30/07/2017 - 09:36

Confidencias de lectores

Marisol Ayala

Marisol Ayala

Los lectores, al menos los que transitan esta columna, tienen sensibilidades que en ocasiones comparten conmigo. Me envían mails que guardo a veces sin más intención que releerlos en otro momento. Historia, relatos familiares, recuerdos entrañables que en muchos casos aparece la figura de un menor.

 

Eva es una fiel lectora. Hace meses recibí un texto que hoy decido publicarlo puliendo mínimamente su escritura porque ella revela orgullo y compromiso. “Te envío esta carta. Léela.”, comienza. “Mi hermana no podía ser madre y quiso adoptar, le daba igual que el niño tuviese un defecto físico, quería tener un bebé a quien proteger. Un día un médico le comentó que en un hospital había una niña con síndrome de abstinencia a la que sus padres no podían cuidar.

 

El médico lo arregló todo y con la niña fuera de peligro mi hermana se la llevó a casa. Los padres verdaderos una vez curados de su adicción fueron a por su hija pero ya había sido dada en adopción. Era tarde. Aún así se presentaron en Protección del Menor para que nadie pusiera obstáculos si el día de mañana la niña su hija quería conocerlos”.

 

“Mi hermana”, continúa Eva, “siempre le dijo a la pequeña que no era su madre y que cuando fuese mayor si quería podría ver a sus padres de verdad”. Ella le ayudaría. Quiso el destino que esa mujer muriera así que “la niña se quedó a vivir con mi cuñado que también murió joven. En suma, que con 15 años mi sobrina se quedó huérfana de padre y madre así que mi madre y yo nos hicimos cargo de ella”. Cuándo cumplió 18 años ella solita se fue a Menores y firmó su decisión de conocer a sus padres biológicos.

 

Y se vieron. “Curiosamente, sin haber visto jamás a dos hermanas biológicas que desconocía las tres eran tan iguales en gustos, en gestos que llamaba la atención. Esos padres conocen a mi familia y ahora agradecen, especialmente a mi madre, haber educado a la niña y no poner obstáculo para poderse abrazar con el paso de los aos. Mi sobrina ha tenido un bebé y hoy los nuevos abuelos quieren recuperar el tiempo perdido; llevan 20 años limpios de droga. Cuando agradecen los cuidados que le dimos a mi vieja se le llena la boca diciendo que de no haber sido por esos padres jamás hubiera tenido una nieta como ella”.

 

Gracias, Eva. Precioso historia.

 

Marisol Ayala es periodista. Artículo publicado en su blog.

 

Enviar Comentario