11/02/2018 - 10:21

Memorial para no olvidar

Sergio Domínguez-Jaén

Sergio Domínguez-Jaén

El 27 de enero de 1945 llegaban a la puerta abisal de Auschwitz-Birkenau las tropas de rusas de Stalin, liberando a los seres humanos que quedaban y asistiendo horrorizados a los restos que no pudieron dinamitar los nazis: la cadena industrial de la muerte que había asesinando a millones de personas y que producía tanta cenizas que el humo se mezclaba con la niebla y bajaba a la tierra de donde habían enraizado.

 

Esta fecha fue elegida por la UNESCO para recordar el inmenso abismo ético y moral que dejó una sistemática represiva como no se ha vuelto a dar en la historia. Una vergüenza cometida por humanos, cuyas élites, siguiendo el modelo educativo alemán goethiano, estaban formadas en las mejores universidades, conocían literatura alemana, interpretaban música clásica y asistían a la opera; compraban y apreciaban las obras de arte y a sus poetas. Eran amantes de su familia, de las fiestas palatinas, y cómo no, de sus perros y gatos. Y, no obstante, eran seres humanos a los que no se les podía aplicar la bipolaridad, ni la transformación de Jekyll en Hyde, sino piezas de una máquina sádica que se había puesto en marcha hacía muchos años.

 

Pero somos lo que somos; aprendemos poco y mal; nos saltamos el guión de la historia, que no la han escrito ni los que vencieron, ni los que desaparecieron, ni los que sufrieron por su pueblo, por su credo o por su ideología, sino los que quedaron para contar hasta donde se pudo, porque las víctimas, las de los crematorios, no han vuelto del agujero donde los metieron para mirarnos fijamente a los ojos a ver si somos capaces de mantener la mirada.

 

Así empezaba una historia de la que el pueblo alemán –decían-, no estaba al corriente, y que urgió a muchos filósofos y pensadores, -muchos de ellos judíos- a una reflexión en profundidad, donde se hacía problema de las artes o la literatura, de la poesía y la música: ¿Tenía razón de existir en ese momento de la historia la creación de belleza? , ¿Había llegado el ser humano a su techo ético y asociativo? Pero no nos equivoquemos: aunque el castigo aliado fue impecable y arrasaron las grandes ciudades, aunque hileras de alemanes fueran llevados a comprobar el horror del que no se habían enterado, que habían causado sus compatriotas, la responsabilidad es y sigue siendo del ser humano universal: no hay donde esconder ni maniatar una página que todavía no se ha pasado ni se pasará del libro de la existencia del sapiens.

 

Y no ha pasado porque sigue pasando y no es retruécano: solo una mirada atenta y crítica a la situación actual de pueblos al borde del genocidio y otros ya desaparecidos en su mayoría, dan como resultado que no hay ocasión para dejar de pensar políticamente en soluciones que nos hagan profundamente humanos, los que vieron el mundo desde la Luna y los que hicieron posible la penicilina; los que quieren llegar a Marte y a los que mueren por salvar el planeta, a los que investigan para paliar el sufrimiento de las niñas y niños que son utilizados como indicadores de hambre o miseria y a todos los que son guarismos en las estadísticas y en las políticas agresivas e insolidarias de los gobiernos de medio mundo.

 

Hace más de setenta años fueron exterminados judíos,-Shoah- gitanos, homosexuales, sacerdotes, políticos, minusválidos,…y aún estamos discutiendo qué fue lo que ocurrió para que el hombre cultivado arrasara la simiente del ser humano sin remisión y a plena luz del día, cuando la lechuza de Minerva creyó que la noche era el día y alzó el vuelo de la muerte.

 

Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.

 

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