12/07/2016 - 10:05

Relato insular

Rosalía Ortega

Quisiera comentar un caso que me ocurrió en el Hospital Insular. Hace años me fue diagnosticada una depresión crónica y anorexia nerviosa (con la cual sigo aún) y dicho diagnóstico es tratado en salud mental de nl Calero (Telde). Y desde noviembre con un problema en las cuerdas vocales, con lo cual apenas se oye cuando hablo.

 

El día 29 de junio de 2016 me encontré muy mal y tomé demasiada medicación con la intención de quitarme la vida. Me llevaron al hospital nombrado anteriormente, donde me hicieron un lavado gástrico, por lo que quedé ingresada allí mismo, controlada en observación de la Unidad de Urgencias.

 

Pasé la noche intentando que las/os enfermeras/os me atendiese porque me encontraba mal doliéndome mucho la cabeza, ojos, oídos (el más mínimo ruido me molestaba), etc… Nadie pasaba por donde estaba yo, ni me oían, y los que lo hacían no me prestaban atención, estando dicho personal hablando sobre sus vacaciones, con los móviles, o simplemente paseando por la Unidad de Observación.

 

Intenté incorporarme varias veces para pedir ayuda, pero no podía ya que estaba monitorizada, sin lograrlo.... quedando a la espera que fuera a valorarme algún/a psiquiatra del Hospital Insular.

 

Hasta el día siguiente no fui valorada por la ausencia de los especialistas. Cuando fueron a buscarme no se pudo llevar a cabo la valoración por estar bajo los efectos del sedante y me volvieron a llevar a la cama donde estaba en un principio.

 

Y no fue hasta por la tarde de ese mismo día (30 de junio) que apareció la psiquiatra. Estando ella presente, la llama una de las enfermeras y junto a mi cama charlaron: “Que esa paciente (yo) se encontraba bien y que era cuento”. Todo esto sin que supieran que yo las estaba escuchando. Gracias a dicha psiquiatra, conseguí que me pusieran un calmante, dándome el alta esa misma noche.

 

Me acompañó una enfermera hasta la puerta de urgencias, en lo que mi familia acercaba el vehículo para irnos por fin a casa, cosa que nunca ocurrió porque al intentar entrar al coche apoyada en mis dos hermanos, me desvanecí entrándome mi familia de nuevo a Urgencias.

 

Después de lo ocurrido, los médicos me dijeron que estaba bien y me obligaron a caminar sin apenas poder hacerlo mientras me decían “¡Camina que te hemos visto caminar por toda la planta y cambia esa cara para que tu familia te vea bien y te saquen de aquí!” (cosa totalmente incierta, pues permanecí en todo momento monitorizada. Ttestigo de ello son mis familiares que entraron en las visitas.

 

Me dijeron que saliese de Urgencias que estaba bien. Llegué a la puerta agarrándome de lo que podía sin compañía médica, llegando a los brazos de mis yerno y desmayándome al instante.

 

Uno de mis hermanos me cogió en brazos y me entró (otra vez más) pidiendo ayuda y nadie se movía. Estaban más ocupadas con el móvil y contando sus vidas, a lo que mi familia respondió increpándolas porque allí nadie reaccionaba.

 

Y no fue hasta que mi marido y mi yerno se alteraron, que pasó un médico joven e inmediatamente me volvieron a pasar a Observación, pero esta vez no a la anterior porque me negaron la entrada, sino a la Unidad donde, según dijeron, vigilaban a los presos enfermos, ladrones, etc… quedando esa zona bajo llave.

 

Al momento entró un médico que habló con el enfermero diciéndole que rompiera el alta de ese día y me la dieran para el día siguiente (lo que ellos no sabían es que mi familia había sacado fotos de esa alta y porque mi marido obligó a los médicos a entregarle el parte del alta).

Y no fue hasta esa misma noche del 30 de junio que vine a probar bocado.

 

Al día siguiente, uno de los médicos empezó a despotricar de mi familia: “Que como ella (yo) estaba crónica estaban cansados de mí y querían abandonarme para que ellos se hicieran cargo de mi”.

 

Me levanté como pude y les dije que eso era incierto, ya que lo único que ellos querían es que si me dieran al alta, fuera ya medianamente recuperada. Poco después me valoró otro psiquiatra, sin haberme comunicado que iba a darme el alta.

 

Mi familia fue avisada de que se reunirían con un médico o especialista y eso fue sobre las 15.30 horas, aproximadamente. Los avisaron sobre las 21.40 horas y fue ahí cuando se enteraron de que ya tenía el alta.

 

Quiero agradecer a los enfermeros, Jhon y su compañera, los cuales me atendieron la segunda vez que fui ingresada. Sé que lo que hice no estuvo bien, pero me encontré muy mal y para mí fue la única salida. Sé que me criticarán por ello y otros me entenderán. Mi objetivo es dejar constancia para que nadie sea tratado de la forma en que me pasó a mí.

 

 

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