27/11/2017 - 15:18

Una educación para el ser feliz

Ros Mari Baena

Una educación para el ser feliz
Ros Mari Baena

En los momentos en que la felicidad se anuncia embotellada o mercantilizada en motores y perfumes, pretender asociarla a la escuela, podría ser algo ligeramente arriesgado y pretencioso. Pero lo cierto es que en ella encontramos una de las soluciones para cambiar las cifras del fracaso y abandono escolar.

 

Hemos relegado la felicidad, y todo lo que ello conlleva, a la mundo del marketing, sin plantearnos la necesidad de elaborar un constructo distinto y  aplicarlo a las distintas etapas del proceso educativo.

 

Para ello presentar una nueva perspectiva que conecte la felicidad (si me apuran el fin último de toda vida, y ahora recientemente la última teoría de Einstein - permítanme la licencia-) con todo proceso creador y de aprendizaje, es necesario si se busca construir un nuevo paradigma educativo.

 

La escuela actual, heredera de la decimonónica, quiere dejar de anclar su práctica diaria en datos, conceptos, aprendizajes memorísticos encajonados en una estructura organizativa poco flexible y adaptada a las emociones y la gestión de las mismas según contextos y grupos de individuos. Además pretende eliminar la transmición de conocimientos de forma unidireccional e inequívoca, donde solo un individuo posee el conocimiento y el error además es penalizado. Pero en este cambio hay agentes que se siguen aferrando a lo antiguo y que no ven la necesidad de generar otro paradigma.

 

En estos últimos años, y gracias a grandes investigaciones (pedagógicas, neurocientíficas, pediátricas...) hemos rescatado conceptos que ya los grandes del pensamiento tenían claro, decía Cicerón “la verdadera forma de aprender es enseñando”, pero esta perspectiva ya la promulgaba Giner de los Ríos o Einstein, por ello no se entiende que no tengamos presente esta premisa de importancia para la cosntrucción de la escuela distinta, y más si vemos la alegría en los ojos del alumno cuando comparten su conocimiento con otra persona, ya sea a su compañero de clase o a un familiar. Es toda un proceso de empoderamiento y repleto de la magia motivadora y de anclaje de aprendizajes al que muchas veces no le damos la suficiente importancia.

 

Actualmente se están usando, en las aulas, prácticas metodológicas que suman al cambio, ya sea el ABP ( aprendizaje basado en proyecto), el Aula Invertida; el Aprendizaje Cooperativo; la Gamificación; TBL (aprendizaje basado en pensamiento); o un método concreto (Montesori, Waldor, Amara Berri) etc, y son muchos los centros que creen en la implementación de éstas estrategias para aportar su visión. Y se merecen todo mi reconocimiento y aunque  considero que aunque ayudan mucho, no son la solución al cambio de paradigma educativo que necesita la eduación actual para dar respuestas a las necesidades del alumnado y las familias.

 

Seguimos encontrando dificultades dentro y fuera del aula, y no me refiero exclusivamente a los dolorosos casos de acoso, sino a la apatía, al fracaso y abandono escolar que sufre gran parte de los discentes. Y es aquí donde debemos investigar las causas, y en un acto de sincera reflexión buscar las posibles propuestas de cambio, para que esto no ocurra, o por lo menos se disminuya de forma significativa.

 

En ésta búsqueda ando desde hace muchos años y es lo que me ha llevado a elaborar un proyecto de “Escuela para el ser feliz” que parte de la formación holística del individuo y que basa la práctica docente en una visón de acompañante del proceso de aprendizaje, en el que participamos todos, pero en el que se respetan ritmos, espacios y maduración del niño o la niña.  ¿Y cómo? se preguntarán ustedes,  así como me sigo preguntando cada día que entro al aula. Pues con una serie de premisas que rompan la dinámica organizativa establecida como natural. Empezando se debería partir de un trato donde el amor y la firmeza sean la base de toda relación humana, respetando de igual manera al alumnado, al docente y al contexto ( esta idea la desarrolla excelentemente la Disciplina Positiva) y para ello hay muchísimas técnicas y herramientas de fácil acceso para cualquier persona que sienta interés en conocerla y ponerla en práctica. Otras de las premisas son priorizar: el desarrollo de los dones; acompañar y alentar; escuchar y consensuar; espacios abiertos y flexibles; aulas creativas; tiempos respetuosos; creación de sus propios libros de texto; actividad física diaria; espacios de tiempo libre; elaborar como mínimo un producto ( cuadro, una receta, lapbook, un mural, etc) mensual; centros abiertos a familias para la participación activa (esto no significa escuela a la carta), prácticas diarias de actividades de atención plena, asambleas matutinas, no centrarse en un solo método pedagógico (cada alumno es distinto a otro y requiere su propio método), salida al entorno...

 

Todo ello se implementa desde el desarrollo de las disciplinas artísticas y las inteligencias múltiples, no porque estén de moda, sino porque en mi práctica docente, he observado que el aprendizaje es inherente a todo ser humano y que nacemos con un potencial único e intransferible. Pero, en el qué se aprende, es donde debemos focalizar nuestras responsabilidad, ya que acompañamos el anclaje de conductas, de procesos mentales, de valores, de gestiones de emociones, de resolución de conflictos, de procesos creativos, de espíritu critico, etc y éstos son más importantes que las áreas curriculares, porque son los cimientos de todo proceso vital. Por ello siento que esta es la profesión más delicada del mundo, y que el docente y su modo de acompañamiento influirá, en una parte importante, en el desarrollo del alumnado, la otra parte, y no menos importante, la tiene la familia y es por ello que se hace imprescindible analizar, consensuar y cambiar la visión y función de ésta dentro de la escuela. Sobre esto último, tengo también un reflexión que resumiré muy brevemente para no alargar esta disertación. Las familias tienen que ser (dentro de sus posibilidades y de una estructuración organizativa necesaria) agentes activos en los centros y participar en talleres, presentaciones, situaciones de aprendizajes, grupos de experto, etc, como mejor se sientan, hay infinidad de estrategias que incluyen a las familias en la práctica cotidiana, pero evitar que queden la relación familia-escuela quede relegada a una agenda, porque cumplen un papel insustituible. Les aseguro que no hay momento más especial para un niño o niña, que el ver a su padre, madre, abuela, abuelo entrar a participar en el proceso de enseñanza/aprendizaje de su grupo clase. Además del enriquecimiento cultural del cual nos beneficiamos todos. Y si el que asiste, es un abuelo o abuela, entonces, la historia contemporánea toma vida.

 

En esta “escuela para ser feliz” la práctica de cualquiera o de varias disciplinas artísticas es irreemplazable, porque todo proceso creador (inherente a tocar un instrumento, a realizar una obra plástica, o escultorica, plantar, coser, exponer, construir una maqueta, medir un espacio, escribir, etc) requiere poner en funcionamiento: diferentes lenguajes; distintos tipos de atención (sensorial, intelectual, espontáneos, voluntaria); un trabajo colaborativo; identificar modelos, calcular, valorar ya sea de forma inductiva o deductiva; presentar ideas y visualizar metas... Todo ello requiere unas conexiones neurologicas de las distintas áreas de los hemisferios cerebrales, o como diría Francisco Mora “que los sistemas distribuidos cuyo código es la función en tiempo y no en espacio maduran en tiempos diferentes”, pero si la actividad que se realiza produce placer, ésta no proporciona un esfuerzo ni sufrimiento innecesario como se observa cuando intentamos imponer sistemas lectoescritores antes de los momentos madurativos, lo cual consigue una frustración real al pequeño que no tiene esa capacidad para adquirir las habilidades y ello conlleva a un autoconcepto, por parte del alumno, preocupante.

 

Para ello que propongo, debe respetar el tiempo y esperar a que todos puedan disfrutar  del proceso lectoescritor, o cualquier otro que se intenta implementar antes de su maduración, pero claro, esto conlleva que el adulto esté preparado para aguantar las presiones administrativas, familiares, sociales... y poder ser firme y respetuoso con los tiempos naturales de cada ser en desarrollo.

 

El modelo de escuela que practico y que voy a presenta en I Congreso Mundial de Educación que se celebrará este febrero de 2018 (los días 22-24 de febrero), es mucho más extenso que lo que hoy les comparto en este artículo, y por el que compartiré espacio junto a grandes figuras como Francisco Mora Teruel, o Jose Antonio Marina, entre otros docentes de excelsa trayectoria, con la finalidad de poner nuestro granito al cambio de paradigma educativo. Y recordar que: “Educar es la magia de dibujar vuelos comunes con alas distintas “

 

Ros Marí Baena García es profesora e impulsora del proyecto Escuela para el ser feliz.

 

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