15/04/2018 - 08:53

La ONU en Gaza y Siria

Sergio Domínguez-Jaén

Sergio Domínguez-Jaén

Cuando escribo ésta que leen, aún no sé si el emperador Trump empleará la fuerza en Siria para castigar al régimen de Assad por la matanza con armas químicas en Duma.

 

Estas son las noticias destacadas en los medios de comunicaron internacionales, pero desde hace dos semanas están muriendo palestinos en la frontera de Gaza precisamente -y entre otras cuestiones-, por la ocurrencia del presidente de EEUU de trasladar la embajada de Tel Aviv, ciudad donde se encuentran las legaciones extrajeras, a Jerusalén, que tiene un estatus especial por sus particularidades, negociado entre pueblos y distintas confesiones religiosas y con la venia de la ONU.

 

Si analizamos las reacciones del gobierno estadounidense en la anterior crisis de la guerra con armas químicas en Homs, en el año 2017, estamos ante otro ataque masivo, con mísiles Tomahawk, que fueron los que arrasaron una de las bases aéreas más importante de Siria Shayrat. Entienden estos infractores de las leyes internacionales que en estos ataques no importa si mueren más o menos niños que con el bombardeo de gas sarín; pero claro, los países dependientes defensivamente no pueden usar armas que si usan otras potencias sin que la ONU levante el dedo para preguntar.

 

Quedan semanas de incertidumbre, el pueblo palestino ya no puede con su tragedia y la desesperación ha hecho que se estén organizando para que el mundo no se olvide de ellos; pero el mundo está en otras cosas, cada uno con sus cuitas, cada país con su obsesión por la seguridad y la libertad de consumo de sus habitantes.

 

Si se ataca Siria como represalia, cuando hace una semana Trump había dicho que sacaría las tropas que aún tiene desplegadas allí, se produce un debilitamiento notable de la respuesta Siria a Turquía o a la propia Yihad, e Israel que se frota las manos viendo como Arabia Saudí o Egipto estrechan lazos para intentar debilitar el poder de Irán en la zona y de paso dejar a Siria bajo mínimos en la región, en estos momentos, más explosiva del mundo.

 

Hace unos días una base siria fue atacada con misiles desde aviones que sobrevolaron el Líbano; el desmentido de Francia o EEUU, y el silencio de Israel hacen pensar en la fuerza aérea Israelí.

 

Pero este ataque invadiendo el espacio de un país soberano, que está sumido en una guerra política y por lo tanto sustancialmente menguado militarmente, es simplemente un abuso del que la ONU no dice nada.

 

Los palestinos siguen cayendo entre gomas quemadas y hondas, bajo las balas de los soldados israelíes y la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU ha dicho que es un acto desproporcionado y que contradice las convenciones internacionales. Pero las propuestas de resolución son una y otra vez rechazadas porque los más poderosos, lo que pagan, son lo que establecen las reglas del juego: el tablero es de ellos, las piezas son igualmente movidas por sus marionetas; y las marionetas en este momento son Yemen, Líbano, Siria, Qatar, Turquía –esta última en el cenit del cinismo, ha dicho que la matanza de palestinos era un crimen, cuando ellos han entrado por la fuerza en Afrin para intentar decapitar un estado Kurdo que tiene todo el derecho a existir como cultura y como nación con unas fronteras delimitadas y seguras.

 

Desde mi punto de vista, el problema se enquista y va hacia un escenario que no quiero imaginar. Las Marchas del Retorno que han convocado a miles de palestinos hasta mediados de mayo, coincidiendo con el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel y que para el pueblo palestino es la Naqba, la catástrofe, de forzar al exilio a 700.000 civiles, cuya descendencia suma hoy más de seis millones, diseminados en guetos por Líbano, Jordania, Gaza y los territorios ocupados por Israel.

 

Hamás, Hizbulá, OLP, y otras facciones palestinas, consideradas terroristas por la comunidad internacional, están preparadas para resistir hasta que el mundo, es decir, nadie, escuche sus reivindicaciones de dos estados y volver a la senda de las negociaciones.

 

Paris y Londres, han dado su apoyo a Washington en la ONU y aún quedan semanas para que Estados Unidos cumpla con su soberbia y traslade su embajada a Jerusalén, en una acción que hace saltar por el aire los acuerdos cosidos con hilos invisibles del consenso internacional sobre Jerusalén, con consecuencias que pagaremos todos, como está ocurriendo en estos momentos, donde todos somos sospechosos y víctimas de la incapacidad intelectual de los gobiernos que nos manipulan y humillan.

 

Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.

 

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