11/02/2018 - 10:37

No te creo

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

Nos creemos lo que nos interesa, desconfiamos de todo aquello que nos haga cambiar la idea del mundo que nos hemos conformado. Este es, de manera simplificada, el razonamiento al que han llegado numerosos investigadores sobre las limitaciones de la razón humana (EL PAÍS 23/01/2018).

 

Somos en realidad más inflexibles de lo que creemos y nos cuesta aceptar la verdad, aún cuando la tenemos de frente, si esta no coincide con la idea previa que nos habíamos hecho de ella. Preferimos seguir instalados en la zona de confort, en nuestro mundo repleto de ideas y creencias falsas.

 

Debió ser esta una de las razones por la que la Federación de Gimnasia de Estados Unidos y la Universidad de Michigan no creyó las denuncias que hicieron cientos de niñas gimnastas acusando a Larry Nassar de cometer los peores abusos sexuales contra ellas durante más de veinte años. El depredador sexual era un preeminente doctor al que nadie cuestionaba hasta entonces.

 

Nos cuesta aceptar la evidencia, tendemos a despreciar los datos y a ningunear las consecuencias de estos actos reprobables, sobre todo cuando se trata de temas relacionados con el maltrato, el acoso y el abuso sexual a las mujeres. Es curioso. Seguramente porque reconocer las alarmantes cifras de estos casos nos devuelve en forma de espejo cóncavo la visión de una sociedad enferma y falta de valores.

 

¿Cómo juzgar a todas aquellas mujeres que han estado calladas durante años? Ellas sabían que lo peor aún no había acabado; quedaba convencer al resto.

 

Contaba la actriz argentina Cecilia Roth hace unos días en un programa de radio que había sido violada por una periodista español del que no recordaba ni su cara ni su nombre, y al que no denunció precisamente porque “tenía miedo de que me digan que yo lo había provocado o que si yo no quería, no pasaba”.

 

Su testimonio valiente es una buena prueba de esto que remarco. En muchas ocasiones nos negamos a creer, aún con la evidencia de las pruebas, si lo que se cuenta no cuadra con nuestros intereses. Esta debe ser la razón de que, a medida que aumentan las denuncias y y la visibilización, propiciado por el movimiento #MeToo (“Yo también”), se alcen voces proclamando la bandera de la presunción de inocencia para los abusadores. Si alguien nos dice que nuestro admirado director de cine ha cometido un acto deleznable, tendemos a cuestionarlo porque nos cuesta admitir que se pueda ser un buen director de cine y un pedófilo.

 

Continúa el estudio aclarando que si la narración parte de una persona carismática y popular, tienes más probabilidades de ser creída, de ahí que creamos antes a Uma Thurman que a la chica violada por la manada.

 

A pesar de esto, la sociedad ha ido tomando conciencia de este grave problema gracias a las muchas denuncias públicas realizadas por actrices que se han atrevido a hacerlo. Sin embargo, no deberíamos olvidar a todas esas mujeres anónimas que siendo maltratadas, acosadas, abusadas, han tenido el valor de denunciar. Comprensión y flexibilidad, además, para todas aquellas que no lo hicieron en su tiempo por temor a que no la creyeran, y lo hacen después de muchos años. A la mujer, como en tantas cuestiones, se le exige más, incluso en su defensa de la verdad: no basta con decirla, sino que además debe persuadirnos y convencernos de ella.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

 

Comentarios

  • Francisco Javier Sánchez
    12/02/2018 - 12:18

    Hay que pensar si hubo casos también en los años 70 con Nadia Comaneci , o los años 80 con Mary Lou Reton y Ecaterina Szabo .

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