14/11/2017 - 10:27

Juicio a la mujer

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

Cuando mi amiga me lo contó, se derrumbó. Había pasado más de treinta años, pero aún le afectaba. Lo que más le había dolido en su dignidad como ser humano no fue sólo que aquel mal tipo la violara, sino lo que vino después: el juicio donde volvió a revivirlo todo de nuevo, pero sobre todo, me recalcaba, el que el abogado defensor la acusara de que “al ser una mujer separada, seguramente también estaba necesitada”.

 

El hecho de que le hubiesen roto el vestido, haber sido vapuleada hasta perder la conciencia, y tuviese un informe médico, no eran suficientes indicios sino sólo una prueba más de que lo que había mantenido con su defendido era sólo una relación sexual atípica.

 

Esta historia que me contó mi amiga nunca se me olvidó. Hoy la recuerdo porque acabo de saber que se está llevando a cabo el juicio a la manada, como así se hacen llamar estos cinco hombres que el pasado año acorralaron en un portal y violaron a una chica de dieciocho años en la fiesta de los Sanfermines.

 

No quiero entrar a enjuiciar la catadura moral de estos individuos capaces de cometer un acto tan monstruoso (espero que les caiga la máxima condena); pero sí quiero detenerme en lo que ya se ha sabido que va a ser el argumento que va a mantener su defensa: el posible consentimiento de la víctima.

 

De nuevo, la mujer, la víctima, pasa a ser la acusada. No sólo tendrá que revivir todo de nuevo, sino que también tendrá que defenderse de argumentos tan arteros y denigrantes que darían risa si no fueran comúnmente dramáticos en los juicios a víctimas de abuso sexual o de violación.

 

El cuestionamiento del relato de la mujer es estos casos nos habla de algo más que de un ardid de la defensa para con los acusados. Nos habla sobre todo de una sociedad patriarcal y arraigada en la idea de que la mujer siempre quiere, y si no quiere es porque es una estrecha o lesbiana.

 

A ver, señorías: ¿qué mujer no querría ser violada por cinco jóvenes?

 

Esta es la base del pensamiento machista y patriarcal, alimentado por la pornografía y las fantasías delirantes de quienes creen saber mejor que la mujer lo que ella quiere y desea.

 

La víctima, que sufre estrés postraumático, hablará hoy. Revivirá de nuevo aquellos momentos angustiosos y tendrá que soportar las preguntas delirantes del abogado defensor: ¿no es verdad que usted incitó de alguna forma, o propuso y consintió en mantener relaciones sexuales con estos pobres chicos ?

 

Nieves Rodriguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

 

Comentarios

  • Paco Falcón
    19/11/2017 - 11:20

    El deseo de cualquier persona debería ser que la chica tuviera la fuerza de espíritu y las agallas de reponerse al trauma sufrido, y que rehiciera su vida con el máximo de normalidad al que pudiera llegar, pero mire por donde, los padres de alguno de los mierdas que la violaron, han encargado a un detective privado que siga a la chica a fin de demostrar que sale con sus amigos, se divierte y no sufre trauma alguno, y por ende “la violación no es para tanto”. Ya ve, de tales palos tales astillas. Debe ser que no tienen hijas estos padres violadores, de lo contrario qué les dirán. ¿Y sus madres?

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