08/12/2017 - 18:01

¿De qué va eso del voluntariado?

Luis R. Lorite 

¿De qué va eso del voluntariado?

Gente cargando bultos. Pegando carteles. Ordenando dípticos sobre unas mesas colocadas en hileras. Mucho roll-up con logotipos gigantes de organizaciones sociales, camisetas de organizaciones sociales, chapas de organizaciones, pegatinas… y el suelo recién encerado de Infecar esperado ser pisoteado por trescientos escolares de la isla. Desde primera hora de la mañana se celebra aquí el Día Internacional del Voluntariado, con el acento puesto en el relevo necesario, y por eso la celebración ha tomado forma de Encuentro de Voluntariado Juvenil.

 

Antes de que visiten los distintos puestos de las organizaciones sociales, la chavalería escucha sentada dentro del salón auditorio la charla de un tipo con pinta de surfero que les habla, entre otras cosas, del nuevo paradigma laboral: “Las empresas dan por sentado que esta generación ha estudiado algo, lo que les van a preguntar en las futuras entrevistas de trabajo es ¿Qué han hecho además de estudiar?”. El alumnado atiende, parece que Juan Serantes, el tipo con pinta de surfero que es en realidad representante de una organización de animación social, ha captado su volátil atención a pesar de hablar de conceptos tan impopulares a esas edades como la responsabilidad.

 

Volvemos al espacio de las organizaciones y parece que ya lo tienen todo preparado para recibirles, contarles a qué sé dedican e intentar seducirles para colaborar mediante voluntariados. Allí nos encontramos con una voluntaria de Yrichen, que cada viernes se acerca a nuestra sede de La Pardilla y ayuda con labores administrativas y de recepción. A este encuentro, sin embargo, viene para apoyar la representación de la Federación de Asociaciones con Discapacidad Física y Orgánica de Las Palmas. Estudió la ESO gracias a los servicios de educación inclusiva que dicha entidad oferta, y ahora, que ya va a la Universidad para ser Educadora, colabora como voluntaria en funciones de difusión y sensibilización para la organización de la que fue usuaria. El suyo es un perfil habitual. Personas que forman parte de los colectivos usuarios de programas sociales, o que tienen vínculos familiares con estos, y que dan un paso adelante para sumarse a la solución de los problemas de manera no remunerada. Por pura conciencia.

 

Parece que hay ciertos tipos de conciencia social que nacen esencialmente del conocimiento o la experiencia. Pero esa es la doble cara de este asunto. Que uno nunca sabe cuando se va a ver en el lado de quienes necesitan ayuda. Resulta complicado imaginar a los preadolescentes que están a punto de llegar haciendo voluntariados de acompañamiento, como los que van descubrir aquí, que surgen de la dura realidad de aquellas personas que están solas. Personas mayores enfermas de cáncer sin red de apoyos durante el tratamiento, o personas con diversidad funcional tuteladas legalmente por organizaciones y que lo que necesitan es que alguien forme un vínculo con ellas, sin más motivación para ello que la empatía con su situación.

 

“Yo estoy enganchada” nos cuenta otra voluntaria. En su caso la organización con la que colaboraba la ha incorporado como trabajadora pero ella sigue echando horas como voluntaria porque los proyectos en los que participa como tal le estimulan a hacerlo. Se entusiasma al hablar de ello. Como un grupo de estudiantes de Integración Social que han montado su propia Asociación Juvenil en El Batán y de manera voluntaria llevan a cabo animaciones hospitalarias o actividades de refuerzo educativo porque “Esto te da un rodaje que no te lo da la carrera”. Volvemos al “nuevo paradigma laboral”. Más allá un chico nos cuenta cómo hacerse voluntario de un colectivo en defensa de los derechos LGTB le ayudó a socializarse recién llegado a la isla y a poner en valor que la sociedad en la que vive “no ha venido de la nada”, sino que ha sido transformada a mejor por personas que lucharon de manera voluntaria para que así fuera.

 

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