27/07/2017 - 19:02

La juvenil ingenuidad del señor Antona

Nicolás Guerra

Nicolás Guerra

El señor Antona, presidente del PP en Canarias, subió a los cielos en marzo de este año. Hace dos bajó del reino celestial, se hizo Idea y ofreció el sacrificio público de los suyos para bien de la Patria canaria: estaban dispuestos a gobernar con CoATIción, la gran aliada del señor Rajoy en el tema de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) los cuales, recordemos, se encontraban in artículo mortis (‘a punto de morir’). Pero fueron milagrosamente recuperados a la vida por dos partidos nacionalistas canarios, CoATIción Canaria y Nueva Canarias.

 

Sin embargo tanto CC como la Señora -doña Ana Oramas, diputada en Madrid- andaban algo escamadas por el protagonismo del señor Quevedo, el otro nacionalista canario (NC), el voto 176 para la aprobación de los PGE. Y como el señor Antona salió en la foto de la firma de apoyo junto al Gran Timonel, el señor Quevedo (algo rezagado) y el presidente de Nueva Canarias, señor Rodríguez, inmediatamente entendió el Político Palmero la herida sensibilidad de los coáticos.

 

Urgía una solución: si no el holocausto sí, al menos, el incruento sacrificio del pacto con CC para gobernar Canarias. Así satisfarían a su aliada, injustamente tratada frente a la suntuosidad tenida con los canariones de NC. (Se desarrolló aquel acto, recordemos, solo entre hombres, comportamiento opuesto a la visión universalmente feminista de la Señora, crítica incluso con el rojo señor Iglesias a quien había reprochado en sesión parlamentaria el “tonito machista” empleado. De ahí la necesidad de otra reparación moral y, por tanto, el martirio: el PP será la otra mitad del Gobierno canario. )

 

Y como no arredran peligros ni temen a supuestas consecuencias negativas –la Patria reclama simbólicas inmolaciones-, se dieron a la tarea. Y pasaron de lo nacional a lo regional, de España toda a Canarias una. A fin de cuentas ya tenían cierta experiencia en las reclamaciones de la Justicia Histórica para Canarias: su señoría doña PPepa había sido patriótica voz en el Parlamento regional, defensora para la recuperación de los restos guanartemiles celosamente protegidos por el ardor patrio tinerfeño.

 

En efecto: doña PPepa dio las voces de rigor sobre el real traslado de Fernando Guanarteme a su tierra de nacimiento, Gáldar, con boatos, cortejos, claros clarines y honores correspondientes a Su Graciosa Majestad. Fue tal el empeño –irreprochablemente argumentado, rigurosamente fiel al acontecer histórico, analíticamente coherente e irrefutable- que los tinerfeños se despojaron de anacrónicos reparos y, juntos de mancomún, dieron su consentimiento a la traslación de Su Majestad, “cuatro huesos enterrados” según los malévolos Sabandeños. (No pude contenerme ante su honroso nacionalismo: lloré de la emoción como canario, canarión y galdense. Debilidad humana la explosión emocional y orgullo patrio por mi condición isleña.)

 

Ahora solo faltan dos nimiedades. Una: buscar fémures, tibias, peronés, tarsos, metatarsos, falanges, falanginas, falangetas, húmeros, cúbitos o radios… en tierras tinerfeñas. Dos: ADeNear tal estructura ósea por si –el Diablo son las cosas- no correspondiera u correspondiese al Guanarteme, visión renacentista y, por ende, universal. Pues dícese, óyese decir y cuéntase que nadie osa abrir el supuesto osario, túmulo o sepulcro lagunero por si acaso la decepción emplumara a sus hacedores.

 

Diose, en fin, el señor Antona -candor, credulidad e inocencia política- a la noble tarea del diálogo, plática en busca de avenencias y no disparidades pues, a fin de cuentas, se trata de Canarias. Y Canarias es, según el poeta tinerfeño Fernando García – Ramos, “Ay, Patria de mis volcanes, / acantilado clamor, / alta señal dolorida / presagio de resplandor”, primera estrofa del primer Himno a Canarias (1982). Así, el señor Antona soñó con el cuarto verso –“presagio de resplandor”-, pues la palabra “presagio” significa ‘vaticinio, presentimiento, visión”.  Y si la última (“resplandor”) también lleva la p, ¿no es acaso deseo de los dioses del Olimppo que el PP de Canarias cumpla con su destino en lo universal? Y se dio a la tarea.

 

Llegó, eso sí, con un déjeme entrar educado y correcto, plenamente convencido de la general disposición coatística para cerrar, en poco tiempo, el pacto salvador. Pero en su nobleza isleña –volcánica cual Teneguía-, jamás llegó a suponer el recio rechazo a su propuesta, pues bastantes compromisos –y larga lista de espera- tiene CC como para ceder a las pretensiones (cuatro consejerías) del PP canario: ¿qué iba a hacer con los destituidos? ¿Y estos, a la vez, con sus asesores y estos, a la vez, con sus adjuntos?

 

El señor Antona, impasible el ademán, siguió con los propicios oráculos. Por tal razón pidió las correspondientes de Agricultura, Ganadería y Pesca; Turismo y Obras Públicas. Y él, como presidente regional, debería ser al menos vicepresidente del Gobierno (¡qué menos!), a lo que se negó el actual ejerciente tan prodigado últimamente en actos varios y viarios siempre junto al señor presidente, como la claca se agarra a la roca que la vio nacer. (Y Cultura, claro, deberá contar con doña PPepa, especialista en festivales de música tal como dejó patente en sus críticas y sabias recomendaciones tras el fracaso del último.)

 

Y cuatro nimiedades más. Entre ellas, reducir el IGIC (impuesto) y rebajar las exigencias para entrar en el Parlamento. Todo lo cual, en conjunto, jeringaría a los coáticos, encantados hoy con la Agrupación Socialista Gomera (tres escaños con 5090 votos) y CC – Agrupación Herreña Independiente (dos escaños por 2521 votos).

 

Pero el señor Clavijo no quiere socios. Y sabe que el PP no apoyará una moción de censura contra él: Madrid lo prohíbe radicalmente. Las órdenes son claras: “Nuestra posición es dar estabilidad al Gobierno de Canarias con acuerdos puntuales”. Por tanto, ni coches oficiales ni exquisitas nominillas ni carguitos sin grandes pretensiones. Y la traumatizante imposibilidad de luchar por Canarias, por supuesto: “A Canarias yo con la vida / siempre la sabré defender. / Si la llego a ver malherida / en la lucha yo moriré”.   

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

 

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