quien le crió desde niño, al haber quedado huérfano a muy corta edad.
 
Personas mayores de la época, nos han hablado de Francisco Casimiro Brito y, en sus alusiones he detectado cierta disparidad de criterios a favor o en contra de su condición personal, criterios que trato no influyan en mi consideración hacia el personaje, dado que estimo no ser quién o no tener derecho alguno para encasillarle en ninguna opción favorable o desfavorable.
 
He oído decir de Casimiro que era chicharachero, muy activo y emprendedor, comprometido con los colectivos de la época, tanto en la sociedad, como en la política o el deporte y por ello, gozó de gran consideración de sus coetáneos, haciendo siempre gala de un carácter duro y fuerte en la toma de decisiones.
 
También he leído una crónica del historiador y amigo Miguel Suárez Bosa, sobre los hechos acaecidos en nuestra Ciudad el día 18 de Julio de 1936, con motivo del Alzamiento Nacional, entre otros datos, lo siguiente:…”un grupo de resistentes armados con pistolas y escopetas, se situaron en la Plaza de San Gregorio, dirigidos por líderes como el cartero Juan del Peso, su compañera Elsa Wolf, José Collado, Francisco Casimiro o el posterior y tristemente célebre Juan García “El Corredera”. (Ha de mencionarse que al ser increpados los resistentes por el anciano José Suárez Cabral, de tendencia derechista, quien les pedía salieran fuera del casco urbano para evitar herir o matar a inocentes, le conminaron a que se retirara; como persistía en su actitud provocativa, fue tiroteado y muerto)…”
 
En este punto de inflexión, es dónde habría que preguntarse sobre quien esta autorizado a quitar la vida a otro ser humano, quienes luego puede tachar al otro bando de represión o asesinatos, si el primer ser humano asesinado en Telde por mor de desgraciada Guerra Civil, fue el anciano Suárez Cabral, al que al parecer la llamada “Memoria Histórica” le ignora por completo, como también ha ignorado o pasado por alto los deméritos de “los valientes” que le arrebataron la vida, precisamente por hacer uso de su derecho a la expresión verbal libre de sus pensamientos, que además eran los derechos defendidos por los partidarios republicanos, coacción de la que posteriormente se acusaría a la dictadura franquista, por no permitir la libre expresión… ¿Quién es quién?... para los buenos, los malos siempre serán los otros, dependiendo del lado de la calle en el que te encuentres. Esa es la podrida filosofía de una guerra civil, generalmente criterios insostenibles que dan paso al uso de las armas, tanto de un bando como del otro.
 
Toponimia del lugar
La toponimia “Las Remudas”, es aquella que define el lugar desde el siglo XVI, según se ha podido verificar en documentos testamentarios de esa época.
 
Esta era una zona ideal, por su conformación arcilloso-caliza, para realizar la plantación de viveros o cepas iniciales de la caña de azúcar, posteriormente de viñedos y por último de tomateros, para su posterior trasplante al terreno de cultivo donde se mantendría hasta la cosecha de sus frutos.
 
Las operaciones de trasladar esas primeras cepas hasta el terreno del cultivo definitivo, se denominaban trasplante o remuda, es decir, mudarlas a otro sitio de condiciones más idóneas para cultivarlas y que requería otra preparación en el terreno.
 
Esta zona comprendía varias fincas entre las que hemos conocido personalmente las del Lomo de las Monjas, propiedad de los Hermanos Naranjo Blanco, quienes poseían en el lugar además un molino de harina, un pozo para extracción de aguas subterráneas y una explotación vacuna bastante importe.
 
Luego, como de costumbre, suele suceder que las mejores tierras de cultivo son aquellas que se destinan a proyectos de urbanización, como sucediera con la zona Residencial de Las Remudas, en la década de los años 70 y una década más tarde con la finca de la Condesa, en el Valle de Jinámar. En ambos casos sin explicación medianamente cuerda respecto a la agresión que contra la economía agraria canaria se permitió desde los Estamentos Oficiales. El cambio del sistema económico agrícola por el de la construcción o el de servicios en el medio turístico, es una economía muy fluctuante y un margen muy débil de sostenibilidad, el tiempo nos lo ha demostrado con los censos de parados en constante crecimiento.
 
Efemérides
Hace ahora mismo 549 años, es decir el 9 de octubre de 1462, el Papa Pío II, envía una bula al obispo Diego López de Illescas, animándolo en su labor de conversión a la fe católica de los isleños. Las incursiones castellanas no estaban exentas de sobresaltos de carácter militar, pero poco a poco las relaciones comerciales y la confianza entre castellanos y aborígenes se fue acrecentando y dentro de este ambiente de mutua confianza, se negocia con los isleños la construcción de la segunda Iglesia en la capital del guanartemato.
 
Las negociaciones con los isleños las llevó el obispo Diego López de Illescas, pero además hubo de intervenir la señora de Canarias Doña Inés Peraza, ya que, las condiciones impuestas por los isleños eran muy fuertes, exigiendo de los cristianos la entrega, a modo de rehenes que garantizaran la convivencia pacífica, de una treintena de niños europeos.
 
Al respecto se llevaron arduas negociaciones entre Inés Peraza, su esposo Diego de Herrera y el propio Obispo López de Illescas, persuadiendo a los nuevos colonos de Fuerteventura y Lanzarote, que por aquel entonces estaban bajo dominio castellano, para que aportaran el alto precio exigido para llevar a cabo la empresa evangelizadora representada en la construcción de la nueva Iglesia de Telde, cuyas obras fueron emprendidas por los propios aborígenes, bajo la dirección del alcaide de la fortaleza de Gando, el portugués Diego da Silva.
 
Recuerdo que hace ahora mismo 429 años, es decir el 9 de octubre de 1582, se da el caso curioso de que el Papa Gregorio XIII decreta el calendario gregoriano en sustitución del hasta entonces calendario juliano, y la noche del jueves 4 de octubre dará paso al viernes 15 e octubre, motivo por el que el día 9 de octubre de 1582, nunca existiría en nuestro calendario. Es un calendario originario de Europa, actualmente utilizado de manera oficial en casi todo el mundo, vino a sustituir en al calendario juliano, utilizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a. C. El Papa promulgó el uso de este calendario por medio de la bula Inter Gravissimas.
 
La reforma gregoriana nace de la necesidad de llevar a la práctica uno de los acuerdos del Concilio de Trento: el de ajustar el calendario para eliminar el desfase producido desde un concilio anterior, el primer Concilio de Nicea, de 325, en el que se había fijado el momento astral en que debía celebrarse la Pascua y, en relación con ésta, las demás fiestas religiosas móviles. Lo que importaba, pues, era la regularidad del calendario litúrgico, para lo cual era preciso introducir determinadas correcciones en el civil. En el fondo, el problema era adecuar el calendario civil al año trópico.
 
En el Concilio de Nicea I se determinó que se conmemorase la Pascua el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera (en el hemisferio norte; equinoccio de otoño en el hemisferio sur). Aquel año 325 el equinoccio había ocurrido el día 21 de marzo, pero con el paso del tiempo la fecha del acontecimiento se había ido adelantando hasta el punto de que en 1582, el desfase era ya de 10 días, y el equinoccio se fechó en 11 de marzo. El desfase provenía de un inexacto cómputo del número de días con que cuenta el año trópico; según el calendario juliano que instituyó un año bisiesto cada cuatro, consideraba que el año trópico estaba constituido por 365,25 días, mientras que la cifra correcta es de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. Esos más de 11 minutos contados adicionalmente a cada año habían supuesto en los 1257 años que mediaban entre 325 y 1582 un error acumulado de aproximadamente 10 días.
 
Vemos las dos efemérides enfrentadas en el paso del tiempo, la primera con negociaciones de mutua confianza, pero con rehenes de garantía y la segunda con el acuerdo de cambiar todo un calendario a conveniencia de la jerarquía religiosa, pero en cualquiera de los dos casos, la desconfianza y la imposición son desgraciadamente, dos aspectos del comportamiento entre los seres humanos que prioriza la mayor parte de las acciones convivenciales.
 
Algo parecido se da en la consideración de esa llamada “Memoria Histórica”, en la que se me antoja se pretenden otras tantas cosas diferentes a rendir homenaje y justicia a las víctimas de una Guerra Civil. No cabe la menor duda que esta contienda bélica se dio porque existían dos bandos con ideologías diferentes, en los cuales se cometieron las mismas atrocidades de un lado y del otro, como siempre suele suceder en cualquier guerra, aunque sea más vergonzosa la que implica a los propios hermanos, vecinos o conciudadanos. Debiéramos aprender algo de la historia no cometer los mismos errores ahora, aprovechando esa misma “Memoria Histórica”, para que no se lleven a olvido las circunstancias que concurrieron para el fatal desenlace que aconteció el 18 de Julio de 1936.
 
Nos echamos la gena a la espalda guardando todos los bellos recuerdos y emprendemos nuestra caminata con rumbo norte, desplegamos la vela y recortamos junto al marisco, nos vamos hacia el Valle de Jinámar, donde buscaremos la calle Francisco de Carrión, para saber algo de este personaje y un poco más del lugar de su ubicación, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos.
 
Sansofé.
 
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